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Goodbye Diego Martínez, ongi etorri Jagoba Arrasate

Por José Mª Esparza 03 febrero, 2019 - 22:05

El técnico rojillo supo ganar la partida, merecidamente, a su más que predecible predecesor. En la Post Data, la penúltima del ‘factotum’ con quien ahora le hace de ‘comisario político’.

Diego Martínez, entrenador del Granada y Jagoba Arrasate, entrenador de Osasuna, se saludan momentos previos al comienzo del partido. MIGUEL OSÉS
Diego Martínez, entrenador del Granada y Jagoba Arrasate, entrenador de Osasuna, se saludan momentos previos al comienzo del partido. MIGUEL OSÉS

Victoria de seis puntos, con revancha incluida, lograda con intensidad, lucha, confianza y tenacidad, ante el equipo del ex técnico osasunista Diego Martínez en estado puro. Con un buenísimo plantel, como el que disfrutó la pasada campaña aquí, resulta imperdonable jugar al cero-cero ante un rival directo. Así se le escapó aquí el play-off  en el último partido, en el penúltimo, y el anterior. En fin, un auténtico ‘cagueta’, jugador de pequeña a mus, y encima aburreovejas. Jugar así a domicilio todavía puede resultar asumible, pero en casa… imperdonable. Adiós para siempre adiós, Diego Martínez.

Ongi etorri, Jagoba. Ahora El Sadar vibra, vive. Gana o no, pero disfruta, presiona con los jugadores, juega con ellos, con los mismos latidos, idénticas palpitaciones. Y si el partido entra en fases muertas, ésas que tanto gustan a Diego, entonces Arrasate acierta a cambiar dinámicas, como con los cambios Barja-Róber Ibáñez, motivado en su reestreno, prometedor, o Mérida- Iñigo Pérez. Al ahora granadino prefiere que nunca pase nada, mientras que el hoy osasunista prefiere que ocurran cosas de continuo, al menos en El Sadar. Bienvenido el cambio.

El líder Granada jugó a lo que suele, a cerrar filas, a cortocircuitar al rival, a buscarle el fallo si llega, sin presupuestar un fallo propio o un acierto ajeno, que afortunadamente llegó con el golazo de Rubén García. Sorprendió de salida por su fogosidad, pero en la primera parte ya perdía el tiempo con cuatro o cinco defensas. Incomprensible con su potencial. Tras la reanudación, lo mismo. Parecía que daban un paso adelante, que solo duró hasta que Osasuna se recompuso.

Osasuna hizo lo que pudo. Mejor dicho, lo que el Granada le dejó hacer. Los nazaríes maniataron disciplinadamente a Mérida, no dejaron jugar entre líneas a Ruben García, aislaron a Juan Villar, mataron a faltas a Barja hasta que el árbitro amonestó a su marcador. Desactivaron la ofensiva rojilla... hasta que Arrasate les sorprendió con los cambios, algo que tampoco le cabe mucho a la cabeza cuadriculada de Diego Martínez. Era claramente un partido de un cero-cero que solo podía impedir un fallo o una genialidad. La diferencia estuvo que solo Osasuna buscó una de las dos opciones. Los ‘dieguinos’, léase pupilos de Diego, se limitaron a esperarlas.

Por eso hizo justicia el gol imposible, sorprendente, de Rubén García. El fútbol es siempre  jugar a ganar y casi nunca a no perder, que no era el caso. Pasamos una temporada calificando a Diego Martínez como jugador de pequeña, es decir, perdedor a mus. Ignoramos qué ocurrirá este año al final de campaña. Tiene un equipazo. En cualquier caso, me quedo mil veces con el estilo Jagoba Arrasate. Las espadas están en alto, pero queda una eternidad. Partido a partido.


POST DATA. El sectarismo del departamento de Prensa (I). “Osasuna celebra su tradicional comida con los medios de comunicación” tituló en la web oficial el pasado diciembre, sabiendo que no fue cierto. En contra de su historia y proceder de todos los clubes profesionales, por primera vez convirtió la “comida de Navidad con la prensa” en otra con “los periodistas que han trabajado durante todo el año en Tajonar”.

“La invitación no es intercambiable”, insistieron para dejar claro que si el periodista invitado no podría asistir, su medio quedaba excluido, como pretendían y ocurrió con uno de los tres de más audiencia de Navarra, según reconoce el ‘factotum’. Ni siquiera hubo invitación al medio como tal. Censura pura y rancia.

Entre los comensales hubo dos a quienes no se les ha visto Tajonar, otro al que no se le recuerda la última vez, y un cuarto cuyo medio cerró antes de pretemporada. No fue, por tanto, una comida con los medios, sino con determinados periodistas. Ni con la prensa, sino con prensa. Comportamiento pueblerino, excluyente, sectario. Esto no es “reivindicar el papel de Osasuna como lugar de encuentro de la sociedad navarra”.

Son los nuevos tiempos del actual director general y quien le hace desde hace unos meses de ‘comisario político’ en el gabinete de comunicación. No obstante, los chicos de prensa pueden invitar a comer a cualquiera, aunque ellos no paguen. Allá su talante y educación. El problema es cuando la censura continúa en una rueda de prensa informativa. Tremendo.

Esto es mucho más grave, pero lo dejamos para la próxima Post Data.


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