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Osasuna aprendió mucho en Mendizorroza

Por José Mª Esparza 10 octubre, 2015 - 23:25

El desplazamiento masivo a Vitoria resultó una fiesta del fútbol, si bien la disfrutaron más los alaveses. Lo mejor, las dos aficiones coreando al final el nombre de Osasuna o cantando “volveremos otra vez”. Lo peor, una derrota de la que el equipo de Martín recibió una lección de realismo de la que tomó buena nota. Encajó en el minuto octavo y hasta el 42 no pisó el área rival.

Llamó la atención al principio la imprecisión en los pases rojillos. La presión local les ahogó. Se veía venir un partido de mucho centro del campo, muy táctico, con ocasiones a cuentagotas, con los dos equipos jugando a no perder, bien armados en defensa con una línea de cinco y otra de cuatro por delante. En fin,quien cometiera el primer error tendría todas las de perder, y éste fue Osasuna, con una falta inocente e innecesaria de Miguel Olavide en zona peligrosa, muy mal defendida después, con media docena de albiazules cara a cara a la red.  Nadie había pisado el área rival hasta ese fatídico minuto octavo, y ya quedó medio sentenciado el encuentro, sobre todo porque no hubo cambios tácticos. El Alavés se sentía muy cómodo así, y Osasuna tardó demasiado en reaccionar.

Hasta el minuto 42 no pisaron los rojillos el área vitoriana, y hasta la reanudación no se lanzaron decididamente a igualar el marcador.  Pero ya era tarde. Los hombres de Pepe Bordalás les esperaron muy cómodos. Tuvieron que trabajar los albiazules, pero poco miedo pasaron, sobre todo porque eran sabedores de que al contragolpe acabarían rompiendo al equipo navarro. Quizás el resultado sea justo, o quizás los rojillos habrían merecido un premio a su trabajo ofensivo, al menos el del gol de la honrilla, pero lo cierto es que los alaveses supieron jugar mejor sus bazas de principio a fin, sobre todo porque salieron más intensos desde el primer minuto.  

La derrota en Mendizorroza, donde además Osasuna recibió tantos goles como hasta entonces,  guarda cierto paralelismo con la del Lugo siete días antes en El Sadar. Un fallo rompe toda la estrategia, y el equipo adolece   de un plan ‘B’ para contrarrestarla, sin encontrar la manera de desatascar la medular, ensanchar el campo, y abrir por bandas.  Los rojillos tiraron la primera parte. Dejaron pasar los minutos, atascados, sin ideas. Con el gol en contra solo recuperaron la intensidad, que sirvió para volver a nivelar la parcela ancha, pero no el marcador, que es lo realmente importante.

Hasta la segunda mitad no cambió Osasuna sus hechuras. Se la jugó su técnico cambiando un lateral, Javi Flaño, por un extremo veloz, Alex Berenguer. Además, trató de enlazar mejor con la parte de arriba dando entrada a Merino por Maikel Mesa. Pero resultó inútil, porque los hombres de Bordalás ya tenían perfectamente cogida la medida al partido. Completaron la consiga de no dejar un hueco en defensa sabiendo esperar al contragolpe. Nauzet salvó el primer uno contra uno, pero lo cierto es que si el Alavés no marcó el cuarto es porque no lo persiguió con la misma intensidad con que evitó el primer gol navarro.

Osasuna puso corazón y entrega, pero careció de ideas para salir de la tela de araña que le puso Pepe Bordalás. Quizás sea esa la principal enseñanza que sacó de Mendizorroza. Nada que reprochar a las ganas puestas, al trabajo hasta la extenuación, incluso con los tres goles en contra. Pero cuando un partido se pone cuesta arriba en Segunda hace falta algo más que fe y empuje para solucionarlo. El equipo de Martín cuenta con jugadores creativos para ello, y quizás haya que darles algo más de libertad para aportar soluciones, sobre todo en encuentros tan nivelados como el de Mendizorroza o la visita del Córdoba a El Sadar.  

Tampoco pasa nada. No era el día. En el deporte caben victorias y derrotas. La temporada en Segunda resulta especialmente larga y abundarán cualquiera las dos. Lo importante es que sea con la cabeza alta, como en Mendizorroza. Mientras veamos al equipo luchar así, las derrotas duelen un poco menos.


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