• lunes, 24 de enero de 2022
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Opinión / San Fermín

Uno de enero: Nicolás Ardanaz

Navarra.com inaugura la sección de La Escalera Fotográfica en la que queremos rendir homenaje a los fotógrafos que han captado momentos singulares de las fiestas de San Fermín. Comenzamos, como no podía ser de otra forma, con un histórico: Nicolás Ardanaz.

Cabezudo y tres niñas. 1955 Nicolás Ardanaz. (Museo de Navarra)
Cabezudo y tres niñas. 1955 Nicolás Ardanaz. (Museo de Navarra)

La luz y las sombras de la impecable fotografía de Nicolás Ardanaz, fechada en 1955, delatan que se trata de una instantánea vespertina tomada, a buen seguro, el día 6, única tarde sanferminera que sale la Comparsa de Gigantes y Cabezudos. En ese momento la fiesta y el bullicio se concentran en la tediosa marcha del Riau-riau por la calle Mayor.

Mientras, en paz y armonía, un extraño cortejo compuesto por un kiliki y tres niñas cogidos de la mano, pasan por el 115 –hoy en obras- de la tranquila calle Nueva. La perspectiva actual contrasta con un fondo dominado por el hotel Tres Reyes –inaugurado en 1963-.

El kiliki de espaldas es el temido Napoleón al que los críos de aquel tiempo provocaban para que repartiese vergazos a diestro y siniestro, gritándole: ¡Napoleón, chiquitico y narigón! La imagen, en su origen, destilaba ternura por la heterogénea combinación del malévolo kiliki y la candidez de tres niñas vestidas de fiesta, con el imprescindible pañuelico de San Fermín y calcetines blancos calzando sandalias o alpargatas.

El autor del libro Navarra/fotografía, Carlos Cánovas, que ha estudiado y escrito sobre la obra de Ardanaz, sugiere que parte de sus instantáneas son escenificaciones “elaboradas siguiendo una especie de guión cinematográfico”. Cánovas en su libro califica la fotografía que nos ocupa de “casi surrealista”, en persona nos añade el matiz felliniano.

Poco importa que sea posado o no, la estética prevalece con el tiempo. Ahora bien, el sentimiento que suscitaba la idea concebida por su autor, tal vez, ha evolucionado con el trascurso de los años, pues los kilikis se han vuelto más entrañables, han perdido mucho de la maldad que personificaban.


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Uno de enero: Nicolás Ardanaz