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Un recital de música y poesía en la voz de Quique González cierra en Pamplona el festival SantasPascuas

El concierto sirvió para presentar su último disco, 'Las palabras vividas', escrito conjuntamente con el poeta Luis García Montero.

Concierto de Quique González en el festival SantaPascuas. TWITTER (@Santaspascuas_F)
Concierto de Quique González en el festival SantaPascuas. TWITTER (@Santaspascuas_F)  

Con telón negro de fondo, unas lámparas suspendidas en el techo mostrando la progresión del nacimiento de un pájaro de papiroflexia y un pequeño farolillo para cada músico se presentó el sábado Quique González en Baluarte para clausurar la ambiciosa cuarta edición del Festival SantasPascuas, ofreciendo un concierto que fue, al mismo tiempo, un recital de pura poesía.

El madrileño se subió a las 20.33 horas al mismo escenario en el que hacía exactamente dos años se había subido Rosalía acompañada tan solo de su voz y de la guitarra de Raül Refree, por lo que ya partía con el listón muy alto para presentar su último disco Las palabras vividas, escrito conjuntamente con el poeta Luis García Montero.

Dejó así la estética grunge londinense e industrial que llevó al Zentral en el 2017 acompañado de Los Detectives y la maravillosa Carolina de Juan Nina de Morgan para salir a un escenario más sobrio e íntimo, y presentarse al público pamplonés con Bienvenida para dársela.

El sonido de la mandolina que delicadamente tocaba el músico de La M.O.D.A. Nacho Mur fue un rotundo acierto y se robó el protagonismo con un solo al comienzo de Canción con orquesta, que, en esta ocasión, estaba formada por batería, guitarra, piano, bajo y contrabajo.

El concierto no acababa de despegar hasta que llegó El Pasajero y González cogió por primera vez el micro para hablar del disco, al que calificó como “muy ciudadano” y “muy poeta”, y esa es la clave del éxito del cantante; no es su voz, que el sábado estaba más desgastada que de costumbre, sino sus letras, lo que embaucan.

El repertorio que resonó en las paredes del Baluarte para los seguidores del cantante fue casi como un regalo de Reyes, pues pudieron escuchar en la voz de El Kid canciones de sus primeros discos, como la juvenil Palomas en la quinta o La luna debajo del brazo, que con tan solo los primeros acordes enloqueció al Baluarte.

INCOMBUSTIBLE GUITARRA

Uno de los momentos más especiales del concierto llegó cuando los músicos desaparecieron momentáneamente, dejando a Quique al frente del concierto. “Hace mucho que no toco esta canción”, indicó, ya que desde la gira Desbandados en el 2011 no se había oído cantar a González por Kirmen Uribe, un cantautor de Ondarroa, con No es verdad.

La canción fue corta, demasiado, pero también preciosa, y la que la siguió no se quedó atrás tampoco, Seis cuerdas, como las de su incombustible guitarra, y, según apuntó el propio González, “la forma en la que se cuentan las cosas importantes”.

El concierto avanzaba entre poesía y poesía en forma de canción y, casi sin esperarlo, tocó aquella que fue el origen de la amistad de Quique González y Luis García Montero, inspirada en uno de sus poemas, compuesta para el gran Enrique Urquijo y una de las canciones más míticas del pop español: Aunque tú no lo sepas.

Esta, sucedida por una gran ovación del público del Baluarte, tan solo paró al oír el rasgueo de la guitarra del madrileño, que cantó eso de "papá, la casa huele a mamá" en La casa de mis padres, antes de llegar a la parte final del concierto.

SOLO DE ARMÓNICA

Un clímax que comenzó, como buen “domingo por la tarde” casi noche, con Y los conserjes de noche, una canción que sirvió para presentar a los músicos en uno de los puentes musicales y culminó con un solo de armónica a cargo de Quique, para después despedirse del escenario entre aplausos.

Pero Quique todavía tenía un par de balas guardadas en forma de canción antes de irse de Pamplona: la primera, Clase media y la segunda, Salitre, que dejó que finalizase con las voces del público, que se levantó de sus asientos para bailar y aplaudir al ritmo y que, por un momento, parecía que Baluarte se había convertido en el Zentral.

Y ojalá. Porque, sí, estuvo bien, fue bonito, pero quizás algo descafeinado. Faltó ese rock and roll que dijo que tenía al cantar Los desperfectos”y una cerveza en la mano para disfrutar al máximo del recital poético y musical de Quique Gonzalez, que aun así puso el broche de oro a esta maravillosa cuarta edición del SantasPascuas.


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