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Osasuna aplica la lección de memoria

Por José Mª Esparza 20 enero, 2019 - 17:56

La séptima victoria consecutiva en El Sadar no fue por casualidad. Los rojillos han concretado un libro de estilo que tienen aprendido de memoria y lo aplican a la perfección.

Partido entre Osasuna y el Mallorca disputado en El Sadar. IÑIGO ALZUGARAY
Partido entre Osasuna y el Mallorca disputado en El Sadar. IÑIGO ALZUGARAY

Victoria trabajada y merecida, con argumentos futbolísticos. El técnico Jagoba Arrasate ha logrado transmitir su libro de estilo a una plantilla que lo interpreta a las mil maravillas. Vaya, como música celestial. Ante el Mallorca, además, tuvo la fortuna de adelantarse a los cuatro minutos y rematar al rival cuando este quería subirse a las barbas. Con naturalidad, como si resultara fácil, y tampoco es así. No pasar apuros no debe esconder la labor entre fogones. Maridar sabores, cuajar el plato, que todos los ingredientes se encuentren en su punto, exige mucho preparativo.

Tras el ensayo fallido de Las Palmas, con el trivote Oier-Mérida-Perez, el entrenador regresó a la fórmula habitual, dejando fuera del once al chantreano, para engrasar cada pieza donde suele, sin estorbar espacios en el centro y encontrando efectivos en la parte de adelante. Y lo cierto es que el conjunto funcionó como un reloj, espoleado por los desbordes de Kike Barja por la izquierda y de Rubén García entre líneas. Si además encontramos a un Roberto Torres pletórico que equilibra y une líneas, el resultado no pudo ser más demoledor. Faltó el toque mágico de Juan Villar, quien a cambio aportó prestaciones solidarias a la tarea colectiva.

Marcar un gol a los cuatro minutos suele resultar letal ante un equipo grande, pero regala tranquilidad con uno de los de al lado, sobre todo si nadie baja los brazos, continúan los pases en corto endiabladamente veloces y verticales, no baja la presión y todos juegan a lo mismo. El Mallorca, un equipo con nivel y oficio, pero con mucho mercenario que va a lo suyo, acusó el golpe. Lo intentó, pero en todo el partido apenas creó peligro en dos saques de falta, algún tiro lejano y otra más en la segunda parte. Los isleños carecieron de claridad porque se vieron tapados. Noqueados en la primera mitad y, a pesar de que dieron un paso adelante, controlados en la segunda.

Osasuna cuajó un partido muy serio. Menos vistoso o entretenido que el del Cádiz, pero tan serio o más, con los jugadores en un estado de forma envidiable (¿aguantarán?), haciéndose con los balones divididos, con anticipación, confianza, seguros de sí mismos, creyendo en su trabajo, y sin mirar atrás, siempre a la portería de enfrente. Si ya terminaron hace muchas semanas aquellas primeras mitades sin jugar a nada, ahora también las segundas meramente especulativas. Ya no entregan el balón al contrario, simplemente lo siguen disputando con menos urgencias, con más cabeza. Así apuntillaron al Mallorca, en un contragolpe cuando más empujaban los isleños.

Tiempos felices en El Sadar, siete victorias consecutivas han traído entusiasmo a las gradas. El equipo ascenderá o no, pero el aficionado disfruta en cada partido más que toda la temporada pasada entera. Ante el cuadro balear en horario matutino, mejor. La digestión de la comida de Navidad todavía pesa… y así el vermú sentó mejor.


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