Opinión / Desde Baluarte

Una ópera disfrazada de Réquiem

Por Ana Ramírez García-Mina 26 junio, 2018 - 9:21

Crítica del concierto de la Orquesta Sinfónica de Euskadi con el Orfeón Donostiarra celebrado en Baluarte el 19 de junio de 2018 en la sala principal del Auditorio Baluarte.

Último concierto de temporada de la Orquesta Sinfónica de Euskadi con la actuación del Orfeón Donostiarra y los solistas Pabyan, Resmark, Machado y Siwek. ALZUGARAY
Último concierto de temporada de la Orquesta Sinfónica de Euskadi con la actuación del Orfeón Donostiarra y los solistas Pabyan, Resmark, Machado y Siwek. ALZUGARAY

“Una ópera con vestiduras eclesiásticas”. Así es como Hans Von Bülow describió la Misa de Réquiem de Giuseppe Verdi. Puede que el crítico alemán escuchara en la obra un obstáculo: algo que sustituye la liturgia de los difuntos por las pasiones de la ópera. Es la ironía que descansa en Verdi. Su música no apela a la espiritualidad de quienes lo escuchan, sino a su cuerpo. Con sus instintos y su miedo a morir. El compositor italiano se decía ateo, y compuso un Réquiem para llorar a los muertos desde tierra firme. 

Por eso es dramático y efectista, pero anclado en el más acá. Con esta misa de difuntos cercana y atípica despidió su temporada la Orquesta Sinfónica de Euskadi. En el escenario del Auditorio Baluarte, Robert Treviño comenzó con un Introito sentido y unas pausas acertadas. Las intervenciones del coro, casi susurradas en el principio, se enlazaron bien con las de la orquesta. La batuta del estadounidense supo contener la tensión hasta el primer pasaje clave para el coro: la fuga “Te decet hymnus”.

A diferencia del “Sanctus” final, el Orfeón Donostiarra se mostró seguro en cada una de las entradas y resolvió la sonoridad arcaica de la fuga con éxito. Treviño movió sutilmente el tempo hasta llegar a un “Dies Irae” apoteósico en la fuerza de coro y orquesta. La batuta fue, en general, ligera. Treviño respetó con acierto los silencios del “Introito” y resaltó su dramatismo.

El Orfeón mostró, salvo excepciones puntuales, un sonido redondo y empastado. Muy delicado en el “Agnus Dei”, bien articulado en el “Rex Tremendae” y encendido en el “Dies Irae”. La Orquesta Sinfónica de Euskadi también sonó ambigua (afinación y tempo) en algunos pasajes. Pero, a grandes rasgos, fue un Réquiem coherente y bien ejecutado.

La soprano Amanda Pabyan presentó una voz con volumen, pero su vibrato y color en los agudos fueron algo tensos. En los pasajes junto a los otros tres solistas, tuvo algunas dificultades para empastar y el resultado no fue redondo. En el “Liberame” final y la reexposición coral del “Introito”, el Orfeón acompañó con una gran solvencia a la cantante. Payban resolvió acertadamente su papel, aunque su voz se escuchó tensa en las tesituras extremas.

Susanne Resmark, mezzosoprano, presentó un timbre más conseguido. Sus partes no estuvieron conjuntadas con la dirección de Treviño, y estas diferencias de tempo se observaron especialmente en sus arias, quizá causadas por las pausas expresivas y respiraciones poco delicadas de la cantante.

Del tenor Aquiles Machado cabe destacar su buena proyección, afinación y vibrato. Sin embargo, las arias “Hostias et preces” o “Ingemisco” (quizá unas de las más bellas en el Réquiem) no presentaron apenas matices. Adelantándose en ocasiones al tempo de Treviño, las melodías del tenor sonaron correctas, pero tensas y estáticas.

El bajo Rafal Siwek fue el mejor solista de la noche. Potencia notable, timbre redondo, afinación y tempo adecuados, y en consonancia con la Sinfónica de Euskadi. También supo explotar la solemnidad de su parte prestando atención al carácter marcado por Treviño. Quizá su “Mors Stupebit” fue demasiado ligero en tempo.

Dolor, muerte, miedo y admiración por lo divino. El Réquiem de Verdi contiene los dogmas de una misa de difuntos y, además, algo de burla e ironía. La Orquesta Sinfónica de Euskadi, el Orfeón Donostiarra y solistas lograron un equilibrio inteligente e hicieron brillar esta ópera disfrazada de Réquiem.

FICHA

19 de junio de 2018 a las 20:00 en la sala principal del Auditorio Baluarte. Concierto enmarcado en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Euskadi.

Programa: Messa da Requiem “per Manzoni” de Giuseppe Verdi (1813-1901) [85’].

Orquesta Sinfónica de Euskadi, Orfeón Donostiarra.

Solistas: Amanda Payban (soprano), Susanne Resmark (mezzo-soprano), Aquiles Machado (tenor) y Rafal Siwek (bajo).

Director: Robert Treviño, titular de la Orquesta Sinfónica de Euskadi. Director del coro: José Antonio Sainz Alfaro.

Aforo casi completo.


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