Opinión / In foro domestico

Parias de la clase trabajadora

Por Ángel Luis Fortún Moral 08 junio, 2017 - 9:23

Estaría fenomenal hacer un recuento público (una de esas auditorías ciudadanas) para revisar todas las horas invertidas en el Parlamento y en los Ayuntamientos en declaraciones de apoyo a los derechos laborales de todo grupo de trabajadores y trabajadoras de todo el mundo mundial.

Un coche de la Policía Municipal de Pamplona. IÑIGO ALZUGARAY
Un coche de la Policía Municipal de Pamplona. IÑIGO ALZUGARAY

¿Todo? No. Cuando toca gobernar, el debate político se aparca y sale el empleador que se lleve dentro; se eluden las pancartas, a las que tanto rédito electoral se pretendió sacar, y se hace el discurso de la responsabilidad y del quiero pero no puedo por el lastre anterior o porque, fíjese, ya están bastante bien sus condiciones ¿no?

Cuando se trata de empresas (privadas, capitalistas…) todos los ajustes laborales, cierres, reestructuraciones o negociaciones salariales y de condiciones de trabajo, se consideran de interés público y el político derrocha entendimiento y solidaridad, buenas palabras y casi ninguna medida efectiva. Que se vean las fotos y los titulares, que se vea que el partido o el político está con los derechos de las trabajadoras y trabajadores. Es más, que se vea que está mucho, pero que mucho, mucho.

¿Y la policía también son trabajadoras y trabajadores con sus condiciones y derechos laborales? ¿O acaso se les puede exigir de todo y a cambio de nada? Nada menos que un nuevo modelo policial es lo que siempre se anuncia a bombo y platillo. Como si todo lo anterior fuese basura. Y, por supuesto, cambios radicales pero sin contraprestación, ni formación, ni tan siquiera atención, que es lo mínimo que merece el trato a las personas.

Policía que haga mediación, que atienda con suma delicadeza, sin porras, sin armas, sin coerción alguna, pero con cara amable y bien cerca, para que se note que hay cambio en las formas del gobierno.

Ahora, cuando les parten la cara, que han puesto cercana y amable, ¿qué? Silencio. A eso no hay respuesta. Ese accidente laboral, porque es un accidente laboral, no merece mociones, ni grupos de trabajo del Parlamento o del Ayuntamiento que estudie la situación laboral. Ni tan siquiera una declaración institucional mostrando las repulsas ante una casi segura explotación laboral que beneficia al empleador a costa de la siniestralidad laboral de las trabajadoras y trabajadores.

Que le partan la cara a la policía es un accidente laboral de segunda categoría, de los que no merece la pena… ¿ni siquiera llamar para preguntar por el estado de las personas, de carne y hueso, que están dentro del uniforme? ¿Ni eso merecen?

Aún es peor. Podría entenderse que por exigencias de gestión se priorizan recursos y, en consecuencia, determinados ámbitos del personal deben esperar su turno. Sin embargo, el desdén hacia la situación laboral de la policía evidencia una ausencia completa de consideración hacia sus exigencias laborales, convirtiéndolos en auténticos parias de la clase trabajadora, a quienes se invisibiliza su dignidad laboral.

Manifestar alegremente que sobra policía o declarar a los cuatro vientos que el modelo policial es nefasto, es atizar directamente contra el esfuerzo y la dedicación de varias decenas de profesionales que llevan años tratando de hacer lo mejor posible su trabajo y su profesión, institución pública que prevalece por encima de personas y partidos. Empeño y dedicación profesional, sacrificios y desvelos personales hechos incluso a costa del responsable político de turno.

Los discursos políticos estarán llenos de exigencias, ajenas, de respeto a la dignidad laboral, sin embargo, sus actuaciones concretas demuestran una absoluta incapacidad y una completa falta de sensibilidad ante el padecimiento de las personas, hombres y mujeres, que están bajo su directa responsabilidad. Como en cualquier situación de abuso, parecen muy majos con los de fuera, nadie diría que luego machacan sin consideración alguna a quienes tienen bajo su responsabilidad. Políticos de grandes declaraciones, sí, pero ruines en sus actuaciones.


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