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La Guardia Civil le tendió una trampa y consiguió grabar cómo Ana Julia sacaba de un pozo el cadáver de Gabriel

Agentes del Instituto Armado la llamaron a declarar el pasado viernes y cerraron en torno a ella la investigación del caso.

Momento de la búsqueda de Gabriel Cruz, el niño desaparecido en Níjar (Almería). EUROPA PRESS
Momento de la búsqueda de Gabriel Cruz, el niño desaparecido en Níjar (Almería). EUROPA PRESS  

La Guardia Civil la seguía de cerca. Ana Julia Quezada, la mujer con la que el padre de Gabriel Cruz llevaba saliendo alrededor de un año, centraba las pesquisas de la Benemérita, que había ido cercando su radio de acción desde que esta dominicana encontrara cuatro días después de desaparecer el pequeño una camiseta blanca que, según apuntó, el niño llevaba en el momento en el que se perdió su rastro.

El primer problema es que, cuando ella misma realizó ante los agentes el listado de las prendas que Gabriel llevaba puestas aquel 28 de febrero, jornada en la que desapareció en Almería, no mencionó esta camiseta. A lo que se une el hecho de que la zona en la que la halló ya había sido rastreada en una de las batidas que se hicieron por los alrededores de la casa de la abuela del menor.

Además, las cosas para ella empeoraron este mismo viernes, cuando el Instituto Armado la citó para declarar y le tendió una trampa, refiriéndose a una pista que estaban siguiendo y que, en teoría, la vincularía con la desaparición del niño. Una vez que ella mordió el cebo, a los agentes solo les quedaba esperar que cometiera un error.

Este ha llegado hoy domingo. Patrullas de la Guardia Civil seguían a la mujer las 24 horas del día y, esta mañana, la ruta ha comenzado en la pedanía de Las Hortichuelas, de donde han salido Julia Quezada y el padre de Gabriel, Ángel Cruz. Han circulado en coche hasta la ciudad de Almería, donde este último se ha apeado para acercarse a un hotel, donde había quedado con periodistas.

Ella ha continuado el rumbo, y los guardias civiles de la Unidad Central Operativa, tras ella. En el mismo vehículo gris, se ha dirigido a Puebla de Vícar, donde ha accedido a una fina, que es propiedad de la familia del padre del pequeño. Allí se ha bajado del vehículo con una manta y ha sacado un bulto de un pozo. Después de envolverlo, lo ha depositado en el maletero y ha reemprendido la marcha. No sin quedar capturada en las imágenes que le han grabado los agentes.

EL FINAL

Posteriormente, ha llegado el relato ya conocido. Ana Julia, de 35 años, ha llegado hasta su casa y, en el momento en el que iba a descender con el vehículo al garaje, seis patrullas camufladas de la Guardia Civil la han interceptado y han evitado que cumpliera su objetivo, que no era otro que alejar el cadáver de Gabriel del foco de las investigaciones policiales.

Sin embargo, su actuación ha propiciado, afortunadamente, justo lo contrario. Una vez obligada a bajar del coche y a abrir el maletero, se ha derrumbado, pese a que ha comenzado a gritar que ella no había sido, que había estado en la playa, que ella no había cogido el coche, que quería a Gabriel...

La tensión se había apoderado de los guardias civiles, que le han ordenado que se callara mientras la esposaba y la introducían detenida en uno de sus vehículos, mientras respiraban aliviados porque ya todo había acabado.


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