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Osasuna se atasca

Por José Mª Esparza 23 septiembre, 2017 - 20:00

Los hombres de Diego Martínez vuelven a decepcionar en Reus. Ante un rival inferior vuelven a dar una lección de ánimo encogido, juego tedioso y falta de mordiente. El punto sabe a muy poco.

Carlos Clerc, durante un momento del partido entre Reus y Osasuna disputado en el Estadio Municipal. FOTO LFP
Carlos Clerc, durante un momento del partido entre Reus y Osasuna disputado en el Estadio Municipal. FOTO LFP

Habrá abundantes partidos como el de Reus. Esto es la Segunda División. Partidos rocosos, feos, con choques eternos en el centro del campo, sin definición, ni peligro, con desplazamientos lentos, pesados, planos, que nunca llegan a ninguna parte, y volver a empezar. La rueda gira y gira, desde el cero a ninguna parte, para regresar al inicio, engrasar de nuevo y vuelta a lo mismo. Veintidós hombres en una danza pesada, infinita, sin ritmo y, eso sí, con control, con todo el control. Si al menos sus protagonistas ejecutaran el ritual de forma desinhibida cabría la sorpresa, la chispa graciosa, el sobresalto inesperado, pero no. El control nace como fruto del miedo, de la pizarra temerosa, previsible y aburrida.

En Reus ocurrió lo mismo que en Cádiz con la Copa, donde lo mejor fue que se terminó. Partidos así lo mejor es que terminaran en el primer minuto. En el Carranza quedó finiquitada una Copa en la que nadie creyó, empezando, y esto es lo más grave, por el propio técnico. En Reus sorprendió la presión realizada al principio por el equipo, pero nada más. Y cuando esas ganas de incomodar al rival desaparecieron, todo volvió a su ser, al juego acostumbrado, parsimonioso, sin alegría, muerto. Cuando Osasuna coge el balón y quiere llegar a la puerta contraria da la impresión que un tractor echa a andar hasta detenerse en cualquier ribazo y olvida allí los aperos. Por eso las ocasiones llegan a cuentagotas, si es que lo hacen, y casi siempre a balón parado. No aciertan o no saben hacerlo conduciendo con el balón en los pies.

Este Osasuna, salvando las distancias en espacio y tiempo, es decir, épocas y personas, recuerda al de Lotina recién ascendido a Primera. Ante equipos de muy superior caché se hacía con la posesión del balón pero apenas entraba en el área rival. Siempre que tuviera el esférico en sus pies lo hurtaba al contrario, y mientras tanto esperaba una acción afortunada o una jugada de estrategia a balón parado. Desde entonces se celebran tanto los saques de esquina en El Sadar. Había algunos con hasta tres cabezazos ensayados. Lo que ocurre es que las circunstancias han cambiado, y ahora Osasuna no se mide al Atlético o al Athletic. Ya lo hizo la campaña pasada y Fran Canal sigue sin dar explicaciones de semejante tomadura de pelo.

Osasuna se mide ahora a los recién ascendidos Reus y la Cultural Leonesa,  o a los más experimentados Huesca o Sevilla Atlético como si del Real Madrid o Barça se tratara. No les espera encerrado, sólo faltaba, sino que sale a buscarlos más arriba, pero no parece hacerlo con la intención de romper, desbordar y machacar, sino de alejar el peligro, de buscar las susodichas posesiones eternas de balón que terminan el nada más absoluta. Ahora, ante rivales manifiestamente interiores, Osasuna se mide con el ánimo encogido pese a salir con una plantilla con once incorporaciones supuestamente de campanillas de los que el Estadi del Baix Camp fueron alineados nada menos que ocho, quedando fuera habituales como Arzura o David Rodríguez.

Lo peor de todo es que el empate de Reus muy poco, o nada, se diferenció de la derrota en Cádiz con una alineación completamente diferente, o del juego en la cacareada victoria sobre el Almería en El Sadar con los mismos hombres. Y es que esto empieza a oler a chamusquina. Hablan y se les llena la boca con el método de Diego Martínez, pero a la hora de la verdad a lo que se ve en el campo habría que responder que menos rollos y más eficacia, que para jugar así mejor hacerlo más reconocible, con menos fichajes y más proyección a jugadores de la cantera, que es lo único que ilusiona a los chavales de Tajonar para firmar todo lo que haga falta, es decir, lo contrario a ver dos navarros sobre el césped, veteranos donde los haya, y acabar solo uno, mientras ni siquiera se agotan los tres cambios.

No me gusta este Osasuna. Ni me transmite. Habrá quien viendo el partido de Reus se durmiera, seguro. Hay mimbres, solo faltaría con el desembolso realizado, pero este equipo no carrula. Le falta mucho para conseguirlo.


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