• miércoles, 18 de mayo de 2022
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Opinión / San Fermín

Cuatro de abril: Inge Morath

Dedicamos el cuarto escalón de la Escalera Fotográfica a la foto “Guerra a la Tristeza” de Inge Morath. A pesar de haber sido tomada hace 68 años su mensaje sigue vigente. De hecho ha dado título a una de las exposiciones que organizó el Ayuntamiento de Pamplona el año pasado en la Ciudadela. 

Detalle de Guerra a la tristeza. 1954 (Foto Inge Morath. Ayuntamiento de Pamplona)
Detalle de Guerra a la tristeza. 1954 (Foto Inge Morath. Ayuntamiento de Pamplona)

De siempre el Real de la Feria es un centro de diversión sanferminera que funciona con dos horarios diferenciados: el de tarde, coincidente con la corrida, en el que predomina la gente menuda; y el nocturno, después de los fuegos artificiales, al que concurren mayoritariamente adultos. Hay atracciones propias para cada tipo de clientela; sin embargo, en otros tiempos, la magia del circo atraía a público trasversal de todas las edades.

En 1954 la gran atracción fue el Circo Americano, con dos pistas, una giratoria, que presentaba el espectáculo de aire africano ¡Kongo! Se anunciaba como el El mayor espectáculo de circo con una descarada similitud al título de la película El mayor espectáculo del mundo de Cecil B. DeMille que el año anterior había sido galardonada con dos Premios Óscar (mejor película y mejor argumento).

Inge Morath, que acude a la feria de noche, no centra su atención en los espectáculos del ferial que, más o menos son similares en todo el mundo, sino en la particularidad de dos personajes, de los que reseña sus emociones, dejando patente la invariable humanidad en su obra.

Inge, como escritora, describe el ambiente de la feria: “En la periferia de la ciudad hay una feria; vendedores de lotería prometen riquezas”. Basándose en una foto suya, detalla la singular situación de la primera persona: “Una mujer menuda acaba de ganar una muñeca gigante en una tómbola y la acarrea con cara de incredulidad por haber tenido tanta suerte.”

Guerra a la tristeza. 1954 (Foto Inge Morath. Ayuntamiento de Pamplona).
Guerra a la tristeza. 1954 (Foto Inge Morath. Ayuntamiento de Pamplona).

Inmortaliza al segundo protagonista con la instantánea que presentamos en este escalón. Inge narra la escena de la siguiente forma: “Un campesino, vestido con su guardapolvos negro, y con boina, se queda inmóvil mirando con asombro el alboroto; detrás de su negra figura, unas luces intermitentes, en lo alto de una barraca de tiro, anuncian lo que podría ser el lema de la fiesta: ‘Guerra a la tristeza’”.

Es su fotografía fetiche, hasta el punto que da título a su primer libro de fotografías, tomadas en Sanfermines de 1954, Guerre a la tristesse (1955) en francés, editado por Robert Delpire con textos de la escritora Dominique Aubier. Aquella versión no se tradujo, pero Lola Garrido imprimió el libro San Fermin, años’50 (1997), una edición muy cuidada y mejorada, con aquellas inolvidables fotos y textos de la propia Inge. 

A pesar de que en 1954 el pañuelico y el traje de pamplonica se estaban imponiendo en los jóvenes, ninguno de los personajes en la escena lleva atuendo festivo, ni siquiera el protagonista que acapara el centro de la imagen. Es un hombre de campo, enjuto, oculta su mano derecha en la bocamanga del guardapolvos; su mano izquierda, la que vemos, es fuerte y robusta acostumbrada a trabajar la desagradecida tierra.

Es precavido, va bien pertrechado para el frío de esas noches sanfermineras traicioneras, con guardapolvos, chaqueta y chaleco; ajusta los amplios calzones con una faja, lleva boina embutida en la cabeza. La cámara no capta sus pies que, a buen seguro, calzan alpargatas. Sus ojos denotan una expresión de admiración, no se integra en el ambiente porque no se lo permite su economía, o es un hombre austero al que no le va la juerga. No parece que haya venido al festejo de la capital, tal vez se ha llegado al Ferial de ganado para comprar un animal.

La apreciación de Inge Morath de que la barraca del fondo es de tiro no tiene fundamento; los salones de tiro de las barracas eran de iluminación sobria, tenían un mostrador y un panel al fondo para exhibir los premios. La barraca de la foto es amplia con columnas altas en la que distinguimos, lo que parece ser, una taquilla en forma de rombo en cuyo interior distinguimos la cabeza de un cobrador, al exterior una persona. Es obvio que la atracción se encuentra en el interior de la barraca, de esas que incitan al cliente con el reclamo ¡Pasen y vean!, y en este caso ¡Guerra a la tristeza!

Descartamos que sea un teatro de revista y variedades, tipo Teatro Chino de Manolita Chen o Teatro Argentino, habituales en Sanfermines, porque no hemos encontrado anuncios en la prensa de aquel año. Podría ser un laberinto de espejos de los que surgieron en los parques de atracciones y ferias de la época al albur de la película La Dama de Sanghái (1948) de Orson Wells con su memorable desenlace.

Desde el punto de vista técnico, la foto de Morath es complicada por el fuerte contraste de luces. Ahora bien, esa dificultad la reviste de un especial atractivo y significado. Pone de relieve la diferencia entre dos mundos: la barraca bien iluminada que representa la algarabía de la fiesta sanferminera y la sombría vida de un agricultor en los tiempos de la dictadura.

La autarquía franquista limitaba la compra de maquinaria extranjera para mecanizar la agricultura, abocándola a la improductividad. La industria no despertaba y el campo sufría para realizar unas labores que se completaban con esfuerzo humano y animal.

Los Sanfermines de aquel año, tal y como lo entendemos hoy, acabaron el día 11 de julio. La alegría sanferminera era efímera, todo volvía a la triste realidad, a la sórdida vida social del momento. En realidad los festejos se prolongaban para conmemorar el Alzamiento de 1936, distinguiendo dos fechas: el 18 de julio, el de África; y el 19, el de Navarra.

Lo extraordinario es que la foto de Inge Morath después de 68 años sigue de actualidad. Sin ir tan lejos el año pasado dio título a una de las cuatro exposiciones que organizó el Área de Cultura e Igualdad del Ayuntamiento en la Ciudadela: Guerra a la tristeza. Souvenirs de una fiesta sin igual. Su  significado se ha reinterpretado acertadamente en las circunstancias vividas por el Covid.

Javier Manzanos, comisario de la exposición, nos explica el porqué seleccionó la foto de Morath entre los 27 autores (fotografías, pinturas y esculturas de distintas épocas) para titular la muestra: “Además de la indiscutible calidad de la autora, después de dos años de ‘no Sanfermines’, Guerra a la tristeza contiene un mensaje de esperanza frente a los tristes meses sufridos por la pandemia y la necesidad de pelear por hacer mejores los días que llegarán con unos nuevos Sanfermines”. Pamplona, una vez más, respondió a la proclama de Inge Morath con 20.000 visitantes.


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