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Se complica el ‘centenario’ en El Sadar

Por José Mª Esparza 27 septiembre, 2020 - 19:08

El Levante desnuda a Osasuna, que paga muy caro la falta de apoyo de su jugador número 12 y cae merecidamente en su regreso a El Sadar. Hay tiempo para rectificar.

Partido entre Osasuna y Levante correspondiente a la jornada número 3 jugado en el estadio de El Sadar de Pamplona. MIGUEL OSÉS
Partido entre Osasuna y Levante correspondiente a la jornada número 3 jugado en el estadio de El Sadar de Pamplona. MIGUEL OSÉS

El regreso de Osasuna a El Sadar no ha funcionado, no tanto por el resultado como por las sensaciones trasmitidas por el equipo, sus limitaciones, la impotencia. Los rojillos ya anunciaron en Getafe sus carencias, el sufrimiento de verse sin recursos para igualar al rival, pero es que ante el Levante se quedaron más abajo todavía. Ni llegaron a puerta. Apenas en el golazo de Roberto Torres, y en el trallazo de Torró, quien despista más cada partido por saltar tan tarde al campo. Pintan bastos.

La película de los noventa minutos resulta diáfana: salida de Osasuna a por todas, como debe ser, para ceder al Levante poco a poco el control del juego. No obstante, llegó el gol, el golazo de Torres, en plena efervescencia levantina, puro espejismo. En esa primera mitad, que ya era la suya, igualaron los valencianos, para arrollar en la segunda, donde los rojillos solo atisbaron un punto de inflexión con la tardía entrada de Torró en el campo. Punto final. Quizás, con ventaja en el marcador y la grada llena, el partido habría sido otro, pero sin espectadores Osasuna es otro.

Una cosa es la pizarra, que a Jagoba Arrasate le funcionado a la perfección hasta ahora, y otra la realidad vigente. La situación ha cambiado. Dos factores la diferencian. A Osasuna le conocen más y, sobre todo, ha reducido su potencial. Faltan los dos jugadores más determinantes la pasada temporada, Pervis Estupiñán -17 millones ha pagado el Villarreal para siete años- y Ezequiel Ávila, y los contrarios conocen mejor, mucho mejor, los tics de Jagoba, que además se le vuelven en contra para quienes también reconocemos un poco el percal interno. ¿Dónde estaba Unai García ante el Levante?

Nada más lejos de entrar en la alineación de un entrenador que conoce desde dentro y mejor que nadie a su plantilla. No obstante, después de comprobar cómo a Morales no se le pone el pie al asistir el primer gol, cómo vuelve a desbordar en el segundo, y el infantil penalti posterior, uno no deja de acordarse de Unai García, capaz de jugar con los ojos cerrados junto a David García. Porque, claro, esto no resulta gratuito al repasar la cobertura rojilla en el tercero, el de la goleada levantina, sumida en pleno desconcierto. “Nos ha faltado todo” aseguró Jagoba Arrasate con una sinceridad que le engrandece.

O recuperamos la capacidad de creación en el centro del campo, y también la llegada, o esto pinta mal. Ante el Levante faltó equilibrio en sala de máquinas hasta la entrada de Torró, algo parecido ocurrió en Getafe. Pero es que ni el Coliseo ni en El Sadar ha llegado Osasuna a puerta. Los números en ataque no pueden resultar más pírricos con cualquiera de las ofensivas planificadas, y hay un montón en la nómina: Adrián, Cardona, Gallego, y… ¡Calleri!. Además, cuadrar números resulta más difícil cuando, según lo visto hasta ahora, Pervis suma lo mismo que Juan Cruz y Jony.

En fin, el ‘factotum’ comienza a hacer números, cábalas. Su futuro está en juego. Victoria ante un pardillo recién venido, su Cádiz, y derrotas inapelables ante dos equipos de la misma Liga, en Getafe a domicilio y, lo que resulta mucho más doloroso, en El Sadar frente a uno de sus conjuntos que debes ganar en casa sí o sí y a ver qué pasa en la vuelta. Es el año en que Osasuna mal celebra su centenario que, según el Archivo General de Navarra, debería haberlo hecho un año antes, y este tipo de traspiés duelen más, sobre todo si te juegas el futuro.


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