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Osasuna se acostumbra a perder

Por José Mª Esparza 18 diciembre, 2016 - 21:19

En Riazor, el guión acostumbrado. Osasuna salió sin a defender con más miedo que confianza, encajó pronto sendos goles evitables, tardó en reaccionar, y no dio sensación de poder remontar. Son muchos sus problemas, comenzando por los mentales.

Depor - Osasuna. LFP
Depor - Osasuna. LFP

Al ver saltar al campo a los jugadores de Osasuna a Riazor no cuesta imaginar cómo lo hicieron los condenados a la arena del Coliseo Flavio. Piernas temblando, corazón encogido, miedo a raudales paralizando los huesos. Los rojillos esperaban el ataque de los deportivistas igual que aquellos malogrados sentían la proximidad de las fieras asesinas transportadas a Roma desde los confines del Imperio. En definitiva, saltar a escena es como mirar cara a cara a la muerte, sin confianza ni esperanza. La dinámica en la que ha caído el equipo de Joaquín Caparrós no encuentra mejor imagen. Se ha acostumbrado a perder, a morir. El conjunto rival, en este caso el Deportivo, apenas necesita acercarse al portal de Nauzet para clavar la puntilla a un equipo al que ya le veía muerto.

Los rojillos no salen a competir. Su expresión denota pánico. Dan igual la alineación o las disposiciones tácticas que el míster ordene, el problema es que el equipo salió a Riazor como quien entra en el matadero. No lo hacen dispuestos a jugar de tú a tú al Deportivo, sino con temor, demasiadas precauciones, presa del pa´nico, esperando la muerte. Así hasta encajar el gol, que siempre acude en acciones evitables. En el primero del Dépor remató Andone entre dos defensores, y en el segundo lo hizo Babel dentro del área completamente solo.  En ninguno de los dos casos hace falta decir el nombre de los defensores más cercanos. Los males son estructurales y, sobre todo, mentales. Los jugadores parecen maniatados, como situados en el paredón contando los últimos segundos de vida.

Encajado el gol de manera tan sencilla, tan fácil, el problema se llama recuperación anímica para intentar la remontada. El míster trató de estirar líneas reconvirtiendo la línea defensiva de cinco en cuatro. Adelantó a Berenguer y ladeó a Tano para tratar de adelantar líneas. Vano intento. Hasta la segunda parte no se estiró Osasuna, con dos delanteros en el campo y algo más de posesión. Sin embargo esto es algo engañoso. Por una parte el Deportivo se sintió cómodo en el campo, sin un mínimo peligro para su abultada ventaja, porque a los rojillos les cuesta una enormidad encadenar tres pases en vertical, y no digamos crear media ocasión.

No obstante, los resultados dados en la Liga una jornada tras otra no condenan a Osasuna. Parece increíble. La salvación, ¡quién lo iba a decir a estas alturas y con semejantes resultados!, sigue siendo posible. Hay vida a la espera del parón navideño. Pero queda mucho trabajo para llegar a competir el año próximo en Primera División, y más fuera del césped que dentro. Es preciso recuperar mentalmente a esta plantilla a la vez que reforzar su potencial futbolístico durante el mercado invernal. Las vacaciones vendrán bien, sin duda. Las necesita el equipo navarro, herido de muerte, para rearmarse y confiar en sus posibilidades.

Pese a que pueda interpretarse como políticamente incorrecto, hay que invitar a los jugadores a que se harten de cava esta Navidad para olvidar penas y regresar a Tajonar con el corazón ensanchado. Cava sí, y de forma puntual, pero poco turrón. Nada de grasa, porque este plantel sufre otro grave problema también difícil de curar, el de la bajísima forma física. En Riazor también quedó claro que la presión, velocidad o balones divididos casi siempre son del contrario. Las segundas jugadas ni aparecen. En tal sentido, las vacaciones también pueden venir bien para para coger forma, y más ante el calendario que viene con los tres partidos finales de la primera vuelta, tres finales claves para mantener la categoría, las visitas de Valencia y Sevilla, y el viaje a Granada en medio.

El equipo nazarí visitará antes Pamplona en Copa, esta semana, todo un regalo para dar una alegría navideña a la afición. El míster Joaquín Caparrós deberá meditar muy mucho qué equipo saca. Lo importante es pasar la eliminatoria, demostrar que su equipo es capaz de ganar a alguien. Porque el problema, ahora del aficionado, para ilusionarse con el futuro se llama esperanza. Siente que el equipo rojillo no es capaz en estos momentos ni de ganar al Sauquillo de Boñices, dicho con todo el respeto hacia esta entrañable localidad soriana. 


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