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Opinión / A mí no me líe

No vamos a salir mejores

Por Javier Ancín 10 junio, 2020 - 11:29

Desde el gobierno nos anunciaron, con muchas chorreras y fanfarrias al principio del arresto domiciliario al que nos han sometido, que íbamos a salir de esta pandemia mejores y más unidos.

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, durante una de sus intervenciones junto a un cartel propagandístico de "Salimos más fuertes". EFE / ARCHIVO
Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, durante una de sus intervenciones junto a un cartel propagandístico de "Salimos más fuertes". EFE / ARCHIVO

Me hacen gracia los buenos propósitos, la solemnidad con la que los anunciamos. El 1 de septiembre me apunto al gimnasio, el lunes me pongo a ello, en cuanto termine este artículo ordeno la mesa de mi despacho de libros y papeles amontonados. Te lo juro. De verdad. Créeme. Voy a cambiar.

Lo de poner una fecha redonda y mejorar algo de ti, para siempre, conmigo no ha funcionado nunca. Más de una vez decidí dejar de fumar en año nuevo, lo anuncié entre mis conocidos semanas antes entre grandes fastos y mucha pirotecnia, y al día siguiente ya estaba dándole de nuevo al vicio. Quizás por ello no soporto las ceremonias y me quedo en el bar en las bodas e incluso, desde hace algunos años, en los funerales, porque sé que son entre una trola y una pérdida de tiempo. Las bodas acaban en divorcio casi siempre y de un funeral nadie ha salido resucitado.

Las cosas importantes suceden y ya está. No recuerdo el día que dejé de fumar, por ejemplo, y es de las pocas cosas que me siento orgulloso de haber conseguido en mi vida. Por no recordar no me acuerdo ni del año. No estoy seguro si han pasado ya siete o diez.

De lo que sí me acuerdo es de que no se lo dije a nadie porque yo tampoco sabía que iba a ocurrir. Me fumé el ultimo cigarro una noche de los dos paquetes de Lucky que caían cada día, voló la colilla por la ventana, se estampó en la acera con un último destello, y a la mañana siguiente empecé a engancharme a los chicles de nicotina, sin planearlo.

No recuerdo tampoco cuándo me desenganché de los chicles de nicotina, porque a los chicles también me hice adicto. Supongo que un día, harto de levantarme e ir a la farmacia a por más droga, pudo en mi la vagancia que tanto me ha ayudado en mi existencia y los dejé para siempre. No hubo ni abrazos, ni llantos emocionados, ni fuegos artificiales. Ocurrió. Sin más. Ya está.

Estoy convencido de que las ceremonias son solo un refuerzo para los no convencidos. Y claro, si no te lo crees ni tú lo que vas a celebrar, pues fracasas.

Desde el gobierno nos anunciaron, con muchas chorreras y fanfarrias al principio del arresto domiciliario al que nos han sometido, que íbamos a salir de esta pandemia mejores y más unidos. Pero yo ya sabía que era mentira porque Sánchez e Iglesias no tenían la intención de dejar de ser el dúo de mandamases más sectario que hemos padecido. Va en su ADN. Son el escorpión sobre la rana cruzando el río.

Alentada la división desde el gobierno, ¿cómo vamos a salir más unidos? Con un presidente que ha mentido sobre una misma cosa tres, quince, veinte veces, y con un vicepresidente que, instalado en el resentimiento -en realidad su vida solo se explica desde el resentimiento-, hace de la exclusión de la mitad de la sociedad su único proyecto político, ¿cómo vamos a salir mejores? 

A Iglesias todo lo que no le gusta es porque es o de fachas o de putos fachas. A Sánchez todo aquel que le lleva la contraria merece ser aniquilado sin piedad. El caso es que no recuerdo que nos diéramos tanto asco los unos a los otros nunca.

Tanta ceremonia, tanto aparato, tanta pasta gastada inútilmente en sobornar portadas de periódicos y periodistas, tanta monserga para nada, para estar donde estábamos pero más encabronados.

Cuando echas bando de que vas a dejar de fumar y fracasas, vuelves al tabaco con mas desenfreno, y si antes fumabas mucho, pasas a fumar muchísimo. Estamos los que fumamos en pipa desde el punto de la mañana viendo como el país se va a la mierda sin remedio y los otros, los progubernamentales, que han probado el puro habano y no piensan dejar de atufarnos con su humo denso y totalitario ya nunca. Y de aquí no vamos a salir nunca. Pierdan toda esperanza. Y eso es todo.


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