Opinión / Tendido taurino

Ferrera, soy un converso

Por Juantxo Gazpio 18 enero, 2018 - 9:00

Desde el máximo respeto que tengo a los que enfrentan a tal desafío, y más hacia quien no tiene un “tabaco sino un estanco entero”, uno era de aquellos que mencionaba al “Cavallino Rampante” al referirme a ti.

Antonio Ferrrera, durante los pasados Sanfermines minutos antes de su festejo junto a Alejandro Talavante y Ginés Marín. PABLO LASAOSA
Antonio Ferrrera, durante los pasados Sanfermines minutos antes de su festejo junto a Alejandro Talavante y Ginés Marín. PABLO LASAOSA

De los que criticaba tu exceso de revoluciones… El heterodoxo salto en el segundo tercio tampoco era de mi gusto. Ni alcanzaba a comprender las alabanzas que siempre te dirigió el maestro Antoñete

Ni siquiera tu épico rabo al último toro de los Sanfermines del 2006 me hizo dudar. Y eso que aquel 14 de julio salí impresionado por lo vivido. Impresionado por ver como “heroico y herido”, enfundado en un “tejano y oro”, eras capaz de cortar un rabo a un Victorino.

Pero seguías sin colmar mi gusto como aficionado.

Mi particular “caída del caballo“empezó en la feria de Abril del 2014. Tu faena a aquel victorino empezó a hacerme dudar. En ella, empecé a intuir un poso distinto.

Y me convertí definitivamente tras verle cuajar a otro victorino a orillas del Guadalquivir. Paradójicamente ese Mecanizado me hizo olvidarte para siempre, “Ferrari”. Su colocación, su ritmo, su temple… me convencieron plenamente. Aquel día de San Jorge, su maestría pudo con el dragón de mis dudas. ¡Qué razón tenía el maestro Chenel!

Sevilla tuvo que ser.

 “Lástima de parón”, pensé tras saber que había caído herido en un tentadero en su Baleares natal. Como alumno aventajado del mejor coach, supo aprovechar aquella inoportuna parada, aquellos dos largos años, para profundizar en los misterios de este arte único.

La fiereza de otro victorino le esperaba en Sevilla tras reaparecer en Olivenza ya en 2017. Su maestría pudo con tan indómita embestida, dejando una histórica faena, con unos sabrosos trincherazos finales. Memorable faena de Platino. Pudo gustarse mucho más con los pilares de su segunda tarde, enseñándonos un maestro en plenitud. Qué saludo capotero, qué forma de quitar al toro del caballo, qué gusto toreando a media altura …

Decía el maestro Pablo Lozano que “el temple da fuerza al toro que no la tiene y la quita al que le sobra”. Su temple pudo moldear al victorino y empujar a los pilares.

Sin suerte en Madrid, dejó para el recuerdo una lección de cómo se debe sacar un toro al tercio.

Y llegó en Julio a Pamplona, para degustar cuvillos con Talavante y Ginés Marín, quien había lanzado su candidatura al Ciudadela la tarde anterior. Saludó a Galiano con una revolera invertida, quitó con sabor añejo al toro del caballo. Y en el toro de la merienda, saboreamos con gula de su toreo al natural, con ambas manos. Empachados de su torería, a los aficionados no nos importó verle pinchar recibiendo, ni que le quitaran una merecida oreja. El Ciudadela ya tenía dueño tras una faena sentida, con susto final incluido.

Hoy le toca a Pamplona rendirle honores.

Y a mí pedirle disculpas por mis dudas, maestro Ferrera.


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