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La fuga de Segovia, en Navarra

Por Eduardo Laporte 21 agosto, 2018 - 8:34

La peli de Uribe, estrenada en 1981, recuerda unos hechos quizá no del todo frescos en la memoria: Burguete y Espinal como escenario de tiroteos, capturas y refugio de los terroristas huidos.

Elenco de la película de Uribe 'Dias contados'. RTVE
Elenco de la película de Uribe 'Dias contados'. RTVE

A Imanol Uribe le cogí una especie de tirria cinematográfica cuando nos mostró en ‘Días contados’ al terrorista menos creíble de la Historia del Cine. No sabemos si fue culpa del/de la director/a de cásting o qué pasó ahí, pero Carmelo Gómez de etarra es menos verosímil que Gérard Depardieu interpretando al botones Sacarino. Qué duro fue el cine español comprendido entre 1985 y 2005, veinte años para olvidar, con honrosas excepciones.

Antes, se hacían cosas raras. Como raro es recrear la historia de la evasión de la cárcel de Segovia por casi treinta etarras en 1976, hecho que ocupó portadas internacionales y que imagino habría cursado con algún que otro cese fulminante por parte del funcionariado posfranquista de turno. Joer, que no fueron ni uno ni dos, sino 29 los presos que se dieron el piro (24 «de la ETA» y cinco catalanes, revolucionarios en general) delante de las narices de los alcaides varios. A la hora de comer, y tras meses horadando un pasadizo desde los retretes, con una perseverancia que sólo el deseo de libertad te puede dar, lo que ilustra lo duro que puede ser la cárcel. Incluso estando todos en piña, porque la política de dispersión no comenzó hasta el gobierno felipista y, aunque es fácil decirlo a toro pasado, hay que ser aguililla.

Decíamos que es raro estrenar (y producir) una película en la que el etarra medio sale bien parado en un momento, 1981, de máxima tensión político-militar. Venimos de un año, 1980, con el mayor número de víctimas de ETA, 93, en toda su historia, lo que viene a ser un muerto cada tres días. Los viejos del lugar aseguran que el intento de asonada del 23 de febrero tuvo mucho que ver con esa olla a presión que el paro y el terrorismo caldeaban cada día un poco más.

La película hizo buena taquilla, sobre todo en el País Vasco, lo que nos habla también de una libertad de expresión que cineastas como Uribe se dispusieron a emplear como quien estrena un juguete nuevo tras años de prohibición. Vista la peli, diré que atina mucho más que en la fallida ‘Días contados’ y realiza un retrato del etarra setentero mucho más veraz, tanto que en ocasiones la peli parece un documental y los actores, aunque hay alguno conocido, parecen interpretarse a sí mismos, lo cual es un truco limitado pero que funciona.

REFUGIO EN ESPINAL

Fugados un 5 de abril de 1976, tres días después la banda terrorista a la que pertenecen pega un tiro a Ángel Berazadi, secuestrado desde hace menos de un mes y por el que piden la friolera de 200 millones de pesetas. Mi desconocimiento del tema me impide relacionar si entre ambos acontecimientos hubo una relación y si las detenciones de todos los fugados menos cuatro forzó el tiro en la nuca del industrial, el primer empresario asesinado por ETA (aunque no el primer secuestrado).

Porque lo que fue una chapuza fue el desenlace último de la fuga; con esa pericia de adicto a ‘Bricomanía’ que tiene o debe tener todo terrorista, lograron crear un conducto de salida en apenas unos meses sin tener en cuenta luego el verdadero meollo del asunto: ¿a dónde largarse? Y, sí, secuestran un par de camiones y consiguen llegar casi a la frontera, en la zona de Burguete y Espinal, para luego no saber qué hacer cuando les falla el ‘mugalari’. Nerviosos, con hambre, sed y ganas de oxígeno, abandonan el camión-escondite y se lanzan al bosque, más poblado de guardiaciviles que de setas, y la mitad acaba presa. El resto, baja el pueblo y lo mismo. Tan sólo un grupo de cuatro tienen algo más de inventiva y se esconden en uno de esos chaletacos de Espinal, el Beverly Hills de Auñamendi, vacío por estar fuera de temporada y estas son casas de vacaciones.

Claro que llegó la Semana Santa y los dueños quisieron entrar en su casa, y al hacerlo se encontraron con unos extraños que les taparon la boca con cinta adhesiva y les ataron. ¿Quiénes eran los dueños del chalé? En la película figuran dos hombres. ¿Se supo alguna vez su identidad, su historia, salieron en prensa? En la película, los etarras les piden que tarden unas horas en desatarse y les dejan 30.000 pelas en concepto de indemnización por haberles vaciado la despensa.

Me cuesta imaginar un gesto parecido en las siguientes hornadas de terroristas. A partir de ese momento, me temo que todo degeneró hasta lo que conocemos hoy, es decir, la náusea. Conclusión: poca cosa. Que hay muchas historias aún por salir a la luz, aunque todas nos conducen a lo mismo: qué pérdida de tiempo, de vidas, de afanes.

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