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La pelota es grande

Por José Mª Esparza 31 marzo, 2018 - 20:45

Ganaron Diego Iturriaga y Asier Agirre, pero pudieron hacerlo por potencial y desarrollo del partido Peio Etxeberria y, sobre todo, ese gran campeón llamado Jon Jaunarena. Pero en el deporte solo gana uno.

Podio del campeonato de Segunda de pelota. ASPE
Podio del campeonato de Segunda de pelota. ASPE

Gran partido. Grandísima final. De Segunda, de acuerdo, pero memorable choque. Cuatro gladiadores, enormes pelotaris, luchadores, invencibles, que ofrecieron un encuentro impredecible, de poder a poder, extenuante, cuerpo a cuerpo, igualado, apasionante, inspirador, entretenido, de los que hacen afición, sin importar de Primera o Segunda, de los que engrandecen la pelota, por su calidad, por supuesto, pero sobre todo por su honradez, su honestidad, su calidad y entusiasmo.

Lo siento por Jon Jaunarena, que ya lo tiene todo en esta categoría, pero me alegro por Asier Agirre, un grandísimo pelotari, y sobre todo, por el sartagudés Diego Iturriaga, un ejemplo de profesionalidad, de entrega, de honradez, de años de lucha y sangre a cambio de un sueldo e ilusiones. Mientras a Asier le esperan cotas más altas, con trabajo y la misma progresión, Diego es conocedor de su destino. Y lo acepta. Entrena con más ilusión que nadie, enseña a diario a otros pelotaris a ser mejores que él, asume su papel en las carteleras, se reivindica en cada partido pese a conocer de su destino.

A Diego le tocó en la final aguantar y dar más pelotazos que nadie, porque sus oponentes le vieron la pieza más vulnerable. De principio a fin, los azules le castigaron de lo lindo, pero Iturriaga aguantó. Mantuvo el partido, la incertidumbre, las apuestas, mientras que pedía correspondencia a gritos a Asier Agirre, que se la dio. Cumplieron como pareja, pese a los más agoreros. Dos estilos contrapuestos, pero solidarios. Sin desfallecer de principio a fin, luchando contra el destino, aguantando con heroicidad. A ratos con brillantez, y otros como gladiadores.

Los cuatro ofrecieron un gran partido de pelota, igualado. Siempre parecieron mandar los azules, pero los galones correspondían con matices a los rojos. Una vez en harina, guerra a muerte, a cara de perro, con alternativas. Sin descanso, a la espera del desenlace final sin dar por perdido un pelotazo. Cualquiera de los cuatro pudo ganar. Todos estuvieron brillantes.

El 22-21, con bastantes más aciertos que fallos, expresa en este caso la grandeza de la pelea librada por ambos duetos. La suerte pudo caer de cualquier lado, y nadie podría calificarla de injusta. Cualquiera habría podido ganar. Quizás, posiblemente, lo hizo quien más lo merecía, quien más lo trabajó. Quien más supo esperar sin bajar la guarda. Diego, la pelota te lo ha dado, porque la pelota es grande. Enhorabuena a los cuatro.


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