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Osasuna debe replantear su Liga

Por José Mª Esparza 01 marzo, 2017 - 22:58

El partido estaba acabado antes de comenzar y Berenguer, que metió la mano en lugar del pie, lo remató. El problema es ahora cómo terminar la temporada.

Osasuna - Villarreal. PABLO LASAOSA 29
Osasuna - Villarreal. PABLO LASAOSA 29

¿Quién sospechaba que Osasuna podría ganar al Villarreal? Ni el más optimista, ni siquiera Vasiljevic, que volvió a dar una enésima vuelta de tuerca al once, al sistema, a sus conceptos. Esta vez dejó fuera de convocatoria a Raoul Loé, su último fichaje ‘estrella’, y a más titulares del último partido.  Si alguien guardaba alguna duda de que ya se encuentra tan confundido como sus predecesores, ahora ya puede estar convencido. El once de Osasuna ha perdido los pocos papeles que le quedaban, y juega sin dirección eficaz desde el banquillo. También Alfredo, el eterno segundo entrenador,  debería dar alguna explicación de cuanto ocurre y que él vive en primera persona.

Osasuna ha empobrecido paulatinamente su imagen, más si cabe, a lo largo de los tres últimos partidos, el último el del Villarreal en El Sadar casi enmudecido. De acuerdo que encajar un gol evitable al segundo minuto es para hundir a un equipo tan tocado como el rojillo, pero otra cosa es verle desde entonces muerto, es decir, sin vida, sin una gota de aliento. Nunca jamás habrá tenido el Villarreal un partido tan sencillo. Da igual que el árbitro mandara repetir el penalti del segundo gol, pura anécdota. Más importante es que un jugador como Berenguer cometiera una falta máxima tan imbécil por derribar al contrario con la mano en lugar de entrarle con el pie, con el que cada día se prodiga menos, o que el ‘Submarino’ marcara sin apenas oposición casi siempre que lo intentó.

Roberto Soldado pudo anotar el tercero antes de tiempo, pero no quiso ahondar más la herida que desangra a Osasuna. El técnico Fran Escrivá le sustituyó por Santos Borré, más hambriento de gol, para que terminara de humillar a las huestes de ‘Vasi’. Sus dos tantos son para sonrojar a cualquier defensa del planeta. Cada vez que el Villarreal atacaba, le tenía que esperar una defensa mermada en efectivos porque la línea de centrocampistas se quedaba a treinta metros. No merece la pena ahora volver a enumerar las carencias de este equipo, a las que  Alfredo y Vasiljevic no han sabido poner remedio y han ampliado. ¿Para qué insistir o repetir las explicaciones de tantas otras derrotas? En estos momentos parecería más leña del árbol caído.

Lo que debe pensar ahora Osasuna es cómo terminar la Liga con decoro. Hay que trazar un nuevo proyecto e ir partido a partido, cada uno con sus objetivos y pequeña historia. El objetivo global está claro: superar como sea los 13 puntos que obtuvo el Sporting en la temporada 1997-98, récord del peor colista en Primera División. Apurando más, habría que sumar más de los 15 del Logroñés (1994-95), y resultaría todo un éxito ampliar los 21 del Elche (1988-89), con lo que el equipo navarro quedaría fuera de tan deshonroso podio. Sin embargo, visto lo visto, no lo tiene nada de fácil el conjunto rojillo.

Hay que competir, eso está claro, entre otras cosas porque la Primera División merece un respeto. Sin embargo, Osasuna debe mirar para sí, preguntarse qué quiere y qué necesita. Si oye el sentir de la afición, está claro que el osasunismo pide a gritos un proyecto para retornar a Primera el año próximo, un proyecto del club, ganador, compacto, más serio y pensado que éste que ya ha saltado por los aires. Hay que tratar de competir y terminar la temporada con dignidad, con la cabeza alta, pero ilusionando a la afición. Si no pueder ser con victorias, que al menos vea vida en su equipo, que éste le transmita lucha, ilusión. Ganas.

Es momento de que la junta directiva pida explicaciones a los cabezas visibles del cuerpo técnico, a Vasiljevic y también a Alfredo, para que expongan el proyecto de aquí a final de temporada, que digan a qué vamos a jugar. Ante el Villarreal echaron a los leones a Imanol, Olavide y Aitor Buñuel, al tiempo que con los dos últimos terminaban de descomponer lo que había, permitiendo al Villarreal consumar la goleada con la grada ya esquilmada de espectadores que optaron por marcharse a su casa. Desde luego que la imagen de los tres últimos partidos era para eso y para mucho más que la pitada final. Osasuna no puede dar pena, arrastrarse.

El viaje a Las Palmas, al parecer planteado como una mini concentración debe servir para algo más que ir a las Islas Afortunadas a jugar el primero de los catorce partidos que restan para consumar el desastre.  Hay que empezar a montar ese proyecto que regenere ilusión.


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