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Opinión / Analista político.

La estrategia de Rajoy puede valer

Por José Luis Heras Celemín 04 agosto, 2016 - 10:00

Con algunas ayudas de la prensa, especialmente significativa es la del diario El País, Rajoy reclama atención hacia los problemas nacionales, destroza estrategias ajenas sin un mal gesto y prepara la situación para recibir a los 'fans' que surgen nuevos.

Uno de ellos, socialista histórico, al considerar las ofertas de Rajoy a Sánchez y Rivera, entre contrito y esperanzado, confiesa: “Si las pone encima de la mesa, sin engaño ni trilerismo, empezaré a pensar que el PP quiere una nueva democracia”.

Este verano, la actividad política no ha tomado vacaciones y ha debido adaptarse a la canícula tras repetir las Elecciones Generales. 

Podría ser entretenido ver cómo ha entendido cada cual la situación, analizar el resultado de las urnas, las interpretaciones que se han hecho de esos resultados, los argumentarios que se han esgrimido; y hasta tratar de entender lo que han debido soportar algunos egos, origen de una parte de los 'hechos noticiosos' del momento.

Pero resulta más oportuno prescindir de ello y referirse a una situación nacional en la que como cuestiones previas hay que tener en cuenta un apunte básico y unos flecos accesorios. El apunte se refiere a la decisión del Jefe del Estado de proponer a Rajoy como candidato a la Presidencia del Gobierno, según establece la Constitución (Art. 99.1). Los flecos, por su parte, surgen de la aceptación y de las interpretaciones que se hacen del texto constitucional que sirve como norma: “El candidato... expondrá ante el Congreso de los Diputados el programa político del Gobierno que prentenda formar y solicitará la confianza de la Cámara (Art. 99.2)”

Eso es lo básico: la decisión del Rey nombrando a Rajoy, y la norma. Lo demás es accesorio, porque se refiere, únicamente, a las interpretaciones de la postura de Rajoy. Una postura que no es improvisada, que se convierte en estrategia; y que merece atención para ver exposiciones, contenido y ayudas.

Aceptada la norma y lo que ordena el art. 99.2, Rajoy sabe qué marca la Constitución que ha de cumplir. Sin embargo, al comunicar que aceptaba la propuesta del Jefe del Estado eligió una forma tan especial que, sin duda, evidencia la existencia de una estrategia que en principio parecía en relación con el acto de la comunicación en sí, pero que el paso del tiempo demuestra que es más importante que el mismo acto: Lo que ya se ha definido como “charco intelectual para el naufragio de algunos y nado de patos y patosos”.

Por ello, veamos algo de lo que ocurrió en torno a la comunicación:

- Rajoy 'no contó de carrerilla' su entrevista con el Rey. En su lugar leyó unos folios que no pudo escribir en el tiempo pasado entre la entrevista con el Monarca y la comparecencia. Ergo, los folios estaban escritos antes de la entrevista con el Rey.

- Leyéndolos evitaba una posible locuacidad inconveniente. Pero tambien precisaba lo que interesaba en cuanto a exposición, contenido y ayudas. Ergo, hay un porqué que inexorablemente está en relación con “lo leído”. Dada las circunstancias y personalidad de Rajoy, no es excesivo aventurar que ese porqué se refiere a la insinuación que se sugiere en torno a la posibilidad de no concurrir a la investidura. Una posibilidad que, tras repasar el vídeo de Rajoy, se comprueba no taxativa y se queda en simple 'charco intelectual'.

- En apenas unos momentos, alguien tuvo tiempo para 'urdir un argumento contra la exposición leída de Rajoy' (compatible con charcos y naufragios intelectuales), pasar ese argumento al socialista Antonio Hernando, que lo utilizó. Y, temporalmente imposible, mecanografiarlo, incluyendo el texto mecanografiado que leyó Hernando sobre el apartado 2 del artículo 99 de la Constitución. No está publicado (aún) lo que hay alrededor de esta actuación de Hernando. Se sabe algo sobre la solicitud de comparecencia en Sala de Prensa del Congreso, el retraso de minutos que se produjo y su agudeza intelectual. Pero, aunque es relevante, no se ha hecho publico (aún; segundo aún entre varios) todo lo demás: momentos en que se produjo cada acción, qué se pretendía, era parte o no de una estrategia global, pactos, quien dirigió la operación... 

- Casi de inmediato, algunos medios de comunicación se lanzaron, según la expresión feliz 'como patos en bandada', sobre lo que parecía una simple añagaza. Un señuelo que no fue tal a la vista de lo que no era, porque no podía ser, una simple coincidencia: 7 primeras firmas de el diario El País, 7, se fijaron en lo mismo: Anabel Diez, Fernando Garea, Javier Ayuso, Javier Casqueiro, Peridis, Yolanda Gómez y Miquel Alberola. Todos. Todos tras el adjetivo magnífico y, por preciso, colosal: “anfibológica”. Con él se define el “doble sentido de una palabara o frase que puede provocar dudas o interpretaciones erróneas”. También una forma de táctica o estrategia que puede ser ajena a medios de comunicación, personas y firmas... Pero no a todos. Y que está, o pudiera estar, en conexión con financiaciones del pasado e intereses varios, pasados, presentes o futuros... de varios. 

Publicados y repitiéndose las “interpretaciones a las palabras de Rajoy”, ha habido tiempo para que intervenga todo el mundo. Las primeras firmas periodísticas han echado su cuarto a espadas. Los adversarios políticos han recordado el texto constitucional. Algunos, llamados 'políticos de juguete', se han decantado por un mesiánico “hay que obligar a que Rajoy cumpla la ley”. Otros, que dicen no jugar en política, (Felipe González entre ellos) abogan por una política de Estado, aunque signifique entregar el poder a un Rajoy que según ellos no merece. Y otros...

Mientras tanto, la estrategia de Rajoy, anfibológica, usa unas propuestas que sirvieron para dar forma a la que se bautizó como “polítiqueo de principiantes”: La que interpretaron Pedro Sánchez y Albert Rivera cuando el primero buscaba la presidencia del Gobierno con el segundo de acólito. Una política que entonces no le sirvió a Sánchez, pero que ahora puede ser útil en manos de Rajoy. 

Hoy se sabía que 125 de aquellas propuestas eran utilizadas por Rajoy para enfrentarse a la realidad e iniciar con ellas un proceso convergente entre partidos constitucionalistas para tratar de formar gobierno. Un gobierno, PP-PSOE-CIUDADANOS, capaz de enfrentar los problemas nacionales y evitar el “gobierno de no-progreso”, constituido por quienes ven progreso en el retroceso a fórmulas pasadas.

Como base para el acuerdo entre los constitucionalistas, la estrategia puede valer para abrir una vía de diálogo. Destrozará sin un mal gesto las estrategias que buscan impedir la investidura. Acabará con esperanzas personales. Y arruinará, o reconducirá, alguna carrera política estancada.

Pero, ofreciendo propuestas ajenas que no pueden rechazar los que las propusieron, la estrategia puede bastar. 

“Si las pone encima de la mesa, sin engaño ni trilerismo, empezaré a pensar que el PP quiere una nueva democracia”, decía hoy un socialista histórico al referirse a ellas.

Ese pensamiento puede que no consiga unir a los constitucionalistas para lograr un gobierno de concentración PP-PSOE-C’S. Pero puede que baste para articular una fórmula en la que los esfuerzos y apoyos (también las abstenciones) sirvan para conseguir formar Gobierno: El Gobierno de la XII Legislatura.


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