Opinión / A mí no me líe

Me cago en el amor

Por Javier Ancín 14 febrero, 2020 - 8:25

Hoy es el santito del amor. Ah, el amor. Love is all around... hasta el aburrimiento. Ojalá hubiera sido la original de los Troggs y no la versión de Wet, Wet, Wet la que perdurara, pero ni en eso tenemos suerte.

"Tanto amor, que abruma. Como el de Ione Belarra que también ha contratado a su enamorado de asesor, dos días después de firmar juntos la hipoteca de un piso en Madrid.
"Tanto amor, que abruma. Como el de Ione Belarra que también ha contratado a su enamorado de asesor, dos días después de firmar juntos la hipoteca de un piso en Madrid.

El amor era, el amor era... lo rozamos, lo tuvimos una vez en la punta de los dedos pero ya nunca sabremos qué es porque un insensato le interrumpió al escritor que interpreta Jack Nicholson en Mejor imposible justo en el momento que iba a revelarnos el secreto.

Pero volvamos de Nueva York, no seamos tan ambiciosos y aterricemos de nuevo en la provincia. De lo poco bueno que ha salido de Pamplona, fue aquella canción que Tonino Carotone le dedicó al tema que tratamos hoy y que lleva un hermosísimo titulo: Me cago en el amor. Insuperable.

El amor... a veces tan sumiso, como el que siente esa izquierda tan gilipollas por el nacionalismo del PNV y que llegó al ridículo más espantoso de hacérsele el culo pepsicola porque un señoro del partido, Aitor Esteban, en el congreso recitó películas de una hondura intelectual tan sólida como Fast and the Furious. Llega a citar Aitorico a Los Bingueros y algún enajenado de estos de la izquierda enamorada, que ve un nacionalista y se postra genuflexo, muere fulminado por un síndrome de Stendhal.

Oh, el amor, como el de nuestro vicepresidente Remirez, que le regaló a su señora el mejor regalo que un enamorado le puede hacer a su pareja: un puesto de trabajo, aunque el lo llamó casualidad. Es una casualidad. Que yo sea vicepresidente no tiene nada que ver con que mi mujer haya sido fichada por Nasuvinsa, esa empresa pública de gestión de viviendas protegidas en Navarra, confesó delante de todos. Ay, estos enamorados, siempre tan humildes...

-¿Cielito mío, que me has regalado este año?

-Una casualidad, cari...

-Es preciosa... con sus doce pagas y sus dos extraordinarias. ¿Y hay dietas?

-A tanto el beso.

-Bésame entonces hasta que Europa o los ropones nos corten el grifo.

Y más amor, muchísimo más amor. Tanto amor, que abruma. Como el de Ione Belarra, que según leí en prensa, también ha contratado a su enamorado de asesor, dos días después de firmar juntos la hipoteca de un piso en Madrid. Ahora son ellas las que les enchufan a ellos y las que les ponen pisos. Así que era esto la modernidad. Así que esto era el nuevo amor. El mismo de siempre pero del otro lado, como una tortilla estatal volteada.

Tanta monserga de Podemos con la familia alternativa y el poliamor y todos los dirigentes están chapados a la antigua. El amor al modo tradicional, el de la parejita del desarrollismo de la peli de Berlanga El Verdugo: relación formal tirando a moñas, trabajitos en la administración, varios hijitos de papá y de mamá (más de mamá, que papá está ocupado) e hipoteca de las de toda la vida de Dios.

En fin, el amor... ay, el amor. Esa cosa infernal y carnavalesca, bastante hortera que se escribe como Roma pero al revés, es decir, Alsasua. Y eso es todo.


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Me cago en el amor