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Opinión / A mí no me líe

Urge que Pamplona se independice de la Chantrea ya

Por Javier Ancín 20 agosto, 2021 - 10:17

Ya hemos alcanzado un punto de no retorno y hay que dejar de actuar como si el elefante etarrilla no estuviera en la habitación y se pudiera convivir con él y sus monumentales montañas de mierda.

Pancartas en fiestas de la Chantrea con consignas a favor de los presos etarras y en contra de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.
Pancartas en una calle de la Chantrea con consignas a favor de los presos etarras y en contra de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. ARCHIVO

Estos últimos días, viendo la Chantrea, ese barrio promovido por el franquismo y de nombre francés, llena de la chatarra de siempre, ya saben, pancartas de plástico, carteles, pintadas por las paredes y demás mobiliario urbano para recibir a un asesino nacionalista vasco, volví a darle vueltas a la idea que me ronda desde hace mucho.

Pamplona debe de independizarse de las Chantrea. A la mayor brevedad posible. Mejor hoy que mañana. Ya hemos alcanzado un punto de no retorno y hay que dejar de actuar como si el elefante etarrilla no estuviera en la habitación y se pudiera convivir con él y sus monumentales montañas de mierda. Imposible. Urge un divorcio por la vía rápida. Comprémosles el discurso incluso a los aberchándales y levantemos un referéndum de autodeterminación o directamente una declaración de independencia unilateral.

Aunque la Chantrea es un barrio nuevo y sin historia, más allá de los cansalmas de Barricada y su tirar del gatillo y del rastro que montaban los domingos al que a veces bajada con mi padre en bici (no necesitábamos el carril ídem, putos brasas de la secta del carril bici), como dos exploradores austrohúngaros en territorio hostil, para pillar "malacatones", este mal de la unidad lo arrastramos desde hace cinco siglos en Pamplona. Solucionémoslo ya, volvamos a nuestra tradición, que no deja de ser la de alzar murallas entre barrios.

No hay que engañarse. En la naturaleza de los habitantes Pamplona no anida el vicio de la unidad, eso son cosas de extranjeros, aquí estamos hechos desde tiempo inmemorial para la división y si puede ser a hostia limpia, pues mejor. Eso eran los burgos. Núcleos de población que se mataban a guantazos con el vecino en cuanto tenían oportunidad. Volvamos a ellos. Es necesario para poder desarrollar nuestras vidas en paz. Que tú quieres ser una barriada de psicópatas asesinos nacionalistas vascos, allá con tu cloaca, que nosotros preferimos ser personas normales y que en nuestras calles no se reciban como héroes a los criminales, tenemos derecho a nuestra ciudad donde esto no ocurra. Es sencillo. Tampoco hay que darle muchas vueltas.

Éramos felices cuando estábamos cada uno a nuestras cosas. Hasta que llegó un rey francés, Carlos, llamado el tercero, como la avenida, curiosamente, y una reina españolaza, Leonor, de la casa de Trastámara, más castellana que los zapatos mocasines con borlitas, y lo jodieron todo. Tiraron las murallas de cada burgo, pusieron un ayuntamiento en medio y se quiso que todos nos besáramos en la boca, como si esto fuera Salou a las cuatro de la mañana en el bar Kalea. Error.

Carlos no nos entendió nunca a los de Pamplona. Tan es así, que se desilusionó pronto de la nueva ciudad que había creado artificialmente porque quien se odia, pues se odia, y se dio el piro. Ahí os quedáis con vuestras nubes negras, y construyó un palacio asombroso en Olite donde al cabo de los años moriría tranquilo y con mejor tiempo, que pasado el Carrascal la cosa climática siempre mejora.

A lo que íbamos, que nos enredamos con la historia. Votemos y si decidimos que nos queremos independizar de la Chantrea, hagámoslo. Recibamos como refugiados políticos a las personas cuerdas que aún viven por esas calles al otro lado del Arga, colmémosles de bienes en nuestros burgos para que se libren del trauma de haber tenido que cruzarse con tanto aberchándal que apoya a destripadores de niños, en el mío de Iturrama, por ejemplo, les podemos dar un piso mirando a la variante, que aquí cabemos todos, y aquí paz y después gloria. Para ellos su Irroña. Y eso es todo.


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