• martes, 03 de agosto de 2021
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SOCIEDAD

La misa diaria a la que (ahora) nadie acude: Roncesvalles se queda sin peregrinos

La celebración diaria para los peregrinos se mantienen inalterable un año después del inicio de la pandemia aunque no haya nadie en la iglesia por la restricciones. 

La iglesia de Nuestra señora de Roncesvalles, vacía a expcepción de dos peregrinos. PABLO LASAOSA
La iglesia de Nuestra señora de Roncesvalles, vacía a expcepción de dos peregrinos. PABLO LASAOSA

Como cada día, la colegiata de Roncesvalles acoge la Misa del Peregrino. Así ha sido también durante los últimos meses, aunque la pandemia y las restricciones hayan llevado a jornadas en las que se ha celebrado la eucaristía sin que hubiera nadie en la iglesia

Para comprobarlo, hemos acudido esta semana puntuales a la cita diaria para vivir in situ esa Misa del Peregrino que cada jornada se celebra a las 20 horas.  

Según avanzan las horas de la tarde, el frío y la humedad comienzan a apoderarse de las calles de Roncesvalles. Las mismas calles que con cientos de años de historia y miles de huellas marcadas en sus adoquines, tienen miles de anécdotas que contar.

Tanto este año como el pasado 2020 han sido atípicos. Un año marcado por la crisis del coronavirus que también ha afectado a los miles de peregrinos peregrinos que parten desde este pueblo navarro para recorrer los 750 km que le separan de Santiago. 

David, de 35 años ha llegado en autobús a Roncesvalles venido desde Tarragona. Pasa las horas en uno de los accesos a la Colegiata, esperando a dormir para por la mañana salir hacia Santiago. Es uno de los pocos peregrinos que llegan para empezar su camino. ”Llevo PCR hecha y es negativa”. Se escuda en su prueba para poder romper los cierres perimetrales en los que estamos inmersos. Dice que hace el Camino para quitarse del tabaco, el mismo que se llevó a su padre con un cáncer.

A la misma hora, Steve, de Estados Unidos comenta que lleva andando desde Alemania, sin dinero y durmiendo en la calle desde noviembre. Este peregrino pasa las horas en la Iglesia de la Virgen de Roncesvalles, sosteniendo un Rosario mientras los alterna con un libro de oraciones.

Bibiano Esparza, párroco prior de la Colegiata de Roncesvalles, desde hace dos años, se acerca a la iglesia decidido a oficiar la Misa del peregrino. Misa que independientemente de la gente o los peregrinos han estado realizando durante los meses del confinamiento provocado por la crisis sanitaria debido al Covid-19. Siguen manteniendo el horario de las 8 de la tarde porque es a la hora que, normalmente, llegaba el autobús cargado de peregrinos.

En años anteriores, de media pasaron por ahí más de 55.000 peregrinos, el pasado 2020 únicamente menos de 8.000 y la mayoría españoles. Roncesvalles, pensado para atender al peregrino, está viviendo esto con mucha pena, como en todos los sitios, más cuando este año 2020 se cumplían 800 años de la consagración de la Iglesia de Roncesvalles.

A las 19.15 en punto Bibiano Esparza junto a otros 4 sacerdotes comienzan las Vísperas. Uno de ellos lleva más de 38 años como sacerdote en esa localidad y otro, de nacionalidad polaca está ultimando su tesis doctoral. Cada uno ocupa su sitio a los dos lados del altar. Dos a un lado y otros tres al otro. Ataviados con libros de culto, uno de ellos lee en voz alta mientras otros lo escuchan atentamente. El sacerdote polaco no suelta el rosario de sus manos. 

Los 5 curas residentes se han dedicado a rezar por esta situación durante el confinamiento. Pedían por los fallecidos, enfermos, personal sanitario y los peregrinos. Hacían vida contemplativa, ya que no se podían desplazar a los 30 pueblos que atienden en la zona más despoblada de Navarra.

Tras terminar con un rosario, los sacerdotes acceden a la sacristía del templo para vestirse minutos antes de comenzar la Eucaristía.

"El invierno ha sido largo, no ha venido nadie. Este año, al ser Jacobeo estaría a tope", comenta Esparza en una iglesia que solo alberga en ese momento a dos personas, que están de paso, David y Steven.

Cuando todo ocurrió, la noche del 13 al 14 de marzo de 2020 los pocos peregrinos que quedaban se volvieron a sus casas en autobús. El confinamiento era inminente y no podían atender a nadie. Ahora, al haber un cierre perimetral, el camino también está cerrado y por ende, los locales y albergues dedicados a los mismos. "Desde Roncesvalles no podemos más que aconsejar a la gente que vuelvan a sus lugares de origen, pero tampoco vas a dejar a nadie que duerma en la calle, más cuando está nevando", añade.

Un silencio sepulcral reina en la iglesia a la salida de los 5 sacerdotes a oficiar la Misa. Los dos peregrinos se dejan entrever por los bancos del final. Durante la Eucaristía, los sacerdotes ofrecen Misa como si la iglesia estuviera llena de fieles. Como en los mejores años. “La iglesia siempre la hemos tenido abierta, no se ha cerrado ni en el confinamiento aun sabiendo que no venía nadie, desde las 8 de la mañana hasta las 9 de la noche” explica Esparza.

Es raro ver en estos tiempos que corren peregrinos por Roncesvalles. Hace unos días, una pareja de alemanes se decidía a comenzar el Camino. Desde la propia institución se les recomendó volver a su país de origen y así lo hicieron. Estas dos personas decían que les parecía extraño que estuviera todo cerrado. Venían por el monte pese a estar cerrado hasta abril por la nieve.

Al finalizar la misa, los 5 sacerdotes se retiran a sus quehaceres. Uno de ellos termina de ordenar el altar mientras Bibiano Esparza acoge a los dos peregrinos que no tienen sitio para dormir. 

Poco a poco va llegando el toque de queda de las 23 horas y Roncesvalles queda desierta, como si no viviera nadie.


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