Opinión / osasuNAvarra

Osasuna compitió, pero tampoco basta

Por José Mª Esparza 05 febrero, 2017 - 22:11

Vasiljevic sorprendió a la Real en la primera parte, pero reaccionó tarde en la segunda y Eusebio le ganó la partida. Lástima que tal derroche de trabajo quedara sin premio.

El defensa de la Real Sociedad Yuri Berchiche (i) y el centrocampista del Osasuna Miguel Ángel de las Cuevas durante el encuentro de la jornada 21 de Liga en Primera División que se ha jugado esta tarde en el estadio de Anoeta, en San Sebastián. EFE/Javier Etxezarreta.
El defensa de la Real Sociedad Yuri Berchiche (i) y el centrocampista del Osasuna Miguel Ángel de las Cuevas durante el encuentro de la jornada 21 de Liga en Primera División que se ha jugado esta tarde en el estadio de Anoeta, en San Sebastián. EFE/Javier Etxezarreta.

Osasuna mereció algo más en Anoeta, aunque solo fuera a los puntos, por premiar su trabajo, su entrega del primer al último minuto de juego hasta el pitido final. Compitió de principio a fin, incluso pudo sentenciar en la primera parte, pero se ahogó tras la reanudación, cuando Eusebio Sacristán movió la pizarra sin anticipación por parte rojilla. En quince minutos los donostiarras solucionaron el encuentro con tres goles. Los tantos premiaron la reacción realista, pero castigaron en exceso a Osasuna en el cómputo de un partido vistoso, épico en cuanto al temporal, y emocionante hasta el final. Podría hablarse de fútbol norteño dadas las inclemencias del escenario, pero hubo algo más. Ambos equipos también exhibieron calidad

La clave estuvo en la salida al campo de Zurutuza, que cambió en la segunda mitad el juego realista enlazando líneas. Hasta entonces los rojillos campearon a sus anchas en el centro del campo, que hicieron suyo. Allí cortocircuitaron la conexión donostiarra, impidiendo que el balón pasara por los pies de Illarramendi o Granero gracias al esfuerzo solidario del equipo, y sobre todo al trabajo oscuro de Tienza y Causic. Además emergió por el eje la figura de quien más fútbol tiene en sus botas, Miguel de las Cuevas, que organizó y distribuyó con su mejor batuta. La Real no encontraba la forma de entrar en el partido.

En esa primera parte Vasiljevic abrió mucho el campo con las internadas de Berenguer y Clerc por las bandas, y con los balones largos a la sorprendente línea de ataque formada por Riviere, más participativo y acertado que en otras ocasiones, y Kenan Kodro, protagonista de las dos ocasiones más claras del partido y que en ambas disparó al ‘mono’. En la segunda el balón salió rebotado a la red. El caso es que Osasuna se hizo dueño del juego. Controló a la Real, es decir, no pasó apuros, y suyo fue el peligro existente. Con las debidas reservas, el partido parecía encarrilado, y así lo debió pensar también ‘Vasi’, que en la segunda parte mantuvo el esquema que tan buenos réditos le dio en la primera.

En la parte contraria, a Eusebio Sacristán se le veía preocupado. Su equipo no funcionaba. Tenía el balón, e incluso logró que los rojillos dieran un paso atrás, no dos, al comienzo de la segunda parte, pero sus hombres seguían en otro partido. Entonces vio clara la solución. Cambió al inoperante Granero en beneficio del músculo de Zurutuza. El partido fue otro. El pelirrojo lo cambió. Recuperó presencia, liberó a Illarra en la contención y le ayudó en la creación, las líneas comenzaron a enlazar y la calidad se impuso adelante. Por si fuera poco, el técnico albiazul apuntilló con la salida de Juanmi. Tres goles en quince minutos exactos. ¿Quedó en evidencia la debilidad de la defensa rojilla? También, por supuesto, pero el equipo navarro ya había perdido fuelle.

El desgaste físico había sido tremendo, y quien más lo suele acusar es Miguel de Las Cuevas, arquitecto del fútbol rojillo. Un minuto antes del gol había salido al campo Roberto Torres en lo que se llama un intercambio de cromos que no es tal. El triángulo Tienza-Causic-De las Cuevas había cambiado. El canterano no es estrictamemnte un armador de juego, mejora sus prestaciones unos metros más arriba, donde ahora Riviere-Kodro tampoco podían esconder sus lagunas. Nada que ver con la primera parte.  En fin, el gol realista se veía venir. Costaba más imaginar esos tres en quince minutos, pero ahí sí que pesa la debilidad defensiva en este equipo. Vasiljevic reaccionó con la salida de Sergio León tras el empate, y de Jaime Romero tras adelantarse la Real. Le pudo salir bien. Entre los dos cambiaron la dinámica de un ataque ya muy previsible, y casi transforman el resultado. Pero esa pizca de suerte tampoco llegó en Anoeta.

¿Solucionarán esto Vujadinovic y Raoul Loé? Sigo teniendo mis dudas. De momento, al segundo le faltan hasta los papeles. Hace falta ver primero con qué ritmo de competición vienen de unas Ligas muy inferiores, es decir, cómo responden, por ejemplo, el próximo partido ante el Real Madrid. Después, si se adaptan, darán, junto a Sirigu, consistencia a un plantel que necesita de ella a raudales. Sin duda. Pero hace falta más, mucho más en esta plantilla, que sigue sin un De las Cuevas a tiempo completo, y con lagunas de ahí hacia adelante, es decir, donde se cuecen los goles. Sin goles no hay puntos.

Otros equipos de la Liga de abajo, caso del Leganés, que marca la salvación a ocho puntos de Osasuna, se han reforzado bastante más. Cuesta entender por qué no lo ha hecho Osasuna, cuando cualquier jugador del mundo habría venido casi gratis para ponerse en el escaparate de la Liga española. Cualquiera menos Mikel Merino, que tenía muy claro dónde le aguarda su futuro. Por cierto, Vasiljevic no aceptó la apuesta de los cien euros. Igual todavía continúa esperando a Merino y por eso no ha buscado a otros. 


  • Los comentarios que falten el respeto y que no se ciñan al tema de la noticia, podrán ser eliminados.
  • Cada usuario será el único responsable de sus comentarios.
Osasuna compitió, pero tampoco basta