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De carnavales en El Sadar

Por José Mª Esparza 23 febrero, 2020 - 17:53

Hasta el tiempo de descuento, con un cabezazo dormido, no disparó Osasuna entre los trespalos. El Granada le dio un repaso en toda regla. Obtuvo un marcador escaso.

Partido entre Osasuna y el Granada disputado en el estadio de El Sadar. MIGUEL OSÉS
Partido entre Osasuna y el Granada disputado en el estadio de El Sadar. MIGUEL OSÉS

Hoy adquieren más valor, si cabe, los tres puntos de San Mamés. Menos mal. Lo mejor es que la vista del Granada ni cuente. No ya por los puntos escapados, que serían lo de menos, sino por la imagen ofrecida. Los rojillos dieron sencillamente pena. Salieron a verlas venir, y fueron pasados por encima en su casa sin ningún miramiento. Mejor dicho, con algún miramiento, porque, si no, los granadinos se vuelven a casa con media docena de goles de botín. Si Soldado no cae presa de eso, del miramiento a Aridane en su tercer fallo letal, anota el tercero sin aquello, es decir, sin miramiento. El Sadar asistió a un domingo de Carnaval donde no reconoció a los suyos, en vez de a un partido de fútbol.

El Granada de Diego Martínez mostró otra cara en El Sadar. Ha cambiado. Ya no es el conjunto que despropone en lugar de proponer, que vigila y no pasa a la acción, que duerme a las ovejas en vez de despertar a los buitres. Ya no juega a que no pasen cosas, prefiere que ocurran. Además, demostró conocer al rival como nadie. Casi le bastó con descolocar a los rojillos cambiándoles de campo y, tras el pitido inicial, poner nervioso a Aridane, que volvió a las andadas, justo la semana de su renovación y llenar los periódicos de frases grandilocuentes, medio vacías, de las que gustan a los chicos de Prensa. Primer fallo, primer gol. Segundo fallo, segundo gol. Tercer fallo, miramiento de Soldado. A partir de ahí, “compañero: toma este balón, fállalo tú”.

Decía Jagoba que hubo demasiados regalos en defensa, y lleva razón. Lo que se olvidó decir es que no hubo nada en ataque. Hasta el tiempo de descuento, con un remate de cabeza a cámara lenta, no mandó Osasuna el balón entre los tres palos. Con la defensa haciendo aguas y un ataque inexistente, poco comentario debería quedar. Y sin embargo, queda mucho. Hay que hablar de la actitud, de la mentalización. Desde el inicio, estuvieron los nazarís con un plus o dos de intensidad por encima de los rojillos. Llegaban a todo y estos, a nada. Centraban en largo o en corto, daba igual, nadie les interfería. Suyos eran los balones divididos, y los demás. La mayoría de los centros del equipo de Jagoba les fueron también a ellos.

Un recital, oiga, que sí, un recital. El equipo de casa tiró ya la toalla en la primera parte, ante El Sadar atónito. Lógico. Nadie iba a ninguna parte, ni tampoco remaba para intentarlo. Todo siguió igual tras el 0-1, tras el 0-2, tras el aviso del 0-3, tras el 0-3. Los cambios llegaron tarde, muy tarde, en un partido que pedía a gritos poner a calentar desde el tercer minuto a potenciales sustitutos, aunque solo fuera por despertar a tanto jugador dormido en el campo. Y salió al final Adríán, que todavía debe estar mirando a su alrededor a ver si encuentra el balón, desde luego que no a la espalda del compañero. Y salió Fran Mérida cuando ya nadie intentaba ni el gol de la honrilla, y cambió la faz de la tierra, porque, con él, este equipo es otro.

Mérida fue el único capaz de zafarse de la tela de araña que tendió Diego Martínez en la medular, aunque, claro, a esas alturas de la película, todo le daba igual al extécnico de Osasuna, que volvió sus más íntimos registros, a dormir El Sadar, pero en sentido inverso. A mitad de la segunda parte ya abundaban las calvas en la grada, ¡mamma mía, qué pasará con la futura ampliación! El caso es que Rubén García lo intentaba por su cuenta, Brasanac no enlazaba con nadie, Oier se descomponía con el desbarajuste, Íñigo Pérez le dio con el pie cambiado, y a Róber no le salía nada. En fin, 4-4-2 defensivo o 4-3-3 ofensivo, ¡qué más da! Ni lo uno ni lo otro. El peor partido de la temporada.

Hay que pensar que resulta inevitable, al menos, un partido metafísicamente tonto. A todos los equipos, incluidos los grandes, les ocurre. ¡Qué vas a hacer! Sin embargo, por encima de tener el día negro, hay otros detalles que llaman la atención. Dos en concreto: la forma física y la falta de referencia para el gol. De lo primero, venimos alertando al menos media docena de jornadas. Queda muy lejos cuando llegábamos todos a defender, o íbamos todos a atacar. Esto resulta especialmente grave sin el Chimy, que se inventaba los goles. Ahora, Enric Gallego se harta de peinar balones adelante, es decir, a nadie. Adelante ya no hay nadie. El primer remate entre los tres palos llegó en el descuento…

POST DATA. Osasuna es mucho más que lo futbolístico (25). “Somos un equipo”. Casi, y sin casi, como espoleta del centenario que el Archivo General de Navarra dijo que fue el pasado mayo, el equipo de Prensa presentó en diciembre el documental Somos un equipo, sobre la intrahistoria del último ascenso. La última cifra de espectadores en La Morea que leí era de entre 7.000 y 8.000, es decir, la media de pinchazos de cualquiera de estas post-datas, por dar una referencia. Y para semejante viaje, tales calzas.

No sale ni un gol, bajo el impresentable pretexto de no poseer los derechos. ¿Se intentó comprar alguno? ¿Cómo no le negarían a Osasuna los que quiera, si cualquiera los tiene? El guion iba por otro lado. Es el primero de la historia de un club que entrevista a más personas institucionales (Fran Canal, Sabalza, Ardanaz, Braulio, Cata) que de la parte deportiva (Arrasate, Oier, Torres y Rubén García). ¡Vaya tela! Un documental para mayor gloria del factotum y sus acólitos.

Recuérdese que Fran Canal llegó para reestructurar la plantilla laboral, echó a los dos de Prensa y, a costa de semenciadas o de comisariado político, ya tiene colocados ahí a cinco, con otro cámara de apoyo.

Esta post data lleva dos meses escrita. La actualizo. Esta semana se ha ido Juan Villar al Rayo y ha dejado una carta de despedida. Normalmente, estas cartas las redacta Prensa, que luego las distribuye. En este caso, se repartieron dos versiones, por cierto, ambas sin agradecimientos a Arrasate. ¿Dónde estuvo la diferencia? En la segunda apareció el agradcecimiento a Fran Canal. Pues eso, “Somos un equipo…”.


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