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Opinión / A mí no me líe

Navarra es monárquica

Por Javier Ancín 04 enero, 2023 - 11:24

"Una de las cosas que en Pamplona mejor se organiza, que mejor queda, que más entusiasmo levanta sea la cabalgata de sus majestades los reyes magos. Ya se ven por la lejanía a Melchor, Gaspar y Baltasar... y ya se notan en las caras de los niños la ilusión de la espera. En lo tocante a reyes, los navarros lo bordamos".

Cabalgata de los Reyes Magos en Pamplona. IÑIGO ALZUGARAY
Cabalgata de los Reyes Magos en Pamplona. IÑIGO ALZUGARAY

Si hay algo que es intrínsecamente navarro es la monarquía. Nacimos reino y moriremos reino. Cualquier otra fórmula sería una anomalía histórica que le llevaría a la pérdida absoluta de su esencia y por lo tanto a su disolución. Tenemos reyes de todos los colores, modelos, condiciones, incluso materiales, como ese rey europeo que encabeza los desfiles de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos de Pamplona hecho en cartón piedra.

Reyes al uso, reyes privativos, reyes incluso infantiles, como ese rey de la faba, que viene desde tiempos de los Teobaldos, cuando los monarcas invitaban a comer el roscón a los niños pobres y a uno de ellos, al que le tocaba el haba, lo coronaban rey por un día al grito de ¡Real, Real, Real!

Tenemos en 2023 los navarros reyes hasta reinando países, que hemos colocado en España a uno de los nuestros, Felipe VI, descendiente directo del primer Borbón que se sentó en un trono, el navarro. Si una vez conseguimos que los reyes de Navarra reinaran en Francia, ahora hemos logrado que un rey navarro reine en España. Ahí queda eso.

Nos salen monarcas por las orejas a los navarros, se nos caen de las manos en cada legajo histórico que miramos. No es casual que el archivo de Navarra, el primer adjetivo que lleva en su denominación oficial es el de real: Archivo Real y General de Navarra. Si de algo sabemos en Navarra es de reyes... mucho, que hasta virreyes tuvimos. Un montón. La lista es para verla, que empiezas y no acabas hasta pasado mañana.

Navarra es tan monárquica, pero tanto, tanto, tanto... que su mayor trauma histórico reciente fue el intento de suprimir los Fueros, esas leyes que regulan la relación de un rey con su reino, por parte de Germán Gamazo. Le organizamos tal pifostio al pobre hombre, que hasta le pusimos su nombre a las manifas que se organizaron: la gamazada. De todo aquello queda el recuerdo en el monumento, un tanto kitsch por su programa iconográfico, que hay al final del paseo de Sarasate de la capital navarra.

Ni el dictador Franco se quiso meter en este asunto, dejándonos a los navarros con nuestras cosas de reyes siendo él un plebeyo, por mucho poder absoluto que tuviera.

Lo único republicano que hay en Pamplona, curiosamente, es la plaza de toros, que está presidida su puerta principal por un escudo sin corona, tocado con las almenas de tiempos de la segunda de las repúblicas españolas. Puede que sea por ese motivo, para exorcizar el peligro, que la canción que más retumba, atronando los tendidos y andanadas en las corridas sanfermineras, sea la ranchera El rey, de un tal José Alfredo, el del Boulevard de los sueños rotos de Sabina, dicho sea de paso, para que centren al personaje.

Quizás por todo eso, una de las cosas que en Pamplona mejor se organiza, que mejor queda, que más entusiasmo levanta sea la cabalgata de sus majestades los reyes magos. Ya se ven por la lejanía a Melchor, Gaspar y Baltasar... y ya se notan en las caras de los niños la ilusión de la espera. En lo tocante a reyes, los navarros lo bordamos. Y eso es todo.


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