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Blog / El Perolas

¿Y la cuarta para cuándo?

Por Carlos Marañón 27 abril, 2019 - 13:27

Propongo a Michelin que sea más dinámico a la hora de adjudicar las estrellas y que la máxima categoría sean cuatro.

Un plato de comida en un restaurante ARCHIVO
Un plato de comida en un restaurante. ARCHIVO

Leo una reflexión sobre las estrellas Michelin de Philippe Regol en la que se hace un planteamiento que aboga por un tres estrellas de prestigio. Una suerte de triestrella vitalicia que premie una carrera, un oficio y un cierto poso en los fogones. Al estilo de un Goya o un Óscar honorífico, un premio a toda una carrera como cocinero.

De este planteamiento discrepo profundamente. Entiendo que las estrellas Michelin tienen que ser dinámicas. Tienen que aparecer y desaparecer con mucha más frecuencia de lo que la guía roja nos tiene acostumbrados.

Y ser dinámico no pasa por convertirse en una app digital, o en dar una lluvia de estrellas un año y racanear al siguiente, como ha pasado en España hace más bien poco. Para nada. La guía roja debería plantearse una renovación.

Una renovación que pasa por hacer las cosas bien, con cabeza, con mesura, con inteligencia. Algo que de lo que la Michelin sabe mucho y disimula muy bien. Creo firmemente que las estrellas, o se modernizan y adaptan a los tiempos, o se mueren.

Sobre todo, porque es una de las pocas cosas que pone de acuerdo a todo el sector. Sea justo o injusto, el dictamen en forma de estrellas, todo el sector lo acata, es palabra de la guía roja.

Pero hay un par de asuntos que chirrían profundamente en esto de las estrellas. No es de recibo el salto de una a dos estrellas, el abismo es excesivamente grande. Tanto en lo que supone para mantenerlas, como la subida de precios de cara a los clientes.

Y ese salto de una a dos puede convertirse en una losa, en una espada de Damocles para el restaurante porque, si pasa de dos a una, puede suponer el cierre. Además, es que mantener dos estrellas Michelín también puede ser ruinoso.

Así que quizá una solución para que la guía mantenga su hegemonía pasa por una doble solución. Por una parte, dinamizar la adjudicación de estrellas. Ni tanto como el mundo digital en donde un influencer nace y muere en menos de dos lunas nuevas, ni tan lentos que algunas estrellas parecen vitalicias. Ni calvos ni con dos pelucas.

Y una vez implementado ese dinamismo, la segunda acción es muy sencilla. Cuatro estrellas como máxima categoría. De esa forma, nos quitamos comparaciones odiosas de porque Mugaritz tiene dos y ese sitio que no es como Mugaritz también tiene dos.

Den ustedes cuatro estrellas a la máxima categoría. Sirva de ejemplo Can Roca con las nuevas cuatro estrellas michelin que, frente a locales de dos estrellas, no desmerecería al de dos y ensalzaría al de cuatro. Solo unos pocos escogidos ascenderían al Olimpo de los cuatriestrellados.

Tomen nota, señores de la Michelin, mucho más dinamismo con las estrellas y que el máximo galardón pase a cuatro estrellas. Muchas veces, mareamos perdices y perdemos esa máxima de que más es menos, y en lo simple y efectivo suele estar la solución.

Y esto de dar cuatro estrellas muy dinámicas, bien gestionado da para años de revitalización, publicidad y aumento de ventas de la guía roja, que al final para eso se hizo. Si no, por mi parte, iré virando hacia los bib gourmand o los soles repsol como prescriptores de restaurantes.

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