Opinión / A mí no me líe

Ahora son los socios del PSOE

Por Javier Ancín 19 junio, 2020 - 9:36

El País Vasco no sé acuerda de nada, los jóvenes ya no saben ni quién fue aquel concejal que tuvieron dos días en un maletero, lo sacaron solo para arrrodillarlo en un camino y pegarle dos tiros en la cabeza.

El terrorista de ETA Francisco Javier García Gaztelu, alias Txapote, durante un juicio en la Audiencia Nacional - Archivo
El terrorista de ETA Francisco Javier García Gaztelu, alias Txapote, durante un juicio en la Audiencia Nacional - Archivo

Resignado -hace tiempo que habrán muerto los geranios de mi balcón de San Sebastián-, paso las noches descorchando champán y releyendo a Houellebecq. Y esperando, esperando y esperando, como en la película de Casablanca, al avión de Lisboa que no llega, para poder cruzar la muga y ordenar mis cosas al otro lado.

La de plantas que Sánchez e Iglesias habrán dejado morir en segundas, terceras o primeras residencias, pienso. Residencias dejadas a su suerte, como las residencias de ancianos, que Iglesias se comprometió en rueda de prensa a salvar y que no cumplió, tampoco en eso, con su palabra. La de ancianos y flores que se han secado esperando una ayuda de gobierno de socialistas y podemitas y nacionalistas que no llegó. Esta pandemia donde no nos han enseñado muertos lleva un reguero de muerte difícil de ocultar porque aunque no se vea, huele. El olor a cadáver apesta.

No recuerdo haber estado tantos meses sin salir de Irroña en mi edad adulta nunca y eso más que agriarme el carácter me entristece el alma. Esta ciudad me deprime.

Estar triste es una mierda porque aunque intentes evitarlo, solo recuerdas cosas melancólicas que te saltan del más allá sin orden, como una sucesión de explosiones sin concierto.

Me dio por recordar la tragedia de Miguel Ángel Blanco. Me pasa cíclicamente porque me tocó vivirla en Londres. Entre otras muchas cosas que los aberchándales me han jodido, me jodieron aquel viaje en un mundo donde no existían los móviles, ni internet, y las noticias viajaban de otra forma, por teléfono, por ejemplo, o por el boca oído, que entonces aún lo llamábamos boca a boca, como para buscar una respiración que a veces se perdía porque el pulso del presente era débil.

Qué ocurre, qué pasa en tu país, recuerdo que nos preguntaban en algunas tiendas cuando entrábamos y nos oían hablar en español. Yo he venido aquí a vivir, no a contarte cómo matan los de donde yo vengo, pensaba una y otra vez. Yo he venido aquí a ser libre y a olvidarme de aquel pozo de estiércol, pero no me dejan.

¿Lo van a matar?, nos interpelaban angustiados. Sí, claro, no tengo ninguna duda. La Euskadi actual solo se ha construido sobre sangre y necesitas su dosis para seguir haciéndose, ellos sabrán por qué, recuerdo haber dicho una y otra vez. La sociedad vasca por acción u omisión lo quiere. No hay más. Y lo mataron, claro.

A Miguel Ángel Blanco no lo dejaron en paz ni después de que lo asesinaran, que profanaban su tumba día sí y día también... cada día lo mataban y nadie se acercó a limpiar su lápida para intentar que al menos muerto, no siguiera muriendo cada día de nuevo. Todos, como siempre, miraron en esa sociedad enferma para otro lado. Hasta que sus padres sacaron los restos y se los llevaron a Galicia. Este año los dos padres han muerto, en silencio, ya están enterados junto a su hijo, fuera de Euskadi.

El País Vasco no sé acuerda de nada, los jóvenes ya no saben ni quién fue aquel concejal que tuvieron dos días en un maletero, lo sacaron solo para arrrodillarlo en un camino y pegarle dos tiros en la cabeza. Ni el llanto desbocado frenó al asesino. Euskadi necesitaba sangre, ellos sabrán por qué, y se regó de sangre, una vez más.

Esta semana, mientras yo no puedo ir a mi balcón de San Sebastián a ver el mar y resucitar mis tiestos, Sánchez ha dado permiso a una delegación del partido de la eta, sus socios en Madrid y en Navarra, para que se crucen España y puedan abrazar al asesino de Blanco en la carcelera de Huelva. El criminal vive, qué cosas, con buena salud, como su obra, la obra que ayudó a levantar y que ni cae ni caerá. Qué cosas. Ganaron los malos.

Sobre esta mierda se ha construido la historia presente del País Vasco, con esta mierda Sánchez ha pactado hoy la derogación de la reforma laboral.

Los socialistas las tumbas las dejaron pudrir pero al partido de la eta sí que han corrido a limpiarlo, esponja en mano, de la sangre de la que está cubierto.

Circulen, aquí no hay nada que ver, ahora son socios del Psoe. Y eso es todo.


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