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La conquista de El Sadar por Enric Gallego

Por José Mª Esparza 27 junio, 2020 - 23:24

Tres golazos pusieron la chispa a un partido marcado por el juego práctico de Osasuna y la necesidad del Leganés, y que asegura la continuidad rojilla en Primera.

El delantero de Osasuna, Enric Gallego, celebra con sus compañeros el primero de sus goles ante el Leganés que le han dado la victoria a Osasuna. EFE/ Villar López
El delantero de Osasuna, Enric Gallego, celebra con sus compañeros el primero de sus goles ante el Leganés que le han dado la victoria a Osasuna. EFE/ Villar López

La victoria abre de par en par las puertas de la permanencia. Seguir en Primera era casi seguro, ahora resulta prácticamente una verdad matemática. La consolidación en la parte cómoda de la tabla llegó de la mano de Enric Gallego, que suyos fueron los dos goles. Triunfo ajustado en el que quizás el Leganés mereció algo más, o quizás no. Partido práctico de Osasuna, de apuntalamiento y contención, y también a la inversa. El equipo navarro mostró la faceta a que nos ha acostumbrado, la de casi siempre, la que le ha regalado la identificación que mantiene con su afición. Podrá ganar o perder, pero jugando los partidos de cara, sin decepcionar por estilo y actitud.

Salió al campo un equipo de comportamiento reconocible. Quizás la presencia de Fran Mérida y la participación en el juego de Torres y Rubén García desde el comienzo le dieron al conjunto la apariencia más acostumbrada por encima de estrategias o tácticas premeditadas. Apareció el Osasuna que encara el partido de frente, en vertical, que disputa los balones a la cara, que pide presencia ofensiva, que combina a pase corto y veloz, o que avanza con triangulaciones de vértigo, el conjunto que hemos saboreado tantas tardes, sobre todo en El Sadar, pero que en esta mini temporada solo había aflorado medio tiempo en Anoeta.

Si hubiera que parcelar el partido en tiempos, éstos vendrían definidos por los tres golazos. El primer tramo de arreón rojillo, con claro dominio local durante media hora, tuvo el epicentro en la espectacular chilena de Enric Gallego. La ventaja dio tranquilidad y control a Osasuna que, en un segundo momento, dedicó sus esfuerzos a contener a un cuadro enrabietado por la necesidad de escapar del abismo, y que encontró su premio en el zapatazo de Avilés. Finalmente, para retomar la verticalidad en el arreón final, Arrasate tuvo que recomponer la medular en poder de los pepineros Rubén Pérez y Roque Mesa. El cabezazo de Enric Gallego le dio la razón.

Sin duda, se trató del partido de Enric Gallego. Por fin se le vio, habría que decir de él a modo de saludo. Nos lo vendieron como delantero de referencia para suplir al Chimy, vino con 33 años para (sumando permanencias) quedarse obligadamente, a un precio estratosférico para Osasuna (4 millones más ficha) por un suplente, un nueve que no marcaba desde la temporada pasada en abril. Una apuesta de riesgo, sobre todo por sus hechuras tan diferentes con las de argentino. Vamos, que el Getafe se lo quitaba de encima. Un fichaje que olía a chamusquina.

En sus anteriores partidos con Osasuna confirmó dudas. Ha destacado por su poderío físico con el que se ha hartado de peinar balones en el medio campo y el área, donde también desplaza defensas y abre pasillos con su presencia. A cambio, sus balones rara vez encuentran destino, como su brega tampoco genera el peligro deseado. Además, resulta más frecuente verle con el balón de espaldas a la portería que con la vista en ella, con la consiguiente dificultad, y lentitud, para girar con la pelota en los pies.

Enric Gallego ha trabajado a destajo, hasta terminar exhausto. Sin embargo, lo que realmente se le pide, el gol, brillaba por su ausencia. Hasta la visita del Leganés. Su partido fue otro. Sus prestaciones dieron un giro copernicano. Sin perder sus señas de identidad ligadas al trabajo oscuro, condujo más el balón, fue más (sanamente) egoista con él, también supo esperar en el área libre de ataduras, y remató más que en todos los partidos anteriores juntos.  Efectivamente, fue el delantero de referencia. Así llegaron los goles, ¡y qué goles! La chilena será difícil de olvidar, y su remate final, aunque más esperable de él, tuvo el mérito añadido de cabecear en su caída, después de ganar en el salto a la nube defensora circundante.

Si en el anterior partido en Vitoria fue Lato el que cambió la suerte de su vida, en el reencuentro con El Sadar le ha tocado a Enric Gallego tocar la gloria por partida doble. Enhorabuena por él mismo, y también por el equipo que asegura su continuidad en Primera División, es decir, como Enric Gallego Puigsech en Osasuna.


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