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No bastó con combatir, ni con competir

Por José Mª Esparza 15 diciembre, 2019 - 10:11

Osasuna combatió hasta el final, también compitió, e incluso dejó buena imagen, pero en el Metropolitano se impuso la lógica. Solo el fichaje de Morata costó más que el pago anual de la plantilla rojilla. Y por otros ha pagado tres veces más.

Partido entre Osasuna y el Atlético de Madrid en el estadio Wanda Metropolitano. EFE
Partido entre Osasuna y el Atlético de Madrid en el estadio Wanda Metropolitano. EFE

Hubo tuteo, si bien con la boca pequeña. No jugó mal Osasuna, y hasta empata en casi todas las estadísticas con el Atlético, excepto en los dos goles, pero siempre consciente de las serias dificultades, casi imposibilidades, de sacar del Metropolitano algo más que la palmada en la espalda por sus buenas intenciones. Atacó, y hasta trató de dar primero, aun con el ánimo encogido. Sin creérselo del todo, entre otras cosas porque hacerlo habría sido de auténticos suicidas, de kamikazes en estado de locura. El equipo de Jagoba Arrasate salió a hacer su partido, lo cual significa hacer más entretenida esta Liga. Lo malo es que el Atlético también salió a hacer el suyo, aspecto donde mantiene un debe con el espectáculo, pese al supuesto potencial de su plantilla.

El Atlético planteó una apuesta relativamente ramplona. Se sintió cómodo con el balón en pies de Osasuna para tratar de llegar antes a los balones divididos o al corte de los pases ajustados del cuadro navarro. Su estrategia clásica del contragolpe, balón parado y poco más. Para rentabilizar su propuesta, confiaron curiosamente, además de en su contrastado sistema defensivo, en la combatividad de los hombres de Arrasate. Al final lo lograron. Les costó, pero dieron con la tecla. Primero toparon con el estado de gracia de Sergio Herrera, y también con el acierto del juego rojillo que no hacía concesiones, pero después se aprovecharon del desgaste, que pesó más en el débil.

Ya al final de la primera parte el potencial atlético intensificó el cerco, y lo mismo sucedió entrando en la rampa final del encuentro. Un fallo de marcaje y un balón perdido en medio del desbarajuste defensivo debido a un doble cambio de dorsales, sentenciaron a Osasuna mientras trataba de reponerse y contrarrestar el empuje colchonero. Para entonces tuvo que sufrir el descarado ninguneo de un penalti a Brasanac sobre el césped o el descompensado trato mediático a los dos contendientes. Basta comparar las veces que la cámara enfocó a Simeone y a Arrasate para comprender que, además de los presupuestos, pesan otros muchos factores.

Centrados en Osasuna, la apuesta de su entrenador se llamó Darko Brasanac, en una demarcación exigente y relativamente novedosa. Tras su gran partido ante el Sevilla como timonel del equipo, el técnico vizcaíno le alineó en Madrid en tres puestos a la vez: con libertad de movimientos en ataque, reforzando el centro del campo, y completando líneas de cinco defensas. En las tres lo hizo bien. Peleó adelante y gozó de ocasiones, dio poso en la medular al tándem Oier-Mérida, y trabajó en defensa. Poco más se le puede pedir a un jugador tan discreto como eficaz, que sabe estar.

La estrategia de tutear al Atlético careció de un pelín de suerte, pero sobre todo de mayor convencimiento para conseguir algo más que una buena imagen, algo que no se perdió ni con los dos goles en contra. Hasta entonces siguieron buscando los hombres de Arrasate el gol de la honra que ciertamente merecieron. Para hacer gol en el Manzanares, donde si no llegas a tiempo encuentras siempre a ocho defensores en el área, hay que hacer muchísimas cosas bien, y para puntuar hay que hacer bien todas los noventa minutos, algo que yendo al límite cuesta lo suyo. Si el Chimy hubiera tenido que correr algo menos y más acompañado, seguro que habría ajustado mejor el pie en las oportunidades que tuvo. Osasuna hace lo que puede, que no es poco.

De todas formas, el partido del Metropolitano no es de los que cuentan al planificar el campeonato. Si suena la campana, mejor que bien, pero lo lógico es que ocurra lo que sucedió. En cambio, en la Liga de Osasuna cuenta de lleno el próximo partido ante la Real, y ahí sí que las espadas están bien altas.

POST DATA. Osasuna es mucho más que lo futbolístico (17). Y después de Sabalza, ¿qué? El pasado martes cumplió cinco años Luis Sabalza al frente del club, donde continuará hasta 2021, tras los fastos extemporáneos del centenario ninguneado. El problema es qué sucederá después. El presidente se desentiende. “Eso habría que preguntárselo a otros, porque yo, por estatutos, no puedo presentarme otra vez”, dice al efecto.

Con la dificultad de avalar el 15% de un presupuesto en Primera, y más dada la ambigüedad de la redacción estatutaria, y más todavía con una Junta Electoral servil, el problema será gordo si antes no cambia la Ley del Deporte, y seguramente aunque lo haga. Lo desgranaremos. Entre tanto, el factotum hace unos días, con todo el micrófono para él, ¡manda carallo!, se erigió en defensor del club gracias precisamente a esas “cortapisas” estatutarias suyas, y volvió a cargar contra el empresario mexicano Mauricio García de la Vega, lo cual tiene mucha enjundia, que ya desgranaremos.

Hablando del factotum, igual la gestión de El Sadar le trae de cabeza, vaya usted a saber. Si es así, que también apacigüe a los boxes quejosos de su gestión en el insuficiente catering. Por 15.000 euros las cuentas no les cuadran.


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