Opinión / osasuNAvarra

Versión pequeña, pero eficaz, de un proyecto grande

Por José Mª Esparza 25 marzo, 2018 - 22:09

El Miniestadi ofreció la cara mediana de Osasuna. Ni se comportó al denostado estilo Diego Martínez ni como el propio técnico prometió.

Once inicial de Osasuna ante el Barca B. LALIGA123
Once inicial de Osasuna ante el Barca B. LALIGA123

Partido práctico, eficaz, con pocos sobresaltos, en el que Osasuna controló de principio a fin, mitad por la bisoñez de su adversario y mitad porque los rojillos supieron cumplir con oficio. Más sabe el diablo por viejo que por diablo reza el dicho popular, que en este caso resumiría lo que fue la victoria del plantel de Diego Martínez en el feudo del filial blaugrana.

Resumiendo, el equipo navarro comenzó como acostumbra su técnico gallego, pero a los diez minutos trenzó una vistosa jugada que terminó en las redes catalanas, y acertó a balón parado cuando más y mejor amenazaban los locales el portal de Sergio Herrera. Pleno.

No apareció el Osasuna agresivo, alegre, vistoso, vivo, de raza y corazón visto ante el Zaragoza. Es lo que había prometido Diego Martínez, pero no. Salió al Miniestadi a contener, a aguantar, a darle el balón al rival. Así resultaron los diez primeros minutos, cuando el cuadro navarro traspasó por primera vez la línea de centro del campo, por la banda izquierda, la de Clerc, y la jugada trenzada terminó en gol gracias a la bisoñez defensiva del filial blaugrana.

El partido se puso donde más podía gustar al planteamiento especulador del técnico gallego, quien con el resultado a favor pudo ver el mundo de otra forma, con todo el optimismo. Nadar y guardar la ropa pasó de ser un eslogan a convertirse en la opción vital.

Tras el gol, los rojillos se quedaron donde estaban . Salieron igual que ante el Zaragoza, con un 4-2-3-1, donde la manija del juego corresponde a tres hombres: al doble pivote Torró-Mérida y a Borja Lasso por delante de ellos. Ninguno de los dos más creativos, Mérida y Lasso, brilló como ante los maños, pero a cambio, dentro de las coordenadas de un partido de aguante, Lucas Torró emergió como posiblemente el mejor futbolista de Osasuna que es.

Si ante el Zaragoza este esquema ofreció un joljorio de felicidad, pese a la derrota, en el Miniestadi no pasó de esperanza contenida pese a la victoria. Si algo ha dejado claro Diego Martínez en esta temporada es que no importan tanto los esquemas como las consignas.

Tras el descanso, el técnico vigués ordenó el consabido paso atrás, confirmado con la salida de ‘Arzurica’ en labores de contención, que es a donde llega, y ahí pudieron aparecer los problemas. El Barça B llegó y llegó cada vez con más peligro, de tal forma que solo su bisoñez ahora ofensiva y el acierto puntual de Sergio Herrera evitaron la debacle.

Faltaba casi media hora cuando el repliegue tomó carta de naturaleza a todos los efectos. No obstante salió bien. Pese a la pérdida momentánea de papeles, lejos de llevarnos al ahogo final, una jugada a balón parado culminada por Quique González dio al traste con las ínfulas blaugranas.

El gol que confirmó la merecida victoria de Osasuna, que supo imponer su oficio a la juventud culé, supuso el tercer gol de Quique González en esta temporada, tras una vuelta entera sin marcar. El técnico debería estudiar seriamente este caso, es decir, cómo un delantero de semejante calidad ha podido sufrir semejante cantidad de tiempo sin anotar.

Pudo fallar ocasiones ante el Zaragoza, de acuerdo, pero es que con el sistema sufrido hasta hace justo una semana no hubiera marcado ni un cazagoles como Van Nistelrooy. El técnico Diego Martínez debe examinarse a sí mismo. Con sinceridad, no como habla a la galería.

La jornada ha resultado favorable para los intereses rojillos. Los puntos valen oro a partir de estos momentos en los que Diego Martínez, a la luz de lo visto en el Miniestadi, todavía no acaba de asimilar la importancia de ir decididamente a por la victoria, a por los tres puntos.

Tras las buenas sensaciones que dejó su equipo pese a perder con el Zaragoza, ha aprovechado para decir tonterías populacheras, que parecían más  dictadas por el mismísimo ‘factotum’ Fran Canal que sentidas de verdad, y no se trata de eso. Hay que jugar a fútbol con cabeza y corazón, y cuando lo haga decididamente se te dará cuenta de la importancia de los puntos perdidos ante el Reus o en Albacete.

En fin, no hay marcha atrás, pero sí queda el suficiente trecho hacia adelante como para seguir soñando con algo más que pasear miserias. Osasuna necesita ser grande de corazón.


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