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Opinión / osasuNAvarra

Los errores se pagan con puntos

Por José Mª Esparza 23 octubre, 2021 - 8:15

Costó desatascar el partido. El Chimy lo consiguió. Después, cuando todo parecía controlado, una pérdida de balón terminó en una expulsión, y una salida del tiesto el empate ‘in extremis’ del Granada.

A Osasuna se le escaparon dos puntos. La victoria era suya, pero en el tramo final pagó caro sendos errores. Ésta vez cambiaron las tornas. En el noventa se le terminó de ir un partido controlado, donde el 2-0 debió llegar mucho antes que el fatídico empate, fruto ‘in extremis’ de dos acciones desafortunadas. La primera, una pérdida de balón en la medular que acarreó la expulsión de Cote. La segunda, una de las salidas de Sergio Herrera a no se sabe dónde, que Montoro aprovechó para marcar desde lejos a puerta vacía. Increíble, sobre todo porque el Granada le avisó en la primera parte con otro disparo lejano salvado con apuros. El portero osasunista demuestra casi siempre ser capaz de lo mejor, pero otras veces se le va la olla y también escenifica lo peor.

Un partido que costó desatascar. Los nazarís trenzaron una tupida red en el centro del campo en la que se sintieron cómodos al impedir que Osasuna encontrara las vías de penetración que buscaba. Incluso con el marcador desfavorable, el Granada siguió jugando casi a lo mismo, con mucho balón en el pie pero poco peligro real. En cambio, los rojillos propusieron mucho más, aportaron el picante y tuvieron ocasiones de sobra para sentenciar. Sin embargo, no sonó la flauta. De hecho, tampoco resultó un partido brillante, aunque no tan gris, ni mucho menos, como la celebración del centenario (¿?). El equipo granadino vino a por lo que al final se llevó, pero lamentablemente sin hacer los méritos suficientes. Tiene equipo para más.

El técnico rojillo sorprendió con Cote en el lateral izquierdo, Oier en el trivote en detrimento de Moncayola, y adelante le dio al Chimy los galones de comandante, que aceptó con sumo gusto. Con permiso de Lucas Torró, quien sobre el césped es el jefe de este Osasuna, su omnipresente director de orquesta, quizás la actitud, soltura, lucha, confianza y gol de Ezequiel Ávila fueron lo mejor de la noche. El argentino dio pasos adelante en el camino de regreso al futbolista que quedó esculpido en la memoria colectiva del osasunismo. Perdió miedo y apuntó presencia y desparpajo, seguridad en sí mismo que pudo ampliar con un segundo tanto que no dejó de buscar. Caso aparte fue la celebración de su gol.

Ezequiel ‘Chimy’ Ávila, ni nadie, tiene por qué pedir perdón por llevar una camiseta que no infringe ninguna ley, pero lo hizo. Comprensible. Vivimos en un país de mierda, donde todo es mentira, puñetera hipocresía. El Chimy volvió a pedir perdón en Graderío Sur tras marcar al Granada y, a cambio, al ser sustituido, mientras caminaba hacia el vestuario acompañado de la ovación atronadora de El Sadar, esa minoría que ante el Rayo le gritó ‘vete ya’ le ignoró y cantaba ‘presoak kalera’. Al menos no la toma con él, pero de alguna forma le sigue negando la redención. El hecho anima incluso, ¿por qué no?, a repensar en cuando el club paralizó y no explicó la renovación del Chimy, dados los antecedentes entre el ‘factotum’ y el sector de la grada que ahora ignora al argentino.

Volviendo al fútbol, ni siquiera al quedarse en superioridad numérica, dio el Granada sensación de peligro, más allá de la incertidumbre, de lo lento que avanzaba el reloj durante un cuarto de hora. El técnico Arrasate reaccionó consumando las cinco sustituciones para armar una defensa de cinco, con el trivote más clásico por delante, y olvidarse prácticamente de atacar, labor reservada ahora al gladiador Kike García. Todo parecía atado y bien atado, pero las posibilidades que ofrece el fútbol para que lo más improbable suceda son infinitas. En Villarreal beneficiaron a Osasuna, en El Sadar se le volvieron de nuevo en contra.


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