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Osasuna, más de lo mismo

Por José Mª Esparza 19 febrero, 2017 - 21:45

Repetición de lo mismo que casi siempre, otra derrota, en este caso ante un Celta ‘B’ al que bastó jugar solo media hora, hasta que marcó Sisto. Al final, goleó ante un Osasuna inoperante.

El delantero de Osasuna, Sergio León (I), intenta controlar el balón ante el acoso del defensa del Celta de Vigo, Andreu Fontas, durante el encuentro que disputan en el estadio de Balaidos, en Vigo. EFE / Salvador Sas
El delantero de Osasuna, Sergio León (I), intenta controlar el balón ante el acoso del defensa del Celta de Vigo, Andreu Fontas, durante el encuentro que disputan en el estadio de Balaidos, en Vigo. EFE / Salvador Sas

No puedo estar de acuerdo con Vasiljevic. El partido de Balaídos le niega su argumento. Dice que Osasuna pierde por detalles individuales, más allá del sistema colectivo. El 3-0 de Vigo le pinta la cara. Y tampoco es cuestión del resultado.

En toda la primera parte pisaron área local los rojillos y en el segunda apenas hay que anotar tres disparos de esos que si son del equipo contrario casi ni se apuntan en las estadísticas finales. Definitivamente, Osasuna pierde porque estructuralmente no puede ganar.

Tras la enésima derrota, la número quince de 23 partidos, a Osasuna se le escapa el tren de la permanencia de manera casi irremediable. Aunque la  salvación sigue a ocho puntos, los dos equipos anteriores ya se van a seis puntos de distancia cada uno. Y lo peor no está en las matemáticas, sino en la sensación de impotencia que transmite el conjunto de Vasiljevic, quien tampoco sabe cómo reintentarlo mientras sus números se hunden a donde se encontraban. Sus hombres acabaron goleados ante el Celta casi por derribo. Como diciendo "hasta aquí he llegado”.

El técnico serbio volvió a realizar cambios sustanciales en Balaídos. Aprovechó la ausencia de Fausto Tienza para alterar la composición del centro del campo, ensayando con Causic de pibote escoltado por dos ‘jugones’, Roberto Torres y Miguel de las Cuevas. El 5-3-2 inicial lo completó esta vez con el regreso al dueto Oriol Riera-Sergio León.

A la luz salta que el ‘sistema’ no le funcionó en el cómputo global del encuentro. Apenas pareció engrasado durante los primeros veinte minutos de la segunda parte, cuando se estiraron los laterales Berenguer y Clerc, y el conjunto se fue hacia arriba, con el balance de los tres tiros antes mencionados.

Pese a lo que se jugaba, la vida, el equipo de Vasiljevic salió muy apagado, timorato, demasiado encogido, durante la primera parte. Pesó mucho el perfil del centro del campo, vamos a calificarlo de jugón, que ni se acopló con la defensa ni tampoco enlazó con el ataque. Los celestes, pese a alinear un once de circunstancias y reservarse para su próximo compromiso europeo, camparon a sus anchas en el centro del campo y dominaron el partido a placer hasta hacer el gol. Después se dedicaron a contemporizar, a especular.

El primer tanto céltico explica lo dicho. Tres pases consecutivos de otros tantos celestes en la frontal del área, es decir, entre líneas, ante tres defensas, para acabar rematando a placer. Si a esto le añadimos el hecho de que adelante Sergio León fue más ‘Llanero Solitario’ que nunca, y que Oriol Riera dista mucho del que quisiéramos ver, que ni siquiera encuentra cuál es sitio en el campo, queda meridianamente claro que conjunto de Vasiljevic volvió a naufragar.

Por supuesto que lucha el cuadro rojillo, pero en ningún momento, a excepción del inicio de la segunda parte, transmitió la impresión de que se juega la vida sin margen de error. El propio técnico parece también haber perdido el Norte con decisiones que chocan con la línea de acción que parecía haber encontrado, en camino hacia un bloque que todavía no ha conseguido. El triángulo que alineó en el centro del campo rompe con toda su trayectoria anterior, y elimina además a su fichaje estrella del mercado invernal, Raoul Loé, que hizo debutar ante el Madrid y no apareció en Balaídos.

Algo parecido ocurrió en la parte de adelante, donde recuperó el tándem Oriol-León, rompiendo la continuidad de Riviere, al que sacó después en detrimento de Sergio León, que se fue enfadado (no había recibido un balón en condiciones). También con el 1-0 en el electrónico desapareció antes de tiempo Oriol Riera para dejar su sitio a Kenan Kodro. Quizás el efecto transmisor en el ánimo del resto del equipo fuera tan demoledor que seguidamente, en lugar del empate, llegaron los otros dos goles del Celta, que convirtieron lo que parecía una derrota merecida pero aseada en una nueva goleada.

Más de medio centenar de goles lleva encajados Osasuna, 52 concretamente, más del doble de los 24 que ha realizado.


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