Opinión / Desde Baluarte

Una torre de marfil

Por Ana Ramírez García-Mina 19 noviembre, 2017 - 8:52

Crítica del concierto del contratenor Philippe Jaroussky y el Ensemble Artaserse celebrado en Baluarte. 

Concierto de Philippe Jaroussky (contratenor) y el Ensemble Artaserse en Baluarte. FOTOS: IÑAKI ZALDUA / BALUARTE.
Concierto de Philippe Jaroussky (contratenor) y el Ensemble Artaserse en Baluarte. FOTOS: IÑAKI ZALDUA / BALUARTE.

Ficha:

Lunes, 12 de noviembre de 2017, 20.00h. Concierto enmarcado en la temporada de la Fundación Baluarte.

Philippe Jaroussky (contratenor) y el Ensemble Artaserse.

Asistencia: más de tres cuartas partes del aforo.

Programa:

Arias y oberturas de óperas de G. F. Haendel (1685-1759): Radamisto, Flavio, Imeneo, Serse, Siroe.

UNA TORRE DE MARFIL

La ópera se detiene por unos minutos. Aunque el nudo de la trama arda sobre el escenario, todos los personajes callan: en un aria (aire, en italiano), sólo cabe la voz de un personaje. Y sus emociones humanas, en carne viva, como resultado del drama operístico. El bel canto propio de la ópera barroca tardía (virtuoso y de complejidad armónica, en oposición al canto recitativo) congela la acción y relega el libreto a un segundo plano.

Un aria de Haendel se instala en lo más profundo de la psicología occidental, pero su belleza la sitúa en una torre de marfil, muy lejos de la existencia cotidiana. Exalta las emociones humanas y las muestra nítidas en el pentagrama. Para Vargas Llosa, la ficción en el arte “nos desagravia de los reveses y frustraciones que nos inflige la vida verdadera y gracias a ella desciframos el jeroglífico que suele ser la existencia para la gran mayoría de los seres humanos”.

En el Auditorio Baluarte, se representaron arias de óperas compuestas por G. F. Haendel entre 1720 y 1740. El contratenor Philippe Jaroussky presentó en Pamplona su último lanzamiento, The Haendel Album, en el que rescata fragmentos de las obras menos representadas del compositor: Imeneo, Flavio, Radamisto, Serse o Siroe.

En la primera parte, Jaroussky y el Ensemble Artaserse destacaron en la interpretación de “Se potessero i sospir miei”, de la ópera Radamisto. En la voz del contratenor, un control absoluto de la respiración, proyección y, al final, un sonido limpio e íntimo. Quizá en los graves su potencia fue algo menor. La orquesta ofreció un acompañamiento brillante, acorde a la personalidad del cantante. El contraste entre los distintos matices apareció nítido y rotundo. En los afectos del aria, el conjunto mostró distintas facetas: el lirismo del punteo en la tiorba o la solemnidad del fagot o los violonchelos.

Fue en la segunda parte donde brilló el virtuosismo y la sensibilidad de Jaroussky. En el aria “Ombra cara”, de Radamisto, el fagot y el contratenor se fundieron en un diálogo triste y hermoso. Con una proyección delicadísima, Jaroussky mostró todos los colores de su voz en el registro agudo. Llamó la atención su control absoluto sobre los matices.

 Capaz de reducir o aumentar su volumen a gran velocidad, el canto de Jaroussky puede ser profundo, encoger el estómago o llenar el auditorio con su potencia. En “Rompo i lacci”, la orquesta preparó la tormenta. Con fuerza y compenetración, aunque sin director, el conjunto acompañó al contratenor en el aria de bravura (fragmentos especialmente complicados, destinados a ensalzar las habilidades de los cantantes). Jaroussky lució unas semicorcheas perfectamente articuladas y nítidas, que desembocaron en su última nota, sorprendente por encontrarse fuera del registro agudo de contratenor.

El Ensemble Artaserse ofreció algunas oberturas de las óperas y fragmentos de los doce Concerto Grosso de Haendel. Fueron interpretaciones originales, con personalidad, de las que destacó la belleza y sensibilidad del solo de oboe en el segundo movimiento del Concerto Grosso Nº2. Como una de las tres propinas, Jaroussky regaló al público el dolor del aria “Pena Tiranna”, de la ópera Amadigi di Gaula.

En 1741, un patrón inglés se acercó a Haendel para felicitarlo tras el estreno de El Mesías por “tan noble entretenimiento”. Extrañado, el compositor respondió: “Lamentaría mucho si sólo les hubiera entretenido; mi deseo era hacerles mejores”.


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