Opinión / A mí no me líe

A Uxue Barkos le gusta mandar, pero debe dimitir

Por Javier Ancín 08 junio, 2017 - 20:45

Se le nota en esa inflexión agresiva, de ceño fruncido perpetuo con la que habla, siempre como dando órdenes que no tolerará jamás que sean cuestionadas.

La presidenta del Gobierno, Uxue Barkos. MIGUEL OSÉS.
La presidenta del Gobierno, Uxue Barkos. MIGUEL OSÉS.

Siempre como dando órdenes... y quizás ese sea su problema. Ese carácter autoritario puede que sea el adecuado cuando lideras un pelotón de militares tras las líneas enemigas pero no parece lo mejor  para un político, y muchísimo menos, para un político que además es presidente de todos los navarros, es decir, un gobernante de una población donde cada uno es de su padre y de su señora madre.

Uxue Barkos no tiene cintura, no sabe adaptarse al medio, no sabe negociar y por lo tanto no sabe ceder ni un milímetro. Ella va en línea recta acelerando sin piedad pase lo que pase a su costado, y eso en la vida, y también en política, es sinónimo de que o te acabas estampando con alguien o te caza un radar y te cruje a multas o te estrellas tú solo porque es imposible mantener el control pasando siempre del límite de lo razonable. No es una gobernante virtuosa.

Si la observas un poco descubres rápidamente que lo que le gusta es atacar, y eso desde su posición de jefa suprema del gobierno de Navarra es bastante desagradable de ver para muchos ciudadanos. Un gobernante en democracia tendría que dedicarse casi en exclusiva a defenderse. Un gobernante en democracia está colocado ahí para que lo vigilen, lo controlan, lo escudriñen, lo zarandeen y lo aten tan en corto, mucho, tanto que no pueda convertirse jamás en un tirano. Afortunadamente la democracia por ahora tiene mecanismos para pararle los pies a los que se salen del tiesto y caen en la megalomanía de querer hacer de su capa un sayo.

No sé qué ocurre con las personas que tienen poder pero casi siempre terminan mareadas. A Uxue Barkos yo creo que hace tiempo que le ha empezando a pasar eso. Sucede casi con regularidad de segundero suizo que los poderosos, llegado un punto de su mandato, en cuanto no consiguen un aplauso unánime, a la búlgara, se revuelven y comienzan a actuar como poseídos por una manía persecutoria, buscando a los disidentes para quitarlos de en medio, pensando que los fiscalizan por joder, sin motivo. Error. Un gobernante tendría que sentirse satisfecho de sentir el aliento de todos en su cogote porque eso es la esencia de la democracia, el control exhaustivo.

En la esencia es lo mismo que cuando éramos jóvenes, imbéciles y gamberros, y la profesora de turno nos castigaba y alegábamos en casa, falsamente, que nos castigaban porque nos tenían manía. No le tenemos manía. Uxue Barkos como persona, me es indiferente, no sé nada de ella ni quiero saberlo.

Solo sé que venimos de dos mundos diferentes y por no compartir, no compartimos ni clase social, que yo vengo de la baja y ella de la alta. Los periodistas estamos colocados aquí para poner la lupa sobre la presidenta de Navarra y ella, que se supone que fue una de nuestro oficio, debería saberlo con mayor motivo. Si escribo su nombre es por no repetir continuamente su cargo, que es lo único que me interesa de todo esto, el poder que todo cargo público lleva adosado y su correcto uso, no por nada personal.

El caso es que Uxue Barkos puso una querella contra el director de este diario diciendo que mentía y la justicia, lejos de sentenciar que mentía, le ha dado la razón al medio y a su director por las informaciones publicadas, diciendo que no es que no mintiera, es que las informaciones eran veraces como que el sol sale cada día.

Uxue Barkos intentó cruzar ahí su Rubicón totalitario y se quedó en mitad del río, con un calambrazo judicial en la pantorrilla de órdago que afortunadamente para todos, le impidió seguir nadando hacia la orilla liberticida. Puso toda la artillería contra un periodista y la justicia, afortunadamente, le ha frenado contundentemente en su deriva paranoica.

Debería salir y decir que se ha equivocado y que no tendría que haber hecho esa salvajada de querellarse contra un director de un medio por contar la verdad. También debería irse a su casa tras presentar la dimisión por el mismo hecho, pero no ocurrirá. Aquí parece que la única forma de corrupción es la de robar dinero, cuando es igual de grave, o más, que nos intenten robar la libertad de expresión, de información o la libertad a secas, sin apellidos. Y eso es todo. 


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