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Blog / El Perolas

El pañuelo se pone el día 7

Por Carlos Marañón 07 julio, 2018 - 17:57

Llevo tiempo sin escribir por estos lares, sean magnánimos y disculpen mi tardanza. Y, como no podía ser de otra forma, el capote de San Fermín interviene para adelantar mi vuelta.

GRAF4745. PAMPLONA (ESPAÑA), 06/07/2018.- Miles de personas abarrotan la plaza del Ayuntamiento de Pamplona durante el lanzamiento del tradicional "txupinazo" desde el balcón de la casa consistorial, con el que ha dado comienzo oficialmenta las fiestas de San Fermin 2018. POOL EFE/Jesús Diges
Miles de personas abarrotan la plaza del Ayuntamiento de Pamplona durante el lanzamiento del tradicional chupinazo. EFE/Jesús Diges

Ayer sufrí la retransmisión de los compañeros de rtve, sufrí por ellos, sufrí por los reporteros de la plaza consistorial y, sobre todo, sufrí por la Fiesta, por los Sanfermines.

Sobre todo por la Fiesta con mayúscula. Por esa Fiesta que he tenido la suerte de mamar desde pequeñito. Una Fiesta que se está corrompiendo a marchas forzadas con el beneplácito de los medios de comunicación y que todos tenemos la obligación de recuperar.

Hace dos años defendía enconadamente con mi padre que el pañuelo se pone el 6 de julio. Mi padre, con toda su sabiduría Sanferminera adquirida tras ser fundador de la peña 'el huevo' y otras dos más para acabar como socio honorario de una tercera, me rebatía haciéndome ver que no era así.

Y ahora, tras no tenerlo todo un año, allí donde esté seguro que esperará al siete a cruzarse con San Fermín, para sacar el pañuelo del bolsillo de su camisa blanca y anudárselo al cuello para decir: ahora ya es feria, Carlitos.

Y mutaba en otra persona, para disfrutar de unas fiestas únicas, donde el comer y buen beber son parte fundamental, donde la plaza de toros y sus corridas son el corazón de la Fiesta, donde nietos, abuelos, amigos, padres, primos y desconocidos, comparten ocurrencias y magras con tomate en los toros, donde se repiten tradiciones que para el tercer año son para toda la vida, donde se suelta la lagrimica cuando te asalta un recuerdo y se compran fritos para bajar a casa antes de comer.

Donde se prepara la merienda para no ver ni un toro porque "voy al patio de caballos" o se ven todos "que yo soy de contrabarrera" y, tantas cosas, que sí son Fiesta, tantas que si las enumeramos nos dan para escribir una wikipedia completa.

Y sacaba el espíritu Sanferminero, ese que logra que los gigantes bailen en el zaguán de la catedral, que padres e hijos canten cientos de veces el vals de Astrain, que te felicites el año de siete a siete de Julio, que una prohibición se convierta en el estruendo de Iruña, que....

Pero "patas" siempre ha habido en Sanfermin, pero lo que no puede ser es que los "patas" se están adueñando de la Fiesta con mayúscula para dejarla en fiesta con minúscula y encima borracha. Que la política sea la protagonista de los últimos chupinazos, que la calle Curia sea una mierda el siete en la procesión con insultos y agresiones al ayuntamiento, que al chupinazo no le quepa un tito reivindicativo más, que una panda de lerdos se tiren de una fuente al vacío de unos brazos de gente borracha que, de ciegos que están, no ven a dos en un burro.

Que localidades de los toros se hayan tenido que abandonar de la mierda que cae de arriba, que en el encierro corren cuatro de blanco y rojo, que los toros hay que quitarlos pero luego presido la corrida, que las peñas estén politizadas hasta la médula, que tocar unas tetas porque me apetece no lo increpe casi nadie, que ante dos ti@s en un jardín como si estuviesen grabando una peli porno puedan decir al paso de una familia "qué estáis mirando"....

Y por eso, sufrí la retransmisión del chupinazo, porque la noticia es contar lo que hacen los "patas" y no la Fiesta, es ver borrachos y no ver cuadrillas cantando y gozando, en enseñar pancartas reivindicativas y no mucho pañuelo rojo, contar que "hay señoras de cierta edad en la plaza del castillo tomando algo" (sobran comentarios), hablar de un mástil vacío y no de una Pamplona única en estas fechas, vi patas, vi contar fiesta con minúscula.

Así que, como soy de contar la Fiesta con mayúscula, empiezo por contarlo aquí, en estas líneas, y empezar a partir de este año a tomar la determinación de que el pañuelo me lo pondré como mi padre, el siete que el seis es víspera.

Subiré a la procesión del morenico y, a su paso, sacaré el pañuelo del bolsillo de la camisa y diré para mí mí: Ahora ya es feria. ¿Se animan a hacerlo?

Aunque sepan que nunca será noticia.

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