Opinión / osasuNAvarra

Me duele esta Navarra

Por José Mª Esparza 27 noviembre, 2015 - 0:17

Duele todo, empezando por el ultraje al mismo Dios, claro. Luego viene la deriva social que impulsan las autoridades. Duele todo.

Quizás el principal problema de la exposición en Conde Rodezno sea la desacertada valoración de los hechos. Para un creyente, y yo lo soy, vaya por delante, no se ha ofendido a la religión, ni desarrollado la libertad de expresión o dado un espacio al arte.

Se ha arrastrado por calles y casas a mi mismo Padre. No puedo sufrir mayor dolor. Y pido a la autoridad que cede la sala y al autor de la exposición que así lo consideren.  Tengo ese derecho. Una Sagrada Forma no es para mí un símbolo, es Jesucristo mismo.

Comprendo que haya personas que no entiendan esto como yo, acepto debates sobre la religión, o que me cuelguen etiquetas al hilo de una monserga más de los de siempre. Pero de ahí a invadir lo más profundo de mi intimidad, que es un Sagrario, y a pisotearlo físicamente por las calles, hay un abismo. Ahí no caben debates ni discusiones, es mi derecho. Nadie puede invadir y arrasarme como persona.

Le voy a poner a la autoridad competente un ejemplo ilustrativo. ¿Entendería que, con la patente de corso de la libertad creativa, un autodenominado artista ataviado con una ikurriña, se la quitara y desnudo completara su performance, su happening, pateándola mientras la quema?

No faltarían argumentos para justificar, o simplemente explicar, la supuesta acción artística.  No merece la pena entrar en ello, ni tampoco banalizarla como la quema de un trozo de tela.  Hay muchas interpretaciones de cualquier bandera, y de la ikurriña tantos o más, pero ninguna suficiente para herir con ella los sentimientos de una persona y menos para meterse con los de un pueblo. Algo de eso ha ocurrido en Conde Rodezno.

El autor de la exposición sabía perfectamente lo que hacía. Actuó con premeditación y alevosía, y con el beneplácito de las autoridades que le abonan un favor. Unos y otros justificarán la acción con los argumentos más peregrinos, incluso con historias personales que vaya usted a saber su veracidad, pero, por favor, sin prostituir más el arte o manosear la libertad de expresión.

A la pederastia hay que combatirla de otra forma. Los casos ocurridos dentro de la Iglesia no justifican tal ataque al todo, como los casos habidos en la enseñanza no invalidan el sistema educativo. Hay que ser un poco más serios, coherentes y consecuentes. El Arte construye, une, engrandece al hombre, tiende puentes al entendimiento, inclusive el de la protesta, la denuncia incómoda o el arte de lo feo.

Finalmente, duele ver así de desvertebrada y rota a la sociedad navarra. Una parte de ella justificando, vitoreando o arreciando más y más la humillación de la otra, en este caso con el sesgo de la religión. Aunque solo fuera por cultura, por los valores cristianos que han construido esta sociedad occidental, habría que actuar con más respeto hacia la conciencia de las personas.

La desprotección es total. En aras del progresismo aquí te pisan y, si te quejas, pobre de ti por la que has armado. Alarma semejante deriva social, en valores, criterios y… mejor no seguir. No hablamos de política, ni de ideologías o partidismos. Se trata de defender lo más profundo de cada persona, su conciencia, para que todos podamos vivir en libertad


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