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Un gol por toda la escuadra, al Cádiz y a la directiva

Por José Mª Esparza 04 marzo, 2018 - 9:16

Fran Mérida acertó cuando Osasuna más lo necesitaba. Un resultado adverso ante el Cádiz habría magnificado la asamblea más negativa que se recuerde para una junta directiva rojilla. Los Indar-Gorri compran mucho más barato de lo que se les presumía.

Dos momentos de Osasuna vividos este sábado, la asamblea y el partido frente al Cádiz con Diego Martínez al frente. ÍÑIGO ALZUGARAY
Dos momentos de Osasuna vividos este sábado, la asamblea y el partido frente al Cádiz con Diego Martínez al frente. ÍÑIGO ALZUGARAY

Osasuna ya conoce en qué manos está. Si por la mañana su director general, Fran Canal, colocó a la directiva al borde del precipicio, para que la asamblea de compromisarios, dominada por Indar-Gorri, le diera el empujón de gracia, por la tarde la afición volvió a sufrir en sus carnes al entrenador Diego Martínez en su más pura esencia.

Pese a que Fran Mérida anotó al cuarto de hora un libre directo a la escuadra, la afición cargó una vez más contra el banquillo, especialmente al final, cuando el míster cerró con el tercer cambio, Aridane por Lasso, su lamentable repliegue del equipo. Al revés que otras veces que tira la primera parte por la borda, esta vez toda la segunda se marchó por el desagüe.

A Diego Martínez se le fundieron las ideas, al menos las creativas, desde el cuarto de hora de partido, tras el 1-0. Hasta ahí el equipo buscó el gol, pero a partir de entonces deambuló más de una hora desnortado, sin dirección, orden ni concierto.

Menos mal que el Cádiz decepcionó. Careció de plan B en la primera parte, donde se dedicó a dejar pasar los minutos, y con Osasuna a su merced en la segunda, resultó demasiado inocente, sin apenas otros argumentos que la posesión de balón y la declaración de intenciones. Ambas razones bastaron para poner nerviosa a la grada, pero no para mover el marcador.

Más contundente resultó el tiro a la escuadra que encajó la directiva a la mañana. No puede decirse que se lo buscó. Sería injusto. No merecía semejante derrota, pero el caso es que la recibió y debe analizar las razones. Las iremos desgranando con el tiempo. Personalmente, jamás esperé semejante varapalo.

A pesar de que durante la semana llegaban continuos lamentos de la junta directiva, agorera de que no prosperaría la recompra del estadio, se le presumía el pacto entre Indar-Gorri y Fran Canal para salvar con éxito otra convocatoria asamblearia. Sin embargo, la realidad resultó infinitamente más cruda. Perder como lo hizo el Cádiz habría sabido a premio de consolación. La junta directiva salió ofendida y humillada del Iruña Park. Reprobada.

A las torpezas cometidas y repasadas por los compromisarios delante de sus narices (falta de información, de proyecto global, de viabilidad, etc), la directiva careció del pacto que se le presuponía entre Fran Canal e Indar-Gorri. No existe. Funcionan a base de acuerdos, puntuales, y el voto para la recompra patrimonial no lo alcanzó. Esto resulta más dramático todavía.

Los Indar-Gorri obtienen mucho más barato todo lo que quieren. Les resulta mucho más fácil lograr sus imposiciones, pancartas, megafonías, viajes, palcos VIP, o reuniones con la plana mayor deportiva, por medio de acuerdos puntuales, asequibles, que a través de un comprometedor convenio a medio o largo plazo.

Dese el principio, cuando Felix Cía esgrimió que con la chapucera reforma de estatutos ‘made in factótum’ la convocatoria resultaba impugnable, hasta el final con la reprobación a la junta directiva, la asamblea resultó una bofetada continua a Fran Canal, responsable directo de ella.

Además, perdió los papeles en diversas ocasiones, especialmente cuando asumió reiteradamente el papel de moderador que sus estatutos le niegan. Lo más grave no resultó su tono, una vez más insultante, prepotente, distante, sino el callejón sin salida al que llevó a su junta directiva, la que que le paga ficha, variables y objetivos.

Hasta ahora, Fran Canal había llevado a la directiva a asambleas airosas. Pagaba precio alto, pero los directivos lo daban por bueno con las palmadas en el hombro. Esta vez la cagada ha resultado monumental. Nunca una junta directiva ha salido tan vilipendiada de una asamblea. Nunca.

Existen votaciones adversas, críticas contrarias, censuras, y hasta reprobaciones en la historia de Osasuna, pero nunca todo a la vez. El ‘factotum’ plantea reformas estatutarias, ‘golpes de estado’ disfrazados, planifica inversiones, gastos, parches aquí y allá, crea urgencias, caso de la recompra patrimonial, en fin, proyecta cuanto necesite o la apetezca según le cuadre e interese, pero nunca se había desnudado como lo ha hecho en esta asamblea en la que todo, absolutamente todo, le ha salido rematadamente mal.

Al menos los jugadores, esos que el ‘factotum’ ninguneó para presentar él la camiseta de Euskaltel, le salvaron a duras penas los tres puntos a Diego Martínez, y también la cabeza, pero sigue tan tocado como la directiva salió de la asamblea. La deconstrucción de este club y de este equipo marchan paralelas.

El míster salió reprobado en el estadio, y la directiva salió reprobada del Iruña Park, si bien ésta de una forma tan chapucera que los reprobadores dejaron el castigo en manos de un defensor del socio que ni siquiera existe. No se atreven todavía a tumbarla para asumir una Gestora. El clavo ardiente a dónde Fran Canal se puede agarrar todavía. Algo parecido le volvió a suceder a Diego Martínez ante el Cádiz. La grada le volvió a reprender el juego, pero sin entrar a matar, mientras Fran Mérida y el trabajo a destajo de los jugadores le rescataron el resultado.

Pero Osasuna se hunde más y más sin que nadie le rescate.


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