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Vasiljevic, tercera estación

Por José Mª Esparza 05 enero, 2017 - 20:24

La destitución de Joaquín Caparrós, que por encima de los malos resultados deja una tremenda crisis de identidad, no sorprende tanto por cómo ha llegado en el espacio y el tiempo como por la entidad de su sustituto, Petar Vasiljevic, que se estrena en un banquillo.

Vasiljevic atiende a los periodistas en el parking de Tajonar.
Vasiljevic atiende a los periodistas en el parking de Tajonar.

El fugaz paso de Joaquín Caparrós por Osasuna ha puesto en su solfa su acierto para dirigir el equipo, por supuesto, pero sobre todo ha puesto en jaque la calidad y cantidad de los fichajes realizados el pasado verano. A Enrique Martín se le achacó que esta plantilla, que básicamente él confeccionó entre la pasada temporada y ésta, era capaz de dar bastante más que cuanto él conseguía. Precisamente porque los números no rendían lo esperado en el balance, la Directiva aceptó el papelón de destituir al técnico de Campanas… y llegó el míster utrerano, saludado por el osasunismo con tanta ilusión como esperanza en un futuro mejor. No ha respondido, y en éstas se estrena Vasiljevic, el director deportivo, principal responsable del desaguisado. Vayamos por partes.

Tras la destitución de Martín, hacía falta un técnico de campanillas, con prestigio reconocido, identificación con Osasuna, amante de la cantera; es decir, un entrenador que rearfimara la decisión de la Junta Directiva, y nadie mejor que Joaquín Caparrós. Su creación del Sevilla actual, su reconocida y demostrable querencia por el club navarro y, fundamentalmente, su labor en el Athletic de Bilbao en las horas más bajas de su historia, le hacían candidato ideal para el banquillo de El Sadar. Podía cuestionarse la salida de Martín, pero nadie puso en duda la llegada de Caparrós. Se trataba del hombre ideal para sacar adelante a Osasuna.

Siete derrotas y una victoria después han dilapidado todo el crédito con que llegó Joaquín Caparrós. El calendario no le ayudó nada, desde luego, jugándose la vida fuera ante rivales directos, y sin opciones en casa ante Atlético y Barça, pero hay algo más. Los resultados son malos, pero no lo peor. El técnico de Utrera ha dejado una sensación de desconcierto tal que podría denominarse crisis de identidad en toda regla. Tras sus ocho partidos resulta francamente difícil saber quién es éste Osasuna, a qué juega, quiénes los forman. Es decir, ya no sabemos ni quiénes somos, ni de dónde venimos ni a dónde vamos.

Parecía que el utrerano sabía qué se llevaba entre manos, y efectivamente acertó en la forma de ordenar el equipo, pero los hombres con que lo hizo, caso de Fuentes y Kodro, le sumieron rápidamente en una crisis de resultados que paliaron aciertos como el de Causic. De todas formas, no se trató tanto de sistemas o nombres, pese a cambiar a unos y otros con la misma inseguridad que su predecesor, sino de la imagen de debilidad, falta de confianza y convicciones que emitía el equipo partido tras partido. El entrenador no podía transmitir credibilidad a sus jugadores cuando él ya la había perdido.

No se trata ahora de analizar las variables ofrecidas en el centro del campo o cómo se solapan Sergio León y Oriol Riera, sino de la imagen de desencanto y frustración que transmiten los jugadores. Además, en fútbol mandan al final los números, los mismos que acabaron con Martín, y los de Caparrós resultan demoledores en Liga. No ha mejorado las prestaciones en defensa (todo derrotas) y ha empeorado las del ataque (un único gol). Hablando claro, nos deja con la sensación de no saber por dónde le ha dado el aire.

La Liga ya había condenado a Caparrós, pero la Copa le concedió una prórroga. La eliminación del Granada regaló una Navidad llena de esperanza, pero ha sido la Copa la que ha dictado sentencia, demostrado que aquello no pasó de espejismo, y justificado el segundo cambio de técnico de la temporada. La imagen ante Eibar no pudo resultar más patética, más triste o deprimente, tanto que acabó con Joaquín Caparrós, a quien también ha podido perjudicar su relación con el vestuario. A la vista salta que si Martín pudo crearse problemas en el vestuario tampoco su sustituto ha sabido solucionarlos. El equipo ha sido la viva imagen de la Santa Compaña, el desfile de once almas en pena.

Y en semejante fregado, llega Petar Vasiljevic. Casi nada. ¡Debuta en un banquillo! Menuda papeleta. Estrenarse con un equipo, hacerlo en Primera y con el objetivo innegociable de salvarlo en el peor escenario imaginable. La permanencia es el valor supremo en juego. Con Martín parecía que no, con Caparrós tampoco, ¿con ‘Vasi’…? ¿Por qué ‘Vasi’? Quizás la propia dirección deportiva ni había contemplado esta hipótesis de trabajo, o quizás tampoco encontrado sustitutos  posibles dispuestos a aceptar el órdago imposible. En cualquier caso, cuesta entender la decisión tomada. ¿Por qué ‘Vasi’? Hay algunas pistas, pero la Directiva, que también se la juega, sabrá.

En primer lugar, hay que tener en cuenta que por detrás camina la sombra de Martín Monreal, y el serbio es el único que puede pararle los pies, si se atreve, claro. En segundo lugar, el director deportivo es el máximo responsable en la confección del equipo, y en cualquier caso  su máximo valedor. Finalmente, en tercer lugar, a él le correspondía haber incorporado ya al equipo un fichaje ilusionante, algo que tampoco ha hecho. Si algo deja en evidencia la marcha de Caparrós, vista desde fuera, es que no hay plantilla para competir. Parece como si la Directiva también se hubiera convencido de ello a base de sumar resultados negativos, y ahora pidiera cuentas al máximo valedor de su construcción. Pero, claro, aquí no se trata de lanzar a nadie a los leones. El Sadar no es el Coliseo Flavio, sino un campo de fútbol en el que Osasuna se juega la vida el próximo lunes ante el Valencia. ¿Puede ‘Vasi’ resolver con éxito semejante situación?

Nadie lo sabe. Se decisión de riesgo. Nadie conoce a ‘Vasi’ como entrenador, ni él mismo. Todos nos vamos a enterar al mismo tiempo de su capacidad. Ante el Valencia comenzaremos a saberlo. Por el bien de Osasuna, que Petar Vasiljevic acierte y que se convierta en el mejor entrenador de la historia del fútbol. ¡Vaya tela! Suerte.


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