Opinión / Desde Baluarte

Casi tres siglos

Por Ana Ramírez García-Mina 21 marzo, 2018 - 9:51

Crítica de la ópera de Ariodante en formato concierto organizado por la Fundación Baluarte.

Ópera de Ariodante de la Fundación Baluarte. IÑAKI ZALDÚA
Ópera de Ariodante de la Fundación Baluarte. IÑAKI ZALDÚA

Ópera en formato de concierto, enmarcado en la temporada de Fundación Baluarte. Viernes, 16 de marzo, a las 20h en el Auditorio Baluarte.

Asistencia: algo menos de tres cuartas partes del aforo.

Ariodante, de Georg Friedrich Händel (1685-1759)

Les Arts Florissants.

Dirección: William Christie.

Ariodante: Kate Lindsey (mezzosoprano)

Ginevra: Chen Reiss, soprano

Dalinda: Hila Fahima, soprano

Polinesso: Christophe Dumaux, contratenor

Lucranio: Rainer Trost, tenor

Rey de Escocia: Wilhelm Schwinghammer, bajo

Odoardo: Anthony Gregory, tenor

CASI TRES SIGLOS

Cuando el príncipe Ariodante se cree traicionado por su prometida, Ginevra, la trama de la ópera se detiene. “Ríe, infiel, en brazos de tu amante”. Lamento del fagot, pizzicatos en la cuerda grave y disonancias barrocas en los violines. Ariodante se encoje y mezcla el dolor con la ira. Su canto no quiere ser noble, ni hablar de un amor soñado. Sólo es una pena clara. Y siglos de palabras amargas. Después de esta aria, casi diez minutos de aplausos en el Auditorio Baluarte. Era el final de la primera parte.  

La mezzosoprano Kate Lindsey fue la encargada de interpretar al protagonista que da nombre a la ópera de Händel, llevada por primera vez a Pamplona por William Christie y Les Arts Florissants. Con una voz nítida e impecable en las complicadísimas arias de bravura, la estadounidense destacó por mostrar las emociones del príncipe Ariodante en su canto. El amor, la ira y la amargura, todas afloraron en la voz de Lindsey con un dominio absoluto.

La amada de Ariodante, Ginevra, vivió en la actuación de Chen Reiss. La soprano ofreció una gran proyección. Desde uno de los primeros duetos con la protagonista, “Prendi da questa mano”, se escucharon una química y compenetración únicas. La otra soprano de la noche, Hila Fahima, interpretó a Dalinda. Menos vibrato y potencia, pero un canto delicado y preciso.

Respecto a las voces masculinas, el villano Polinesso corrió a cargo del contratenor Christophe Dumaux. El cantante supo llevar al escenario la ironía del aria “Deber, justicia y amor” en una voz expresiva y una articulación impecable en los pasajes virtuosos. El bajo Wilhelm Schwinghammer encarnó al padre de Ginevra, Rey de Escocia. Un papel solemne y humano: orgullo, decepción y, finalmente, el perdón a una hija. El cantante demostró un volumen indiscutible, si bien resultó algo estático en momentos puntuales. Cabe destacar la solvencia de los tenores Rainer Trost y Anthony Gregory en sus papeles de Lurcanio y Odoardo, respectivamente.

William Christie y Les Arts Florissants pertenecen a la cima de la interpretación histórica en el mundo. Así lo demostraron en el escenario de Baluarte. Una actuación enérgica, profunda y equilibrada de la música de Händel. También una absoluta sincronía en los pasajes orquestales y, en el acompañamiento de los cantantes, Christie dialogó, escuchó y abrazó sus voces. Un acorde solemne, de casi tres siglos, arrancó las ovaciones del público de Pamplona. Algunos, incluso, de pie.


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Casi tres siglos