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Opinión / osasuNAvarra

Una bomba de relojería en El Sadar

Por José Mª Esparza 02 octubre, 2021 - 18:05

Noventa minutos de trabajo, insistencia, presión ambiental, de madurar con fe un partido táctico, trabado, poco vistoso. La explosión final llegó en la prolongación. Dinamitó el estadio y la Liga sintió la onda expansiva.

Partido entre Osasuna y el Rayo Vallecano correspondiente a la jornada número 8 disputado en el estadio de El Sadar de Pamplona. MIGUEL OSÉS
Partido entre Osasuna y el Rayo Vallecano correspondiente a la jornada número 8 disputado en el estadio de El Sadar de Pamplona. MIGUEL OSÉS

Victoria peleada, trabajada al máximo, poco brillante pero muy intensa, tan poco vistosa como paciente, a base de insistencia y acompañada de mucho ambiente. Triunfo ‘in extremis’ ante el Rayo, otro más, pero justo. Tres puntazos ganados a los puntos en un partido de igualdad casi total en defensa, aunque con diferencias sustanciales en ataque que al final mandaron al carajo las estadísticas de un partido donde se habían erigido en protagonistas absolutas, empezando por la del número de espectadores. Hay que tirar de hemeroteca para recordar en El Sadar más de 19.000 aficionados.

Siete remates de cada equipo, el mismo número de balones perdidos (164), las mismas tarjetas amarillas (3), similar posesión (51 y 49), cantidad de pelotas recuperadas (79 y 75), de pases (286 y 274) o de duelos ganados (56 y 64). Llamativa igualdad entre los dos equipos que Manu Sánchez deshizo al cabecear en plancha como pudo un centro de Cote. Así Osasuna hizo buenos sus mejores guarismos en ataque con doble número de córners y, sobre todo, tres remates a portería por ninguno de los vallecanos.

Los partidos tácticos rara vez superan el apelativo de aburridos, y sin embargo la victoria ante el Rayo podría resultar una excepción por la intensidad en el juego, la concentración, las ganas de los chicos de Jagoba para llegar al área, ínfulas que tampoco supieron concretar con demasiado acierto, si bien mantuvieron vivo el cordón umbilical entre la grada y el césped. El Rayo vino a empatar y casi lo consigue. Trenzó dos líneas de cuatro tan juntas que ni dejó infiltrarse a nadie entre ellas. Aplacó los ánimos rojillos en la primera mitad y, pese a la salida en tromba tras la reanudación, también en la segunda.

Por primera vez en la temporada apostó Arrasate con relativa claridad por dos delanteros. Mantuvo a Kike García y, en la media hora última, sacó al Chimy para acompañarle. La salió bien de alguna forma ya que entre ambos arrastraron a los centrales, dejando así el camino expedito a Manu Sánchez. Bingo, y nunca mejor dicho. La diosa Fortuna también cuenta. Hasta entonces las llegadas al área habían sido frecuentes desde cualquier vía, desde las bandas o por dentro, en jugada o a balón parado, pero siempre engullidas por la impenetrable defensa vallecana.

El técnico rayista Andoni Iraola sabe que a Jagoba le gusta que pasen cosas y centró sus esfuerzos en impedir que esto sucediera. Renunció al ataque casi de forma absoluta, su goleador Radamel Falcao apenas tocó balones durante una hora, y siempre muy lejos del área. Sus compañeros andaban ocupados en presionar al rival o cruzarse en cada uno de sus desplazamientos de balón. En fin, sólo Osasuna intentó algo más y de forma más clara, incluso apostando por dos delanteros en el campo, opción en la que el técnico deberá profundizar para rentabilizarla mejor. El parón liguero llega en buen momento.


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