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El tiempo se le escapa a Osasuna

Por José Mª Esparza 04 diciembre, 2016 - 21:46

Tardó en reaccionar Osasuna, excesivamente táctico en la primera mitad y confuso después. Quizás el Sporting no mereciera los tres goles, pero sí la victoria.

Sporting - Osasuna en El Molinón. EFE/Alberto Morante
Sporting - Osasuna en El Molinón. EFE/Alberto Morante

Osasuna ya estaba en una dinámica peligrosa, tanto que hace un mes tuvo que cambiar de entrenador para reconducirla. Entonces Joaquín Caparrós vino a la búsqueda del tiempo perdido, pero a la vista salta que no lo consigue. La lucha contra el tiempo se agudiza y agrava. ¿Queda margen? Con más de setenta puntos en juego nadie puede dudarlo. Sin embargo, tras el partido de Gijón las dudas regresan al corazón del aficionado. El técnico utrerano ha introducido novedades en el sistema, ha compactado al equipo y lo ha ordenado en el campo, pero los resultados no llegan. Hay mejora en el juego, pero el problema del gol empeora. De hecho, cuesta tanto o más hacer gol y la falta de confianza aumenta.

En Asturias dio otro paso adelante en su paulatina remodelación del equipo. En El Molinón cerró una nueva defensa con la entrada de Iván Márquez, y el asentamiento de Oier y Clerc en los laterales. También en el centro del campo asienta conceptos con Causic e Imanol García. A partir de ahí, los problemas saltan por los aires. La portería de Nauzet es el primero de ellos, y el estado de forma de Roberto Torres el segundo. No acierta a encadenar el juego que pasa por él. Pero hay más, que también afectan al propio técnico. Sorprendió, por ejemplo, con la apuesta inicial por Fuentes en el lateral izquierdo, al que mandó calentar en Gijón, pero es que con su posterior insistencia por Kenan Kodro todavía desconcierta más.

Resulta difícil entender que busca Caparrós con Kodro junto a Riera. Podría argumentar con que ambos gozaron de las dos ocasiones contabilizadas en El Molinón en toda la primera parte, pero Oriol dejó claro que el pie no es su fuerte, y Kenan se regatea a sí mismo dentro del área pequeña en lugar de disparar. Por lo demás, el primero pisa zona de peligro a cuentagotas, y el segundo tampoco encuentra ubicación eficaz. En un planteamiento de contención, táctico, como el de la citada  primera parte ante el Sporting, sirven para acumular hombres en la parcela ancha con el equipo retrasado, pero a costa de un alto precio para el cómputo del rendimiento del equipo. Apenas se les ve adelante, comenzando por la labor de cortar la salida de balón rival. Muy duro.

En fin, cuesta entender ciertas decisiones del técnico en cuanto a lo que pone y a lo que quita, como es el caso de Sergio León. Ignoramos qué ocurre puertas adentro del vestuario, y su individualismo resulta manifiesto, pero este equipo necesita el mordiente que aporta el fichaje estrella. Son decisiones de riesgo que acallan las críticas si encuentran el premio del éxito, pero las alegrías no llegan. Peor todavía, las desilusiones pesan más cada jornada y se manifiestan en una preocupante falta de confianza en los jugadores, sin capacidad de reacción ante las adversidades, y por supuesto que también en la afición.  Hay que crear juego con decisiones lógicas, y también resetear el ánimo del plantel.

Los problemas se acumulan, agarrotan las piernas y encojen el espíritu. Cierto que Osasuna encajó el primer gol asturiano en un momento fatal, a las puertas del descanso, pero también es verdad que saltó al campo demasiado acongojado y no se soltó hasta los minutos finales, con todo perdido. Hasta entonces no reaccionó, no quemó naves. Para marcar gol hay que pisar área, algo que el equipo de Caparrós no hizo decididamente, con rabia, hasta esos instantes finales. El gol del honor y el balón al larguero llegaron entonces como consuelo. Por ahí hay que tirar en el futuro, de casta, de orgullo, de rebelión ante una muerte temprana. Cualquiera puede entender las dificultades de este equipo para encadenar tres pases seguidos, algo ya endémico, o para llevar un contragolpe hasta el área. Sin embargo, lo que no tiene medio pase es que cualquier rival, gane a Osasuna por velocidad o en la presión.

El próximo rival se llama FC Barcelona, visita que en las circunstancias actuales no hay que esperar con victimismo sino a tumba abierta, con ganas de reivindicarse. Por delante hay una semana para trabajar con el balón, pero más importante todavía será aclarar ideas y levantar el ánimo. El tiempo se escapa. El mercado de invierno puede llegar también demasiado tarde.


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