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La herida que no cierra en UPN

Por José Mª Esparza 18 noviembre, 2015 - 8:47

El toro que no se coge por los cuernos termina por acabar pillando. En UPN sigue habiendo sectores que no encuentran su sitio. La renuncia de la lista senatorial del presidente de la Juventudes Navarras, Nacho Igea, resulta un botón de muestra.

UPN ha cerrado filas para superar el siguiente escollo en el camino, que no es otro que la cita del 20D, donde todo lo que sea no obtener dos diputados y un senador significaría un fracaso. Pero en UPN no son pocas las voces que para ir decididamente hacia adelante demandan antes mirar atrás, es decir, saber qué les ha llevado a la situación donde se encuentran. Echan en falta, por ejemplo, que nadie haya hecho autocrítica de los últimos comicios, porque no reconocer los fallos impide la renovación. Algo de esto ha dejado ver la confección de las últimas listas electorales. Además, las facciones existentes se enquistan si nadie las une. La renuncia de Ignacio Igea, presidente de la Juventudes de UPN, de la lista al Senado no pasaría de mera anécdota si el contexto no fuera el descrito.

Igea es segundo suplente. Desde luego que su renuncia no detendrá la maquinaria electoral, pero de entrada plantea un problema al Comité de Listas que ya había votado y dado carpetazo al tema. También muestra su descontento por la falta de renovación en las listas. Ahora toca reabrir procedimiento y buscar quien sustituya al sustituto. Pero no es ése el problema. Además del continuismo, el malestar de Igea y de otros dentro de UPN es la falta de tacto y valentía para aunar las sensibilidades existentes. Pasó sin debate la asamblea que eligió a Javier Esparza en detrimento de Amelia Salanueva, y también el Consejo Político que aprobó la entente electoralista con los populares, y así las heridas no cicatrizan. Más aún, el Partido languidece como muestra la asistencia de menos de la mitad de los convocados a la resolución final de las listas.

La dimisión de Yolanda Barcina dejó básicamente dos grupos dentro de UPN, marcados ambos por las fidelidades o desencuentros con la ex presidenta. Entre ellos ha nacido un tercero, el de los afines que se ha sabido hacer Javier Esparza, pero que no resulta suficiente para hacer frente por sí solo a cualquiera de los otros dos. Además, habría que expurgar a los alineados con el sol que más calienta. El grupo de Barcina que hoy dirige Juan Luis Sánchez de Muniáin se encuentra huérfano de líder, aunque Esparza sabe que dispone de mimbres para intentarlo, algo que hoy no necesita porque ya le tienen a él. No obstante, es el grupo que más daño ha hecho al presidente, primero en la confección de listas al Parlamento Foral y después al cuestionarlo como portavoz en él. Sin embargo, Esparza sabe que los 241 votos de ventaja que le dieron la presidencia del Partido hasta el próximo Congreso (Salanueva obtuvo 504) no habrían sido posibles sin su apoyo.

Por todo ello, la confección de las listas al 20-D fue saludada dentro de UPN como un test. Primero por si comenzaba o no la renovación. Segundo porque o mostraban esfuerzo unificador o seguía la disgregación, como ha ocurrido. El presidente dejó satisfecho a uno de sus hombres, a Iñigo Alli, dándole el primer puesto al Congreso. Fue su apuesta personal, algo comprensible en cualquier presidente. Hasta ahí, de acuerdo. El problema surge en el segundo puesto, el de Carlos Salvador, y también en el Senado con Pachi Yanguas, dos hombres ya significados con el grupo de Barcina y que añaden más de lo mismo. La gestión del primero en el Congreso no ha gustado en un sector amplio de UPN por su proximidad al PP. Entre Alli y Salvador (“renovación y experiencia” manifestó Esparza) dejaron fuera a Teresa Nagore, a quien le sucedió casi lo mismo que a la peraltesa María José Vidorreta para el puesto del Senado. El frente nacionalista-populista del cuatripartito solo deja una plaza libre, que sería para UPN (y no para el PP) si los navarristas decidieran votar únicamente al suyo. Entonces ya no había dudas, el candidato de Fitero se posicionó para renovar el escaño de senador. Al final descontento en un amplio sector del partido por la falta de una apuesta clara por la renovación, y en otro por el guiño desmesurado hacia el sector barcinista. La renuncia de Nacho Igea no ha sorprendido. Guarda su lógica, y preocupa.

   


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