• miércoles, 25 de mayo de 2022
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Opinión / San Fermín

Cinco de mayo: Juan Gómez

El quinto escalón de la Escalera Fotográfica homenajea al fotógrafo Juan Gómez, Juanito, profesional que, además de administrar su comercio a pie de calle, cubría para agencia EFE y otros medios, acontecimientos de la actualidad de Pamplona.  

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13 de julio 1965 la bronca al Cordobés (Foto Juan Gómez. Cortesía de la familia).

La bronca más famosa que se ha dispensado en la centenaria plaza de Pamplona a un torero ha sido, sin lugar a dudas, a Manuel Benítez El Cordobés, el martes 13 de julio de 1965. En la plaza aquella aciaga tarde estaban muchos fotógrafos, pero la foto que dio la vuelta al mundo y que inmortalizó la trifulca fue la de Juan Gómez, Juanito. Hoy, 57 años después, es difícil que las nuevas generaciones comprendan la fotografía sin saber lo que era y representaba El Cordobés en 1965.

Manuel Benítez nació en Palma del Río en mayo de 1936, dos meses antes del inicio de la Guerra Civil; sufrió en su infancia la miseria de la posguerra agravada por la orfandad de sus padres. Aquel muchacho, al que indudablemente se le podría aplicar el tópico “Más cornás da el hambre", no tenía más posibilidades de subsistir que hurtando lo que pillaba y hacerse maletilla para salir de la pobreza.

El Cordobés fue un fenómeno del marketing, cuyo artífice fue su primer apoderado, Rafael Sánchez El Pipo, el cual consiguió que fuese el novillero mejor pagado. Lo cierto es que las plazas de toros tuvieron un renacimiento en la década del 60, porque todo el mundo ansiaba ver al torero de Palma del Río. Fue el primero en cobrar la prodigiosa cantidad de un millón de pesetas por corrida, al que se referían como la unidad de peso, un kilo.

Era un torero poco ortodoxo, con más valor que arte, que levantaba pasiones; fue un fenómeno de masas que encandilaba al público. Sus extravagancias, la sonrisa profident y la melena beateliana lo convirtieron en el más mediático en televisión, prensa y revistas; su fama traspasó fronteras. El lance más famoso que protagonizaba era el “salto de la rana”, un ejercicio acrobático alejado de los cánones de la tauromaquia tradicional.

En 11 años de ejercicio, hasta su primera retirada, toreó 978 corridas y novilladas. En sus inicios se desplazaba, incluso durmiendo por la noche, en un Chrysler negro, en el que recorría por temporada más de cien mil km.

En abril de 1965 (tres meses antes de venir a San Fermín) adquirió una avioneta (Piper Aztec), bautizada “El Cordobés”, con la cual alcanzó el récord de corridas toreadas en cuatro años (1965, 1967, 1970, 1971). Algunos pamploneses, alimentados por la curiosidad, se molestaron en ir al aeropuerto de Noáin para ver cómo era el aeroplano del torero, pero nada pudieron ver, porque la avioneta había aterrizado el día anterior en Vitoria, desplazándose por carretera a la capital navarra.

Años antes, El Cordobés había toreado en Pamplona dos novilladas, y como matador una corrida sanferminera en 1963 en la que cosechó una bronca en cada toro. En 1965 estaba en el cénit de la fama, por eso la corrida del día 13 de julio generó una expectación enorme. Las 14.000 localidades de la plaza -sin la ampliación que vendría en 1967- eran pocas para la demanda. La enloquecida reventa pagaba una entrada al atractivo precio de 1.000 pesetas, una lechuga; algunos abonados sucumbieron a la venta de su entrada.

Por si fuera poco su presencia en los medios, en el desaparecido cine Guelbenzu, del barrio de la Milagrosa, se proyectaba en tres sesiones (17:30, 19:45 y 23:00) la película Aprendiendo a morir de Pedro Lazaga cuyo protagonista era El Cordobés –una de las tres que rodó-. Una biografía descafeinada del diestro.

Aquella tarde sanferminera completaban el cartel Fermín Murillo, que cortó una oreja y dos vueltas al ruedo, y un Curro Romero anodino al que le tocó el peor lote. El Cordobés en su primero –el tercero- recibió una ovación, el público estaba con él, de hecho algunos pidieron la oreja. Ahora bien, no quiso lidiar el toro que cerraba la tarde, dio unos naturales con paso atrás que provocaron las primeras protestas del público.

El torero, descompuesto y desganado, sólo daba mantazos lo que desencadenó el inicio de la bronca; para entonces la solanera de las peñas había comenzado a arrojar al ruedo el pan sobrante de la merienda, al tiempo que coreaba "¡Córtate el pelo, córtate el pelo!", cancioncilla que se perpetuó durante años. La bronca fue in crescendo tras dos estocadas poco certeras y los 12 intentos de clavar el verduguillo.

Finalizada la lidia, al retirarse, mientras arreciaba la lluvia de almohadillas, El Cordobés dio pases a algunas de éstas, tal como refleja la foto de Juanitogómez: con el capote en el brazo izquierdo, da un derechazo, muy torero, montera en mano a una de las almohadillas voladoras. Fue su mejor pase de la tarde. Aquel gesto de chulería irritó al público que le profirió todo tipo de insultos y palabras malsonantes.

13 de julio 1965 la bronca al Cordobés (Foto Juan Gómez. Cortesía de la familia).
13 de julio 1965, la bronca al Cordobés (Foto Juan Gómez. Cortesía de la familia).

En el callejón camino del patio de caballos hubo intercambio de golpes entre espectadores, el torero y sus peones. La Policía Armada tuvo que sacar las porras, sin utilizarlas, para cortar la refriega. Metieron al torero en un coche con destino al Yoldi. Poco más tarde, sabiendo que había gente merodeando con ganas de gresca, escapó por la puerta de atrás del hotel. Nunca más volvió a torear en Pamplona.

La foto de Juanito Gómez, además de ser un documento histórico que resume lo ocurrido aquella tarde, tiene implícita su propia historia. En la parte izquierda del negativo original se aprecia un subalterno que el autor, con buen criterio, recortó para realzar la foto. Ciertamente, en la faena de almohadillas más famosa de la historia, hay que dejar solo al maestro que se luzca ante la peligrosidad de los cojines voladores.

La instantánea es parte de una secuencia de 5 fotos –las últimas del carrete-, la tira se vendió a 500 pesetas, las solicitudes vinieron de toda España. Se reprodujo en muchos medios, incluso extranjeros; por la internacionalización del personaje fue una foto transcendental, hasta el punto de ser candidata al Premio Pulizter. Desgraciadamente en la mayoría de las publicaciones fue anónima, sin reconocer al autor. Eran tiempos en los que el copyright de fotógrafo no se respetaba. Con todo, hay cosas que perduran; hace tan solo 7 años ABC ilustró un artículo sobre la bronca con la foto que nos ocupa atribuyéndose a sí mismo la autoría.

Cuando se retiró El Cordobés, Juanito Gómez le envió una copia de la foto; no hubo ni respuesta, ni agradecimiento. La casualidad de las casualidades surgió en un reportaje de Hola de la casa de los Benítez: la foto aparecía colgada al fondo del salón, como otro trofeo más. No es de extrañar, testimonio del galardón imperecedero de haber sido abroncado en Pamplona como en ningún otro sitio.

Manuel Benitez y su hijo. Al fondo la foto de juanitogómez (Foto Hola)
Manuel Benitez y su hijo. Al fondo la foto de juanitogómez (Foto Hola)


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