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Opinión / A mí no me líe

Mi Ulises de Joyce

Por Javier Ancín 11 febrero, 2022 - 10:20

Como no tenía suficientes problemas en la vida me he buscado otro. Aprovechando que se cumple el centenario de su publicación, me he puesto a leer el Ulises de James Joyce. 

Sin pensarlo mucho, como se hacen estas cosas, sin buscar nada, sin querer comprenderlo, sin mirar atrás... zambullirse en el texto y dejarse llevar por sus ritmos, sus frases, párrafos. ¿Qué personaje dice esto? Yo qué sé, pero suena bien o mal, qué más da. Una lectura quizás poética. Una lectura lo menos prosaica posible. Una lectura, que es de lo que se trata: leer.

Estos tochos de los que todo el mundo habla son como la vida, pocos la viven, es decir, la leen y tienen tantos niveles de conocimiento como quieras profundizar. Yo he decidido quedarme en la superficie, no buscar la clave oculta si la hubiera, conformarme con hacer pie y como mucho, bucear a pulmón, sin ayuda externa de bombonas, de guías, de anotaciones. Nada. Bajar hasta donde se pueda y mirar con las gafas con tubo que cuando éramos pequeños llevábamos a la playa para mirar algún pececillo.

Paralelismos, engranajes, conspiraciones, augurios... puede que los haya pero yo prefiero ignorarlos, no tengo ya tanto tiempo como para detenerme en esas honduras, prefiero mecerme en las aguas a ver qué pasa, sin esperar nada. Quizás esta vez lo consiga, quizás me ocurra como como con las ciudades, que antes si no conseguía visitar todas las calles en mis visitas, todos los museos, iglesias y edificios significativos me quedaba esa frustración dentro al irme de no haberla exprimido lo suficiente, de no haberla conocido del todo, de no haber dado con su secreto.

Hoy puedo sentarme en una de las terrazas que hay frente al Panteón, tomarme un café, leer un libro, ver pasar a la gente e irme de Roma con la sensación, la certeza, de haberla visitado entera. El todo es una utopía, quédate con una parte que quizás sea aún más todo que el todo que te angustia y que jamás podrás abarcar. Como te empeñes, puede que acabes como los del cuento de Borges, que queriendo fabricar el mapa perfecto, acabaron fabricando uno tan grande como el propio territorio que debían cartografiar. No les sirvió para nada y lo dejaron pudrirse al sol, como ruinas de un imperio.

Cien páginas llevo. Un séptimo, que ya es más de lo que esperaba poder recorrer. Un lunes de una semana ficticia. Quizás no pase de aquí, y mi Bloomsweek se reduzca a esto. Vete tú a saber. Quizás he llegado al Ulises cuando tocaba. No quiero entenderlo, quiero que desfile para mí, que se siente quien quiera un rato en este velador frente a la literatura que me he feriado, camarero, otro café para estos señores, y que permanezca conmigo el rato que desee cada párrafo, contando lo que le plazca o pueda, descansando en silencio si así lo prefiere. 

Es un libro en el que no hay acción pero pasa de todo y sobre todo es un cachondeo. Está lleno de chistes. Se lee muy fácil. Se entiende todo. No hay palabras rimbombantes. Quien quiera descubrirlo no necesitará más que tiempo y paciencia. Descubrirlo, ojo, no encontrarle su sentido, que eso ya es harina de otro costal. 

Si te quieres poner a hace teorías literarias locas con el Ulises puedes hacer las que quieras, que lo aguanta todo. La mía es que lo novedoso de este libro es que la historia es el relleno insustancial de otras novelas y el relleno insustancial de esta es el historión que ninguna otra logra captar. 

Intentar buscarle sentido a este libro es como intentarle buscar sentido a la vida. Imposible. Tiras hacia adelante porque no puede hacer otra cosa más que avanzar sin detenerte y cuando empiezas a desesperarte te topas con un pasaje que te mueres de la risa. Cien páginas donde ya hay un polvo un tanto poético y tópico, mucho oleaje y efervescencia de olas que rompen en la orilla, mocos, muchos mocos, desconozco esta pasión de Joyce por los mocos y los pañuelos, y una descripción maravillosa de cómo el protagonista caga. Es todo de coña. 

¿Y si el Ulises no ha leído en realidad nadie? Es imposible que un libro que te explica cómo cagar de forma placentera: sentarte con tu periódico, que no molesten, retener un poco, dice, no hay prisa... pueda ser considerado la mejor novela del S. XX. O bien mirado, quizás es lo que nos merecemos como obra de arte suprema: la mierda del artista embotada. Una lata para cada uno de la Merda d'artista de Piero Manzoni. Y eso es todo. 


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