Opinión / Construcciones y derribos

Barra libre para los amigos de Asirón

Por Fermín Alonso 18 Mayo, 2018 - 9:39

A Asirón le duraron las buenas intenciones lo que tardó en pronunciar su discurso de investidura.

Exposición Arte y Memoria en Plazara, edificio del Ayuntamiento de Pamplona, en la que se representan las Javieradas junto a las figuras de Hitler y Franco. NAVARRA
Exposición Arte y Memoria en Plazara, edificio del Ayuntamiento de Pamplona, en la que se representan las Javieradas junto a las figuras de Hitler y Franco. NAVARRA

Comenzó la legislatura comparándose con Carlos III ‘El noble’ y mostrándose supuestamente ansioso por que “el Ayuntamiento que hoy se constituye sea el motor que nos permita superar los fosos y las murallas que en los últimos tiempos nos han separado”.

Arrogancia, horteradas y adolescente prosa al margen, tiene narices el asunto.

Pocas cosas habrá en nuestra tierra que unan más a personas de todas las ideologías y clases sociales como las Javieradas. La devoción al patrón de Navarra, en su vertiente religiosa o en la más popular, no entiende de edades, siglas, códigos postales ni cuentas corrientes.

Sin embargo, el alcalde que quería ser Carlos III ha acabado permitiendo en un edificio municipal una exposición con un cuadro que viene a decir que las decenas de miles de personas que caminan cada año a Javier son unos nazis.

El edificio en cuestión es el palacio renacentista de Redín y Cruzat, entregado a dedo por el Ayuntamiento a colectivos afines a los partidos del cuatripartito hace apenas tres meses. Para ello, siguieron el mismo procedimiento (ninguno) que en el nuevo edificio ‘Antzara’ de Mendillorri, un espacio recién construido de 300 metros, en el que se han invertido casi medio millón de euros. Todo es poco cuando se trata de agradar a los colegas.

A un colega, además, no se le molesta cuando lo está pasando bien. Por eso, en el caso de los gaztetxes del palacio Marqués de Rozalejo (para ser antisistema hay que ver lo que les gustan los palacios y los chalés) y del de Rochapea, el Ayuntamiento había incumplido hasta hace apenas unas semanas su obligación de inspección de actividades.

Sin embargo, lo más grave no es sólo el trato de favor recibido por unos y otros por su cercanía al partido del alcalde y a sus socios, mientras el resto del mundo tiene que pagarse su bajera o apoquinar tasas e impuestos por abrir un bar. Lo peor es constatar para qué usan los amigos de Asirón los espacios que okupan o que les regala el Ayuntamiento.

En estos meses hemos visto pancartas proetarras en los gaztetxes, pintxopotes solidarios con los presos, charlas de Valtonyc (el rapero que cantaba “para todos aquellos que tienen miedo cuando arrancan su coche, que sepan que cuando revienten sus costillas brindaremos con champán” entre otras barbaridades) o exposiciones como la de esta semana.

Si a eso le unimos la extraordinaria permisividad con los carteles en favor de los miembros de ETA colocados en las fiestas de los barrios y que sólo son retirados pasados los fastos, tenemos una estupenda macedonia de odios, rencores e intolerancia al más puro estilo Bildu. No tienen más proyecto.

Y es que, por mucho que sus palabras vayan en una dirección, todas las acciones de Asirón desde que se sentó en el sillón de alcalde, van en la contraria. Barra libre para sus amigos y mucho insulto, ofensa y castigo para los demás.

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