Opinión / Desde Baluarte

Bach para el insomnio

Por Ana Ramírez García-Mina 04 octubre, 2018 - 11:14

Crítica del concierto de András Schiff celebrado el 2 de octubre en el Auditorio Baluarte dentro de la temporada de la Fundación Baluarte.

Concierto de piano ofrecido por el músico Sir András Schiff en el Baluarte. FOTOS: IÑAKI ZALDUA
Concierto de piano ofrecido por el músico Sir András Schiff en el Baluarte. FOTOS: IÑAKI ZALDUA

Brahms aseguraba que, para ser un buen músico, hace falta pasar tanto tiempo leyendo libros como practicando un instrumento. Porque las melodías destinadas a los hombres de otro siglo no pueden entenderse sin la vida que las arropa. La interpretación de la Música Antigua (del Barroco y Renacimiento, principalmente) siempre ha generado debates. ¿Cómo tocar una partitura que se escribió para otro instrumento? ¿Cómo se leía la notación hace 300 años? Sólo hay una respuesta correcta: hagas lo que hagas, arropa la música. Con mantas de su tiempo o del tuyo, pero no dejes que se cuartee.

El Bach de András Schiff parecía gritar estas consignas en el escenario del Auditorio Baluarte. Las piezas que interpretó el músico húngaro, que decidió no volver a tocar en su país por las ofensas y ataques de colectivos ultranacionalistas, se escribieron cuando el piano era todavía un sueño en la mente de un inventor italiano. Esta circunstancia supone un abismo de decisiones, y Schiff lo atravesó de una forma sobrecogedora y casi imperceptible. Como si las Variaciones Goldberg fueran un juego de niños.

Johann Sebastian Bach las compuso para un conde enfermo de insomnio. En sus noches en vela, el noble pedía al clavicordista de su corte, Johann Gottlieb Goldberg, que permaneciera tocando para él. Entonces, Bach escribió para el conde unas piezas “de tal suavidad y de algún modo vivaces” que animaran sus noches: las Variaciones Goldberg.

András Schiff comenzó a construir este monumento bachiano con un Aria ligera, cuya línea de bajo configura el resto de la obra. El pianista húngaro parecía flotar sobre la música de Bach, hasta que aterrizaba en una pequeña apoyatura, un rubato mínimo, un fraseo sobrio pero lleno de vida.

Interpretó todas las repeticiones de las 30 variaciones sin resultar monótono. En cada una, introducía una pausa nueva, un pequeño cambio de dinámica o de carácter. En una de las últimas exposiciones del tema principal del Aria, eliminó toda la ornamentación que caracteriza al Barroco, y terminó desnuda. El Bach de Schiff es sereno, preciso y puede que el mejor en los pianistas actuales.

En la variación 25, que Wanda Landowka bautizó como ‘La Perla Negra’, no se excedió en dramatismo. Los acordes de este pasaje son disonantes y modernos: un germen de la complejidad que adquiriría la armonía siglos después.

Una de las dificultades que entrañan las Goldberg es la adaptación de los dos teclados del clave a uno sólo en el piano. Las manos de Schiff se cruzaron y descruzaron en una coreografía perfecta, que no afectó a su legato ni a su fraseo. Sus pies rozaban los pedales en momentos contados. La continuidad y la fluidez del sonido, impecables, dependieron enteramente de sus dedos.

Las texturas de fuga o contrapunto, realmente complicadas en esta obra, parecían de cristal: honestas, transparentes y comprensibles. Los diálogos entre voces aparecieron claros, como otro juego de niños. Su técnica y dominio del piano, que quizá sacrificaron un sonido más potente, fueron sobrecogedores.

Cuando Schiff tocó el último acorde de las Variaciones, el público de un Baluarte a medio llenar permaneció en silencio, inmóvil, durante varios segundos. Como si la obra maestra de Bach en las manos de Goldberg hubiera conseguido, por fin, dormir al conde insomne.

FICHA

Martes, 2 de octubre a las 20 h en el Auditorio Baluarte. Concierto enmarcado en la temporada 2018/19 de la Fundación Baluarte.

Sir András Schiff, piano.

Programa (todas las obras, de Johann Sebastian Bach [1685 – 1750])

Concierto italiano en Fa mayor, BWV 971

Obertura francesa en Si menor, BWV 831

Variaciones Goldberg, BWV 988

Entrada: palco prácticamente vacío. En el patio de butacas, algo menos de tres cuartas partes.


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