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Ganar fuera, tan fácil y… tan difícil

Por José Mª Esparza 26 enero, 2019 - 20:32

Partido práctico en Almería. De tú a tú, sin amedrentarse. Uno de los dos podía ganar, perder o empatar. Se trata, simplemente, de nadar y guardar la ropa, pero sin perder la cara al partido. En la posdata hablaremos en adelante de otras cosas.

Partido entre el Almería y Osasuna en el Estadio de los Juegos Mediterráneos. LALIGA 123
Partido entre el Almería y Osasuna en el Estadio de los Juegos Mediterráneos. LALIGA 123

Una victoria como la de Osasuna en Almería nunca habría sucedido en Primera, donde ambos contrincantes juegan a llegar antes por milímetros, por décimas de segundo. A diferencia de la máxima categoría, la de plata es otra cosa. Gana normalmente el más listo, quien mejor sabe rentabilizar sus recursos. Resulta más fácil jugar con las limitaciones del contrario. Es lo que ocurrió en los Juegos del Mediterráneo, sin restar por ello méritos al equipo de Jagoba Arrasate. Todo lo contrario. Se trata de ir leyendo una división en la que no se trata de ser el mejor, sino el más práctico.

En un fútbol resuelto a los puntos, como en el boxeo, el partido resultaba condenado al empate. Sin embargo, la grandeza del balompié reside en los millones de factores que influyen en el desenlace hasta el pitido final. Por eso la grada pide la hora tan frecuentemente. También en Almería la docena y media de rojillos, y los miles desde la distancia. Incertidumbre fundada. Un tiro al poste por cada equipo, el empuje casero contra la contención visitante, fuerzas igualadas en el centro del campo, en fin… quien marque primero rentabiliza con ventaja. Obvio.

Lo bueno es que Osasuna presionó desde el inicio más y mejor. Atacó. Quizás las estadísticas no le dieron el mayor porcentaje de posesión, pero nunca perdió el control del juego. Tuvo de cara el partido, supo ganar ese plus. Incluso cuando Jagoba anunció el primer cambio de Perea por Barja, que evidentemente no tuvo su mejor día, el conjunto no perdió fuelle ofensivo, sino que siguió a lo suyo, más por convicción que por recursos, donde por otra parte tampoco anda sobrado.

La balanza podía caer de cualquier lado, y Osasuna resultó el más listo de la clase. Rentabilizó mejor su esfuerzo en forma de presión e insistencia arriba. Quizás lo andaluces empujaran más, pero los rojillos condujeron mejor y, sobre todo, tuvieron las ideas más claras. Nunca dieron por malo el empate, pero siempre tuvieron la confianza en una jugada tan imposible como el victorioso remate de Brandon, que no sorprendió en el marcador ni a los mismos almerienses, más temerosos que nadie de que podía llegar en cualquier momento.

Osasuna funcionó como un bloque, pese a que Jagoba retocó el conjunto en una de sus figuras más fiables, la de Unai García. Le dio descanso presumiblemente en aras de recuperar a Aridane, al que necesita sí o sí en compromisos ineludibles de la segunda vuelta. El melenudo sufrió como siempre con el pie e incluso no se le vio tan fiable en el salto, pero debe estar preparado para sumar en lo mucho que resta hasta el final de temporada.

Otro cambio en el once inicial lo protagonizó Iñigo Pérez cubriendo la baja del insustituible Mérida. Las prestaciones de uno y otro no son exactamente las mismas, pero el hecho diáfano es que los almerienses carecieron de claridad justamente donde merodeaba el chantreano junto a Oier, que cuaja una de las campañas más completas de su carrera deportiva. A destacar el trabajo ímprobo, aunque sea de sota, caballo y rey, de Brandon, que obtuvo el premio del ‘gola’, y las labores de Rubén García, que anota en su haber otra asistencia fruto de su trabajo incansable, y de Roberto Torres en su labor de dar poso al conjunto.

En el fondo, ganar fuera no resulta tan complicado ante, al menos, la mitad de los equipos de la categoría. Es preciso algo tan ‘difícil’ como mentalizarse, tener ideas claras, objetivos creíbles, confianza... Y al final, Osasuna exporta a domicilio objetivos emanados de conceptos caseros, aunque sea originados por exclusión. El caso es que no pintan bastos, sino oros o… copas, a elegir. Afortunadamente. Pero hay que seguir con las espadas en alto. Partido a partido, sin comerse el tarro, sin imaginar más nada más allá de la semana siguiente.

POSDATA. La ilusionante realidad deportiva no concuerda, desgraciadamente, con el estado de otras áreas del club. Preocupan, por ejemplo, los ataques a la libertad de expresión y de información en Osasuna. Nunca habían ocurrido en la historia del club rojillo, y menos con la virulencia, torpeza y censuras pueblerinas con las que han llegado últimamente, pero llevaban un año justo fraguándose. Iremos dando cuenta. Es la única forma de digerir la comida navideña, tan lejos y tan cerca. En la posdata hablaremos en adelante de esto y muchas cosas más.


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