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Osasuna ha cambiado, a peor

Por José Mª Esparza 12 diciembre, 2020 - 1:08

El equipo de Arrasate ha mutado su estilo de juego, de jugar la pelota ha pasado a sortearla al patadón. Así le va. En Pucela pudo ganar, pero perdió.

El delantero brasileño del Real Valladolid Marcos André (i-delante) lucha con Nacho Vidal, del Osasuna, durante el partido de la jornada 13 en Primera División que se juega hoy viernes en el estadio José Zorrilla, en Valladolid. EFE/PABLO REQUEJO
El delantero brasileño del Real Valladolid Marcos André (i-delante) lucha con Nacho Vidal, del Osasuna, durante el partido de la jornada 13 en Primera División que se juega hoy viernes en el estadio José Zorrilla, en Valladolid. EFE/PABLO REQUEJO

Las cosas no suceden por casualidad, y menos en un torneo de la regularidad. Este Osasuna de Arrasate no es el mismo con que embelesó el ‘jagobismo’. No avanza con frenéticas triangulaciones, ni elude la presión vertical con un cambio de juego estratosférico, ni pisa el área rival con cuatro rojillos esperando en ella. Ni defienden todos, ni atacan todos. Ha cambiado el equipo navarro. No entusiasma con su juego, lento, sin chispa, plano, adivinable. Los resultados le han dado la espalda, hundido en el pozo del descenso. ¿Qué ha ocurrido? Ni las lesiones, ni la falta del calor de El Sadar explican todo. A la práctica totalidad de clubes les ocurre algo parecido, y van mejor.

En Valladolid pudo ganar Osasuna. Tuvo la victoria en su mano tras dar la vuelta a un partido cuesta arriba por un desliz defensivo imperdonable. Los pucelanos le devolvieron el favor y, encima, se dejaron remontar en una segunda jugada de libro. A partir de ahí volvieron a doler más las muchas carencias que brillar las escasas virtudes. No se retiene el balón, ni se juega, tampoco se conduce a algo más allá del mero bombeo al área, ni siquiera hay acierto para cubrir la estirada rival. Al margen del penalti regalado, el cuadro de Sergio cuelga un balón a placer desde la banda derecha porque nadie acude al rescate del cuestionado Juan Cruz.

El entrenador apuesta y repite por el patadón y tente tieso, a la espera de que doble estilete, en el Zorrilla con Calleri-Budimir, agarre la pelota para meterla en la red. No se trata de una opción desechable dados los mimbres existentes, pero resulta muy limitada, demasiado posibilista sin acompañamiento complementario. El Valladolid era un equipo bizcochable. No jugaba ni a tabas. Le bastó el arresto rabioso tras el descanso para dar la vuelta al marcador. Se cuadraron mejor en el campo tras las modificaciones del técnico, de acuerdo, pero no estuvo tanto ahí la clave como en el toque de alarma que electrizó al Zorrilla.

Lo que Osasuna logró previamente con un trabajo ímprobo, los pucelanos lo multiplicaron en réditos jugando al todo o nada sin capacidad de contrarrestarlo. Resulta muy llamativo, tanto que canta, que los cuatro cambios de Osasuna ocurrieran en los minutos finales, dos en el minuto 83 y los otros dos en ¡el noventa! ¿Qué quería el míster, perder tiempo? Insisto, Osasuna pudo ganar. Debió obtener al menos un punto, pero las cosas no suceden tan al azar como para poder cuestionar que el equipo castellano ganara merecidamente.

El equipo de Arrasate debe espabilar, y las jornadas corren en su contra. No cabe otra que vengan tiempos mejores a la par que los lesionados regresen y el conjunto rearme fuerzas, so pena de que las botas comiencen a pesar antes de tiempo. No obstante, es preciso dar otra imagen en el juego. La estrategia de jugar con dos puntas puede resultar optimizable siempre que el ‘abuelo’ Enric Gallego (cada vez entiendo menos su fichaje tan caro) no forme parte de la dupla, pero debe venir avalada por un juego de balón que vaya más allá de patadón más equívoco, aquel difícil de discernir si es para quitarse la pelota de encima o mandarla a alguna parte.

En fin, no me reconozco en este Osasuna, ni en el que veo sobre el césped, ni el de las oscuras argucias en los pasillos de palacio. El comisario político encabeza el millar ocho, su jefe, el ‘factotum’ entra en el nueve a la par que dos de sus ‘íntimos amigos’, y su lacayo pulula en el once cuando cobraba del club antes que los dos. ¿Tanto cuesta pasar por taquilla? Encima, otro monaguillo al que aúpa se le baja del burro. Algún día, cuando tenga ganas, hablaré de todo esto, más lamentable de lo que sucede sobre el césped.


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Osasuna ha cambiado, a peor