Opinión / Desde la Estafeta

Emoción

Por Jimi Jiménez 04 julio, 2016 - 2:19

Más allá de los beneficios que nos aporta la tecnología. Más allá de que este año vuelvan los míticos Cebaítas o que se estrenen los toros salmantinos de Pedraza de Yeltes.

Más allá de todo los dispositivos de seguridad, Cruz Roja, DYA, pastores. Más allá del madrugón y de las soluciones antideslizantes. Más allá de las propuestas que tanto nos entretienen en esta pequeña capital de provincias para evitar la masificación o, yo qué sé, para que todos los corredores vayan de rojo y blanco. 

Más allá de todo eso y de muchas más cosas que, con el tiempo, se han ido añadiendo, la realidad es que un año más nos golpea esa pulsión interior que nos empuja a querer vivir el fenómeno del encierro de Pamplona

¿Y por qué?, podríamos preguntarnos. ¿Por tradición? ¿Por que somos de Pamplona? ¿Por ese mal disimulado "morbillo" que nos produce salir de nuestra rutina diaria para enfrentarnos a situaciones de peligro contrastado y que, además se escapan de nuestro control?

En definitiva, ¿por qué el encierro de San Fermín de Pamplona? Pues porque, por encima de todo, es una vivencia. Por eso, ahora que estoy a tiempo le transmito la mejor recomendación que nunca me hicieron y que siempre llevaré conmigo. Aproveche la oportunidad y vívanlo en directo, a pie de calle. Después, me lo cuentan... Si pueden, claro. 

Les aseguro que no les defraudará. Porque, salvando las distancias, a nuestro querido encierro de Pamplona le podríamos aplicar lo de aquella primera crónica que le hicieron a Lola Flores cuando actuó en Nueva York. ¿Recuerdan? "No baila, no canta.. ¡No se lo pierdan!" Pues eso. 


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