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Opinión / osasuNAvarra

Osasuna no necesita hielo para congelarse

Por José Mª Esparza 12 enero, 2021 - 23:51

Arrasate volvió a posicionarse lejos de la victoria, quedó pronto sin plan B y se hundió más en el descenso.

Celebrate score of Luis Suarez of Granada during the spanish league, LaLiga, football match played between Granada Club de Futbol and Club Atletico Osasuna at Nuevos Los Carmenes Stadium on January 12, 2021 in Granada, Spain.
Luis Suárez celebra el prime gol ante Osasuna. AFP7

Hay partidos sin emoción. Toma y daca, y casi a los cinco minutos ya sabes qué ocurrirá. El de Los Cármenes transcurrió más o menos así. Aparentemente, Osasuna, de alguna manera, salió a contener. Después, de otra manera, por una genialidad granadina y otra acción rara rojilla (dos fallos defensivos los calificó Juan Cruz), el Granada sentenció. Si Diego Martínez hubiera encargado un guion previo, la realidad habría superado a la imaginación. Así que a aguantar. El aficionado rojillo se quedó sin argumentos en un abrir y cerrar de ojos. Irremisiblemente. Hoy no toca. Esta noche no sumamos, nos quedamos donde estábamos, y ahora sin un partido menos. Hay lo que hay.

Hay muchas formas de ir a ganar un partido, de marcar de puerta a puerta o llegar a la portería contraria tras dar antes cincuenta vueltas al campo. Para gustos colores. En Los Cármenes el equipo de Jagoba Arrasate buscó, en cierto modo, el punto equidistante entre el partido de Anoeta y el del último ante el Madrid, más cerca del primero que del segundo. ¿Qué ocurre? Que en ninguno de los tres casos salió dispuesto a ganar. En los dos primeros empató, en el tercero perdió. A la tercera va la vencida. Le condenó su impotencia, su indolencia. Se suicidó en dos córners.

Bien es cierto que este Osasuna recuperaba terreno, ganaba confianza y sensaciones porque se veía maltrecho. Hay que ir poco a poco, ser prudente, cauteloso, y más en tiempos de pandemia y deshielo. Sin embargo, Granada significaba dar o no, por fin, un golpe de efecto en la mesa, pero… nada más lejos de la realidad. Como decíamos, la realidad volvió a superar a la ficción. Y eso que Jagoba Arrasate movió hacia adelante piezas veinte minutos antes de la acostumbrado. A falta de media hora. Y recurrió a otro doble cambio a falta de veinte. Lo nunca visto.

Y en cuanto a cambios, el de Calleri por Budimir se repite partido tras partido. El argentino lo tiene asumido. Lo acepta. Sin embargo, en Granada llegó antes veinte minutos antes y no le sentó nada de bien. No quiso saludar a nadie, empezando por el míster. ¿Me sacas a hacer la tarea más ingrata y me castigas de esta forma? ¿Si no jugamos a ganar, qué quieres que haga, un triple salto mortal de espaldas? Cuando un equipo sale a por los tres puntos lucha de tú a tú hay calor, vida, expectativas. Si no… hay quien se siente dolido. Más claro, el agua cristalina. Este Osasuna no carbura.

Salió Osasuna enrabietado tras el descanso, pero el enfado duró muy poco. Los números en ataque no pueden resultar más tacaños. Apenas un contragolpe en el primer tiempo (lo mejor del partido) y esos tres minutos en la reanudación. Poco más. Así, imposible ganar, y menos con dos goles en contra. A Diego Martínez, que se ha hecho un buen entrenador a base de rectificar todo lo mal que lo hizo en Osasuna, le salió el partido de cara, pero lo buscó. Aceptó la entrega de balón y la rentabilizó. Con suerte, pero con las ideas claras. En cambio, Arrasate se quedó sin argumentos ante la contrariedad.

Nada más lejos de mí que mentar la bicha, pero Jagoba Arrasate lleva una temporada dando tumbos. Todavía no hemos visto al Osasuna con el que nos encandiló, y cuenta con los mismos hombres con que nos hizo felices. A excepción de Fran Mérida, claro, que nunca fue de su devoción y ahora agradecen en el próximo rival de Copa. Aquel Osasuna ganaba o perdía, pero sabíamos a qué iba a jugar. Siempre era reconocible. Hoy cada partido sale una caricatura diferente de lo que fue. En el Alavés ya han cambiado de técnico, y también en el Bilbao

Osasuna atraviesa un momento delicado. De acuerdo. Hay que ir poco a poco, con precaución. Pero o reacciona en serio, dando un golpe de timón, o la nave irá a la deriva. Seguimos en descenso. Hay que espabilar.


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