Opinión / Desde Baluarte

Canto a la vanguardia

Por Ana Ramírez García-Mina 25 mayo, 2018 - 9:46

Crítica del concierto del concierto de la Coral de Cámara de Pamplona celebrado el martes 22 de mayo enmarcado dentro del Ciclo de artistas navarros.

Concierto de la Coral de Cámara de Pamplona. CORAL DE CÁMARA
Concierto de la Coral de Cámara de Pamplona. CORAL DE CÁMARA

La sorpresa es, en el mejor de los sentidos, una emoción infantil. El niño siempre mira con ojos redondos lo que le resulta incomprensible. Y cuanto más raro y nuevo, mejor. Así va aprendiendo el alfabeto, mientras deja que el mundo pase por el aro. Hasta que, un día, el niño deja su juego anárquico y ya nada le conmueve. Algo ha sepultado su emoción infantil. Serrat señalaba a los dioses, el idioma, los rencores y el porvenir. José María Goicoechea, fallecido el año pasado, guardó para la infancia un lugar privilegiado de su obra. 

Para su versión de la canción popular Txalopin, Goicoechea utilizó cuatro series de notas inspiradas en un acorde de la música original. El compositor beratarra las combina en contrapunto o en distintas secuencias para crear otro Txalopin. Así lo explicó David Gálvez, director de Coral de Cámara de Pamplona, recién galardonada con el Premio Príncipe de Viana de la Cultura.

En el Txalopin de Goicoechea, los efectos tímbricos del coro oscilaron entre la mencionada sorpresa, el lamento, los susurros e, incluso, un golpe en la carpeta. A la dirección gestual y expresiva de Gálvez respondieron las distintas voces de una obra disonante, con una rítmica compleja que a veces se convertiría en una danza ternaria. Los sonidos de Txalopin, aunque quizá confusos por su modernidad, guardaron, en palabras de Gálvez, “el amor de Goicoechea por la voz infantil”.

Muy distinto fue el otro estreno absoluto del mismo compositor, Teobaldiana I (Aurora Desintervalada). Goicoechea utiliza un texto atribuido a Ulibarrena, que trata sobre los enfrentamientos en la toma del reino de Navarra por parte de las tropas del Duque de Alba en el siglo XVI. Los cañones de la batalla vinieron de un tambor con parche de piel entre bastidores y un susurro agudo (“Aurora surgit lucida”). La voz infantil de Joan Arregui cantó el poema doloroso sobre las notas pedales de la soprano Isabel Señas y el ritmo del tambor. Las dos voces superaron las dificultades de empaste y afinación que esconde una obra de estas características, y crearon con acierto una atmósfera solemne.

El tercer estreno absoluto de la noche, Ancho mar de las Plegarias. El compositor de la obra, Tomás Marco, fue el encargado de la presentación. Habló de una contemplación de la plegaria alejada del sentido religioso tradicional. La palabra “paz” en 31 idiomas distintos constituye la letra de una pieza con indudables componentes étnicos. Marco destacó entre ellos el canto árabe, balinés, tibetano o la gran polifonía religiosa de Tomás Luis de Victoria.

La obra, compuesta para la Coral de Cámara de Pamplona, cuenta con una estructura a 12 voces: dos pequeños coros y cuatro solistas. Aunque los pasajes que homenajeaban a la polifonía renacentista se enmarcaron en una tonalidad, gran parte de la música se desarrolló en un lenguaje vanguardista y muy complejo. Tanto, que la Coral abordó el reto con diapasones en mano. El resultado fue más que solvente.

En uno de los fragmentos más delicados de la obra, las voces graves iniciaron un canon utilizando cuatro notas. Además de variar el ritmo y la articulación de cada voz, los tetracordos (las cuatro notas en escala) contaban con alteraciones diferentes. Sobre esa mezcla obsesiva de modos, las voces más agudas cantaron una melodía oscura para dar paso a una textura totalmente diferente: la de la invocación respiratoria tibetana. A través de los armónicos y las tensiones, la Coral construyó con sensibilidad lo que el propio Marco denominó “un edificio sonoro”.

Como colofón, la Coral de Cámara de Pamplona interpretó el Arrano Beltza, de Agustín González Acilu. Podría considerarse un reestreno: la obra sólo se ha interpretado una vez desde su estreno. Fue en el año 1977. Una ikurriña se desplegó en el anfiteatro del Teatro Gayarre, según la crónica de El País. El Diario de Navarra cuenta además que unos jóvenes repartieron un manifiesto bilingüe del EKA (Partido Carlista de Euskadi) en la salida. Las crónicas de los medios de entonces no dejan claro qué es lo que ocurrió en aquel estreno, también a cargo de la Coral de Cámara de Pamplona.

El texto es un poema de Joxean Artze ”Hartzabal” que repasa la historia de Navarra desde el siglo XIII. La obra utiliza onomatopeyas, murmuraciones y cantos que oscilan entre el lamento y el habla, al modo expresionista. Uno de los objetivos de Acilu en su Arrano Beltza fue el de explorar la sonoridad del euskera y su fonética.

La obra conmueve por su rotundidad y atraviesa el pensamiento de quien la escucha. El coro comenzó a recitar fechas significativas en la historia de Navarra, pero se detiene en 1609. La musicóloga Marta Cureses contó en la presentación de la obra que, en ese año, varios tribunales de la Inquisición mataron a 700 personas en Navarra, principalmente mujeres. Acilu señaló esta fecha con un minuto de silencio sobrecogedor.

La Coral de Cámara de Pamplona abordó las dificultades de la obra con aplomo y seguridad. La musicalidad del euskera y su rítmica en la creación de Acilu se mostraron claros y sugerentes. Para reafirmar el carácter de la obra, los miembros del coro dieron un paso sonoro hacia adelante. La obra de González Acilu, venida desde la vanguardia musical de los años setenta, continúa viva y emocionante.

FICHA

Martes, 22 de mayo de 2018, a las 20 h en la sala de cámara del Auditorio Baluarte. Concierto de la Coral de Cámara de Pamplona, enmarcado dentro del Ciclo de artistas navarros.

Director: David Gálvez Pintado

Programa:

Txalopin (versión para coro mixto), de José María Goicoechea (1924-2017). Estreno absoluto. Solistas: Marta Huarte, soprano; Ana Olaso, mezzosoprano; David Echeverría, tenor; José Antonio Hoyos, barítono

Ancho mar de las Plegarias, de Tomás Marco (1942). Estreno absoluto. Solistas: Ariadna Martínez, soprano; Ana Olaso, mezzosoprano; Miguel Bernal, tenor; Héctor Guerrero, bajo.

Teobaldiana I (Aurora Desintervalada), de José María Goicoechea (1924-2017). Estreno absoluto. Solistas: Joan Arregui, niño; Isabel Señas, soprano; Salvador Tarazona, percusión.

Arrano Beltza, de Agustín González Acilu (1929). Solistas: Mariasun Montoya, soprano; Ana Olaso, mezzosoprano; Rubén Lardiés, tenor; José Antonio Hoyos, barítono.


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